Leonor Trinidad
Washington, 7 mar (EFE).- A pesar de los llamados del presidente estadounidense, Donald Trump, para que el pueblo iraní "recupere" su país tras la muerte del líder supremo de Irán, Alí Jameneí, expertos y encuestas dibujan un escenario mucho más complejo, en el que la desaparición del ayatolá no implicaría necesariamente una transición democrática.
"La República Islámica estaba preparada para la muerte del líder supremo, ya fuera porque lo mataran o por causas naturales, y tiene capas y redundancias diseñadas precisamente para preservar el régimen", afirma a EFE Kelsey Davenport, directora de política de no proliferación en la Arms Control Association.
Por su parte Jennifer Gavito y Bianca Rosen, consultora e investigadora asociada, respectivamente de The Cohen Group, ya advertían en una columna para el Atlantic Council publicada el día antes de que empezara la guerra que "quienes abogan por un cambio de régimen a menudo confunden un régimen debilitado con uno al borde del colapso".
La muerte de Jameneí, de 86 años y líder supremo desde 1989, en los bombardeos de la operación 'Furia Épica' es, según dijo Trump al anunciar el inicio de los bombardeos, la mejor oportunidad para los iraníes de tomar el control de la nación.
Sin embargo, el propio Trump no descartó ayer la opción de un líder religioso al mando en el país. "Trato con muchos líderes religiosos y son fantásticos", destacó a CNN.
Preguntado sobre si EE.UU. insiste en una transición demócratica en la nación persa como uno de sus objetivos, el mandatario aclaró: "No, lo que digo es que tiene que haber un líder que sea justo y equitativo. Que haga un gran trabajo. Que trate bien a EE.UU. e Israel, y que trate bien a los demás países de Oriente Medio; todos son nuestros socios".
"Jameneí no era un dictador en el sentido clásico. Su asesinato ha supuesto un golpe al régimen, pero no lo ha decapitado", subraya Davenport.
En las últimas elecciones legislativas, en 2024, la participación oficial apenas alcanzó el 40 %, el nivel más bajo en unos comicios desde 1979, lo que evidencia la erosión de legitimidad pero no una fractura inmediata del aparato de poder.
Encuestas independientes sugieren un fuerte desapego social respecto al sistema. Un sondeo de 2024 del grupo GAMAAN, realizado con más de 77.000 encuestados, indica que alrededor del 70‑80 % de los iraníes rechaza la continuidad de la República Islámica y solo cerca de un 20 % desea mantenerla.
Para Davenport, estos datos muestran un amplio malestar, pero no garantizan una transición democrática tras la muerte del líder.
"Si el régimen se derrumba a raíz del conflicto, es más probable que los militares tomen el control a que veamos una insurrección popular que desemboque en una democracia liberal", pronostica.
Gavito y Rosen ya apuntaban a su vez que "es improbable una transformación fundamental del sistema político iraní mientras el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria siga arraigado en todos los ámbitos de la sociedad iraní, lo que dificulta la formación y la toma de posición de cualquier movimiento de oposición cohesionado".
Por otro lado, los datos históricos muestran que la desaparición del líder rara vez implica la caída del sistema que lo sostiene.
Un estudio del Journal of Democracy sobre 79 líderes de regímenes autoritarios en el poder entre 1946 y 2012 concluye que en el 87 % de los casos el régimen seguía intacto un año después y en el 76 % aún se mantenía cinco años más tarde.
Davenport también considera que no hay garantías de que un eventual nuevo Gobierno renuncie al arma nuclear.
La experta explica que, aunque una campaña prolongada de ataques pudiera desestabilizar Irán hasta el punto de facilitar un cambio de régimen, esto no constituiría en ningún caso una política de no proliferación efectiva.
"No existe una solución militar para el programa nuclear iraní. E incluso si su infraestructura nuclear fuera destruida, Irán cuenta con el conocimiento y la capacidad técnica para reconstruirla", asegura.
Por otro lado, ante reportes de medios estadounidenses que sugieren un posible involucramiento de grupos del Kurdistán iraquí en el conflicto -en un intento por abrir un frente interno que debilite al Gobierno desde dentro- el analista Karim Sadjadpour advirtió a CNN que esta estrategia supondría "jugar con fuego".
El experto subrayó que "mezclar este tipo de facciones es una receta para el fracaso", destacando que la mayor fuerza opositora a la República Islámica no proviene de movimientos separatistas, sino de un nacionalismo iraní de carácter pluralista.
Las primeras versiones sobre una posible entrada de fuerzas terrestres kurdas en el conflicto señalaron que los peshmergas cuentan con el respaldo de CIA y Mossad, a pesar de que la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, negara estas informaciones en rueda de prensa. EFE
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