Ignacio Blanco
Brugelette (Bélgica), 6 feb (EFE).- Dormir con vistas a jaguares o tiburones, entrar en un enorme jardín de mariposas o avistar el camaleón más grande del mundo. Todo ello se puede vivir ahora en un mismo espacio: Edenya, el invernadero tropical más grande del mundo, que abre sus puertas desde este sábado en el zoológico Pairi Daiza, al sur de Bélgica.
Más de 200 animales, 1.800 especies botánicas, tesoros traídos de distintos puntos del mundo y un hotel subacuático desde el que avistar la naturaleza se encuentran bajo una nueva estructura acristalada de 400 hectáreas, con la que el zoológico belga, reconocido tres veces como el mejor de Europa, entra ahora en la lista de los récord Guinness.
Pero el objetivo nunca fue ser reconocido por su tamaño. "No la construimos para ese propósito (...) La idea viene de un sueño que he tenido durante 25 años: traer un trocito de lo tropical a la fría y lluviosa Bélgica", dice a EFE el presidente y fundador del zoo, Eric Domb.
Conformado por cascadas, ríos, selvas y una playa, el ahora invernadero tropical más grande del mundo ofrece una experiencia inmersiva a los visitantes en cualquier momento del año, no tanto con el propósito de informarles, sino de hacerles sentir.
"Sé que la información no nos hace mejores. La emoción positiva, el amor, el caminar por la naturaleza... eso nos hace mejores. Es necesario crear camino, amor, compasión, para crear la energía necesaria para proteger la naturaleza", señala Domb.
Jaguares, tiburones, monos, manatíes, lémures, aves tropicales, un dragón de Komodo o el camaleón más grande del mundo conforman la fauna de Edenya, a la que se suma la riqueza vegetal de selvas tropicales, playas, acantilados, cactus gigantes procedentes de la isla canaria de Tenerife, orquídeas raras y hasta descendientes del árbol de Buda.
"Muestra a los visitantes un mundo tropical completo. Es un mundo vivo, creado para los animales y árboles tropicales. Bajo estos 40.000 metros cuadrados de vidrio, hemos creado un clima tropical con temperaturas y humedad constantes y estables durante todo el año", explica el ingeniero encargado de la construcción, Jeremy Lannoy.
"Es un proyecto totalmente único. Un proyecto en el que tuvimos que inventarlo todo; es una aventura humana", resume.
La diversidad de especies se va completando a lo largo de un recorrido de seis paisajes diferenciados que dan forma al invernadero.
En la zona de montaña destacan el jardín de mariposas, uno de los mayores territorios de esta especie en Europa; el camaleón de Parson, el más grande del mundo, o los jaguares, a los que se puede ver bucear desde una cueva submarina o desde las propias habitaciones del hotel subterráneo, junto a una cascada de 17 metros que cae sobre su hábitat.
A continuación, la vegetación natural se vuelve más verde y densa con el llamado bosque tropical, que puede avistarse desde una pasarela y que alberga animales exóticos como los monos de Brazza en libertad.
De la frondosidad, el recorrido da paso a la calidez del bosque seco, una meseta árida a ocho metros del suelo en la que predominan cactus, euforbias y cícadas -unas de las plantas más antiguas del mundo- que comparten espacio con lémures saltando entre troncos, zorros fénec, mangostas, arañas gigantes y un dragón de Komodo.
El siguiente paisaje, el pueblo fluvial, está habitado por especies terrestres y acuáticas como driles, hipopótamos pigmeos, cangrejos, jabalíes y un ejército de peces tropicales de colores variados como el turquesa, el dorado o el índigo.
Junto al río, aparece un "mar" compuesto por dos piscinas naturales con tiburones y rayas de un lado, y manatíes y peces, por otro.
Por último, emerge el acantilado del Pantanal, un humedal de agua dulce rodeado de cuevas, donde los visitantes pueden encontrar monos araña, lobos de crin, tapires, capibaras y osos hormigueros.
Entre miles de animales y plantas, el recorrido permite descubrir además "tesoros" auténticos, como dos descendientes del verdadero árbol de Buda o un depredador gigante fosilizado de los mares del Cretácico.
Las obras de arte y arquitectura antiguas van desde estatuas de san Agustín hasta palmeras coco del mar de las Seychelles, peces fosilizados de Brasil, adornos nativos americanos y mosaicos de gemas luminosas.
Además, Edenya cuenta con un hotel subacuático compuesto por 28 alojamientos instalados bajo el agua del invernadero, que se suman a las 17 habitaciones sumergidas ya existentes en el zoológico y que muestran desde sus ventanales las piscinas llenas de manatíes, rayas y tiburones o a los jaguares a la orilla de la cascada.
La construcción de todo el complejo natural, mantenido a una temperatura mínima de 18 grados centígrados, ha requerido de una inversión privada de 200 millones de euros y ha permitido al invernadero obtener este viernes dos récords Guinness oficiales.
En la ceremonia celebrada hoy, el espacio ha recibido el reconocimiento al invernadero tropical más grande del mundo y al mayor ecosistema zoológico cubierto del mundo y ha sido reconocido por su colección como un "nuevo referente mundial".
Previamente, el zoológico Pairi Daiza, creado hace 30 años, fue elegido tres años seguidos como "mejor zoológico de Europa" en 2018, 2019 y 2020. EFE
(foto) (vídeo)
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