
Las declaraciones del secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, sobre un eventual referéndum en Alberta, junto con la revelación de un reciente encuentro entre miembros del Departamento de Estado estadounidense y líderes separatistas de la provincia canadiense, han provocado respuestas directas desde varios niveles políticos en Canadá. Según consignó el medio 'Financial Times', Jeff Rath, representante del grupo separatista Proyecto de Prosperidad de Alberta (APP), confirmó la realización de este encuentro y afirmó que “Estados Unidos está sumamente entusiasmado con una Alberta libre e independiente”. Tras la difusión de estos hechos, el primer ministro canadiense, Mark Carney, exigió públicamente que el Gobierno estadounidense respete la autonomía de Canadá y limite cualquier injerencia externa en asuntos internos.
De acuerdo con la información publicada por el medio 'Financial Times', la reunión entre funcionarios estadounidenses y líderes del APP, organización identificada con el separatismo de derecha en Alberta, fue reconocida tanto por fuentes del grupo como por el propio Departamento de Estado. La institución liderada por Marco Rubio respondió que este tipo de reuniones se enmarca en encuentros rutinarios con representantes de la sociedad civil y que “no se asumió ningún compromiso”, según sostuvo ante el citado medio.
Esta secuencia de acontecimientos generó una reacción fuerte de Mark Carney. Durante una rueda de prensa, y en respuesta a preguntas sobre si consideraba como una injerencia la actuación estadounidense, Carney manifestó: “Espero que la Administración estadounidense respete la soberanía canadiense. Siempre soy claro en mis conversaciones con el presidente Trump sobre este punto, y luego paso a lo que podemos hacer juntos”. Tales declaraciones, recogidas por el 'Financial Times', enfatizan la importancia que Ottawa asigna a la no intervención en sus procesos políticos internos. Carney recalcó que existen canales diplomáticos habilitados para plantear preocupaciones y que su posición hacia Washington sobre la autonomía canadiense siempre ha sido explícita, añadiendo que no realizará comentarios permanentes sobre las acciones de la administración Trump, pero reiteró su exigencia de respeto mutuo.
Por su parte, la primera ministra de Alberta, Danielle Smith, también se sumó a este llamado. Smith subrayó que espera que la administración estadounidense mantenga el respeto por la soberanía de Canadá y que el debate sobre el futuro de Alberta corresponda exclusivamente a sus ciudadanos y a los canadienses en general. Esta posición refuerza la postura de Ottawa respecto a la autodeterminación y rechaza la intervención de actores externos en asuntos que inciden directamente sobre la integridad territorial de Canadá.
El primer ministro de la provincia Columbia Británica, David Eby, adoptó un tono más severo al abordar la situación. Eby calificó de traición la búsqueda de respaldo de gobiernos extranjeros para favorecer la separación de una provincia canadiense y advirtió que aquellos que soliciten la intervención de otros países con la intención de dividir o controlar Canadá actúan en oposición al proyecto nacional canadiense. Según el 'Financial Times', Eby sostuvo que tales acciones no reflejan la visión que se tiene para el país.
El debate sobre Alberta y su relación con el resto de Canadá cuenta con una larga trayectoria, pero las recientes declaraciones de Scott Bessent intensificaron la discusión. Bessent, durante una entrevista con la cadena conservadora Real America's Voice, planteó la posibilidad de un referéndum en Alberta sobre su permanencia en Canadá. El funcionario señaló: “La gente quiere soberanía. Quiere lo que tiene Estados Unidos. Canadá no permitirá que Alberta construya un oleoducto hacia el Pacífico”. En el mismo diálogo añadió que los habitantes de Alberta “son gente muy independiente” y sugirió que Estados Unidos debería considerar a Alberta como socio, debido a la abundancia de recursos en la provincia.
El contexto en torno a la construcción de oleoductos y la gestión de recursos energéticos ha sido motivo de tensiones entre el gobierno federal canadiense y Alberta, impulsando iniciativas y discursos separatistas como los del APP. El contacto entre dirigentes de este movimiento y altos representantes estadounidenses, si bien enmarcado oficialmente como parte de actividades habituales con entidades de la sociedad civil, avivó los temores en Canadá respecto a una posible intromisión en su política interna.
La controversia desatada por el encuentro y las declaraciones asociadas se da en un momento en que las discusiones sobre la unidad de Canadá y la autonomía de sus provincias siguen ocupando el centro del debate público. Según el 'Financial Times', la confirmación del encuentro entre el APP y el Departamento de Estado aumentó la preocupación del gobierno federal y de varias administraciones provinciales sobre la estabilidad y la integridad del país.
Las posturas expresadas desde Ottawa, Edmonton y Vancouver coinciden en señalar la necesidad de que la autodeterminación canadiense no se vea comprometida por presiones o acciones externas. En este clima de tensión, los pronunciamientos de Carney, Smith y Eby, difundidos por 'Financial Times', marcaron una defensa cerrada de la soberanía nacional frente a cualquier percepción de injerencia extranjera, reafirmando las líneas rojas para la relación diplomática entre Canadá y Estados Unidos en este asunto.
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