El clima polar en Júpiter y Saturno da pistas sobre los detalles interiores de los planetas

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En las imágenes captadas por las misiones Juno y Cassini, los polos de Júpiter y Saturno exhiben dinámicas atmosféricas que han intrigado a la comunidad científica durante décadas. De acuerdo con las observaciones reportadas en las 'Actas de la Academia Nacional de Ciencias' y detalladas recientemente por investigadores del MIT, los vórtices polares de ambos planetas presentan diferencias significativas, a pesar de que comparten tamaño similar y una composición basada principalmente en hidrógeno y helio. El hallazgo central del trabajo, tal como publicó Europa Press, consiste en que la distinta configuración del clima polar ofrece información relevante sobre las características internas de los gigantes gaseosos.

Según explicó el equipo dirigido por Wanying Kang, profesor adjunto del Departamento de Ciencias de la Tierra, Atmosféricas y Planetarias (EAPS) del MIT, los patrones polares en Saturno y Júpiter podrían estar relacionados con la composición y estructura bajo su superficie. Las sondas espaciales han documentado que Saturno presenta un único y gigantesco vórtice polar, con una inusual forma hexagonal y cerca de 29.000 kilómetros de diámetro sobre el polo norte. Júpiter, en contraste, exhibe un vórtice central rodeado por ocho vórtices menores, cada uno con una extensión promedio de unos 4.800 kilómetros, semejando visualmente una agrupación de remolinos distribuidos en espiral.

El medio Europa Press consigna que estas diferencias provocaron la formulación de una hipótesis fundamentada en simulaciones numéricas. El estudio del MIT recreó, mediante un modelo bidimensional, numerosos escenarios para investigar de qué forma los estímulos aleatorios pueden desencadenar la formación de patrones organizados en la atmósfera de un gigante gaseoso. Los resultados revelaron que, bajo ciertas combinaciones de propiedades planetarias, los movimientos de los fluidos atmosféricos tienden a fusionarse en un solo gran vórtice, como el de Saturno, mientras que otros escenarios generan varios sistemas más pequeños, siguiendo el modelo de Júpiter.

El análisis identificó que la aparición de uno o varios vórtices polares depende, principalmente, de la “suavidad” o rigidez de la base sobre la que se apoyan estos sistemas de remolino. Los investigadores describen el vórtice como una especie de cilindro giratorio que atraviesa las distintas capas atmosféricas del planeta. Cuando ese cilindro descansa sobre un material más blando y liviano, el desarrollo de los vórtices se ve limitado en tamaño y se promueve la coexistencia de múltiples vórtices pequeños. En cambio, si la base es más rígida o densa, el vórtice puede crecer a mayor escala y engullir a los demás, culminando en la formación de un único ciclón dominante como el visto en Saturno.

"Nuestro estudio muestra que, dependiendo de las propiedades internas y la suavidad del fondo del vórtice, esto influirá en el tipo de patrón de fluidos que se observa en la superficie", explicó Kang al medio Europa Press. El equipo del MIT señala que, hasta ahora, no se había establecido de forma clara ese vínculo entre la morfología de los vórtices en la superficie y las propiedades internas planetarias. “Un posible escenario podría ser que Saturno tenga un fondo más duro que Júpiter”, agregó Kang.

La inspiración para este estudio se asentó en los datos ofrecidos por las misiones espaciales recientes. La nave Juno de la NASA ha realizado sobrevuelos continuos a Júpiter desde 2016, documentando el comportamiento de los vientos y la distribución de los vórtices polares. En el caso de Saturno, la sonda Cassini finalizó su misión en 2017 tras trece años de observaciones del planeta, incluyendo imágenes detalladas de su estructura hexagonal en el polo norte. Europa Press indica que gracias a estos registros, los científicos han podido comparar el tamaño y la configuración de los sistemas ciclónicos polares de ambos cuerpos celestes.

Los científicos del MIT desarrollaron para su investigación un modelo dinámico bidimensional basado en ecuaciones previamente utilizadas para simular la evolución de ciclones en la Tierra. En sus simulaciones, variaron parámetros como el tamaño planetario, la velocidad de rotación, el nivel de calentamiento interno y la resistencia o ligereza de los gases presentes en la base de los vórtices. Inicialmente, los modelos partieron de condiciones aleatorias en la circulación del fluido para observar cómo evoluciona el sistema con el tiempo bajo cada conjunto de variables.

A partir de estos ensayos numéricos, detectaron que la transición hacia la formación de un único gran vórtice o de múltiples sistemas depende crucialmente de la capacidad del material de fondo para permitir el crecimiento de cada remolino. Si el material es muy suave, los vórtices se mantienen pequeños y numerosos porque no logran fusionarse completamente. Cuando la base es más rígida o pesada, los vórtices tienden a integrarse en un único sistema extenso que puede abarcar la curvatura del planeta.

De acuerdo con Europa Press, estos hallazgos ofrecen una nueva perspectiva sobre la evolución y estructura interna de los planetas gaseosos. Si la hipótesis es válida, Júpiter podría tener una capa interna compuesta por material más leve o flexible que Saturno, mientras este último poseería un núcleo o una base atmosférica más densa. Los autores del estudio indican que el análisis de los patrones visibles en la atmósfera exterior podría servir como clave indirecta para inferir las características no observables de sus interiores.

"Lo que observamos desde la superficie, el patrón de fluidos en Júpiter y Saturno, podría revelarnos algo sobre el interior, como la suavidad del fondo", concluyeron los científicos en su reporte reproducido por Europa Press. La comunidad científica continuará analizando estos patrones para profundizar el entendimiento acerca de la formación y la dinámica interna de los grandes planetas gaseosos del sistema solar.