La Sociedad Española de Sueño advierte de que el insomnio crónico duplica el riesgo de desarrollar una depresión mayor

Expertos alertan que quienes padecen dificultades persistentes para dormir presentan una probabilidad mucho mayor de sufrir episodios graves de tristeza, debido a alteraciones cerebrales que afectan las emociones y la capacidad de afrontar el estrés, según datos recientes

Guardar

Las alteraciones neurobiológicas que vinculan el insomnio con los trastornos del estado de ánimo han sido motivo de análisis reciente por parte de la Sociedad Española de Sueño (SES), que subraya el papel fundamental de la amígdala cerebral en la respuesta emocional y la gestión del estrés. Esta entidad, en coincidencia con la conmemoración del Día Mundial de la Depresión, detalló que la falta prolongada de sueño transforma la forma en que el cerebro procesa los estímulos negativos y disminuye la resiliencia ante situaciones estresantes, lo que, según sus datos, contribuye al aumento de casos de depresión mayor.

De acuerdo con la información publicada por la SES, el insomnio crónico eleva al doble el riesgo de que una persona desarrolle depresión mayor frente a quienes mantienen un sueño adecuado. Según el medio, un 14 por ciento de la población adulta en España, equivalente a unos 5,4 millones de personas, padece insomnio crónico, lo que supone un impacto considerable en la salud pública del país. La SES afirmó que este trastorno va más allá de la dificultad para conciliar el sueño, ya que afecta profundamente a la capacidad emocional y al bienestar de quienes lo sufren.

La psicóloga María José Aróstegui, miembro del grupo de trabajo de Insomnio de la SES, declaró que existe una de las relaciones más estrechas entre sueño y depresión en el ámbito de la psicopatología, lo que ha despertado el interés de la comunidad científica sobre cómo ambos trastornos se potencian mutuamente. Aróstegui señaló que las dificultades para dormir no solo constituyen un síntoma de la depresión, sino que además conforman un factor de riesgo independiente, generando una relación bidireccional. Según la experta, "la falta de sueño se convierte en un factor de riesgo causal".

El medio informó que aproximadamente el 90 por ciento de quienes padecen depresión experimentan también alteraciones en el sueño. Estas alteraciones pueden manifestarse como insomnio, despertares tempranos o una tendencia opuesta, con episodios de hipersomnia, que consiste en dormir excesivamente. La SES detalló que la falta de sueño impide la regulación adecuada de la amígdala, lo que incrementa la reactividad ante estímulos negativos y dificulta la gestión del estrés diario. Esto incrementa notablemente la probabilidad de sufrir trastornos anímicos.

Según publicó la SES, la explicación de este vínculo se encuentra en el hecho de que el insomnio y la depresión tienen rutas neurobiológicas comunes. Ambas condiciones implican desregulación de neurotransmisores como la serotonina, la dopamina y la noradrenalina, responsables tanto de la regulación emocional como de los ciclos de sueño. Al coexistir estrés y trastornos del sueño, el organismo entra en un estado de alerta, lo que obstaculiza el descanso y agota los recursos emocionales disponibles.

La idea de que el sueño cumple un papel activo en la salud cerebral y emocional ha ganado visibilidad, señaló el medio, reflejando una comprensión más avanzada de la función del descanso nocturno. La psicóloga Aróstegui sostuvo que "cuidar el sueño es, literalmente, medicina preventiva en salud mental", abogando por una mayor atención al sueño como herramienta para reducir el riesgo de padecer trastornos emocionales graves.

Los datos de la SES destacan que cuando se aborda el insomnio de manera directa a través de tratamientos específicos, las tasas de remisión de la depresión pueden multiplicarse por dos. No obstante, cuando se utiliza terapia farmacológica para tratar la depresión y se observa una mejoría en el ánimo, la recuperación del sueño puede quedar incompleta, persistiendo el insomnio como un síntoma residual. Según detalló la SES, este fenómeno incrementa el riesgo de que la depresión reaparezca si los problemas de sueño no se resuelven completamente.

María José Aróstegui subrayó a través del medio que para lograr una remisión sostenida de la depresión resulta imprescindible tratar el insomnio de manera específica. Argumentó que la persistencia del insomnio tras la mejoría de los síntomas depresivos representa una amenaza considerable para la estabilidad emocional, dado el alto riesgo de recaída. De este modo, la SES refuerza la idea de que los trastornos del sueño no solo reflejan un problema de descanso, sino que constituyen una pieza clave en la prevención y el tratamiento de patologías mentales como la depresión.