
Los intentos de Rusia por recuperar su puesto en el Consejo de la Organización Marítima Internacional (OMI) fracasaron a finales de noviembre, según reportó el Ministerio de Defensa británico, hecho que se suma a una serie de exclusiones recientes sufridas por Moscú en el ámbito internacional. Según servicios de Inteligencia británicos, citados por el Ministerio y publicados en su cuenta en la red social X, este revés continúa una tendencia marcada por el aislamiento diplomático de Rusia tras la invasión de Ucrania iniciada en febrero de 2022. La noticia principal apunta a la existencia y operación de una gran “flota fantasma” rusa, utilizada para eludir las sanciones internacionales.
De acuerdo con el Ministerio de Defensa del Reino Unido, la denominada 'flota fantasma' de Rusia estaría formada por entre 600 y 1.000 buques, la mayoría de ellos petroleros antiguos. Los servicios de Inteligencia describieron que estas embarcaciones presentan un régimen de propiedad opaco, recurren a transferencias de cargas entre barcos en alta mar y operan con posiciones alteradas a través de los sistemas de identificación automática (AIS), mecanismos empleados para dificultar el rastreo de los movimientos de estos buques y burlar las restricciones impuestas en el mercado global de hidrocarburos.
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El medio británico detalló que el objetivo principal de esta flota es sostener las exportaciones energéticas de Rusia frente al cerco de sanciones occidentales. Entre estas medidas destaca el límite de precio de 60 dólares (aproximadamente 51,2 euros) por barril de petróleo, establecido para restringir los ingresos provenientes de la venta de crudo ruso. Según el Ministerio de Defensa británico, el volumen y antigüedad de los buques utilizados por Rusia, sumado al carácter no transparente de su titularidad, genera preocupaciones sobre la seguridad y el potencial impacto ecológico de estas operaciones, especialmente dada la precariedad de muchas de las embarcaciones involucradas.
Los servicios de Inteligencia británicos advirtieron sobre el riesgo ambiental que representa dicha flota, afirmando que el mal estado en el que se encuentran numerosos buques implica peligros ambientales persistentes en los mares donde tienen lugar estas actividades. Además, la propiedad fragmentada y utilizada con fines de ocultamiento complica aún más la supervisión y regulación internacional de estos movimientos, de acuerdo con la información divulgada por el Ministerio de Defensa del Reino Unido.
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La exclusión de Rusia del Consejo de la OMI, detalló el Ministerio de Defensa británico, se considera una limitación relevante a la influencia de Rusia en las decisiones regulatorias que afectan tanto a la navegación global como a la gestión de las operaciones marítimas, incluyendo las normas para la actividad en el Ártico. Este resultado, según publica la cartera de Defensa, refuerza el aislamiento de las autoridades rusas en espacios clave para la gobernanza internacional del transporte marítimo.
El documento oficial también recordó que esta serie de exclusiones internacionales no se limita al ámbito marítimo. Según consignó el Ministerio de Defensa, tras la invasión de Ucrania en 2022, Rusia fue expulsada del Consejo de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) y posteriormente no logró reincorporarse en septiembre de 2025. Los británicos subrayaron que la OACI emitió una condena formal contra Rusia el 3 de octubre de 2025, en respuesta a las denuncias sobre interferencia rusa con señales de navegación satelital en territorio europeo, lo que habría comprometido la seguridad del tráfico aéreo internacional.
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El comunicado del Ministerio de Defensa británico, que reúne información de sus servicios de Inteligencia, enfatizó que la expulsión de Rusia del Consejo de la OACI en 2022 fue consecuencia de la confiscación de aeronaves arrendadas por compañías rusas tras el inicio de la guerra en Ucrania. Estos hechos representan una continuación del aislamiento diplomático ruso en organismos fundamentales para la regulación del tráfico internacional tanto marítimo como aéreo.
La estrategia rusa de recurrir a flotas con propiedad y operación poco transparentes surge como consecuencia directa de este entorno de sanciones y exclusiones, reportó el Ministerio de Defensa británico. Según su análisis, la persistencia en emplear una “flota fantasma” y la búsqueda sin éxito de reincorporarse a organismos internacionales claves demuestran la dificultad de Moscú para sostener su influencia en la arquitectura regulatoria global del sector energético y del transporte.
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El Reino Unido, a través de su Ministerio de Defensa, concluyó su advertencia señalando que los riesgos asociados a la operación de la flota paralela rusa no solo apuntan a la evasión de sanciones, sino también al aumento de los peligros ecológicos derivados del envejecimiento de los buques y la ausencia de controles efectivos, factores que afectan a la seguridad y el medioambiente marítimo internacional.