
El informe de estabilidad financiera difundido por el Banco de Inglaterra detalla que, en un escenario de estrés severo, el sistema bancario británico mantendría un excedente de capital de 60.000 millones de libras (68.335 millones de euros), incluso después de una hipotética reducción agregada de 3,5 puntos porcentuales en la ratio de capital ordinario de nivel 1 (CET1). Este dato responde al hecho central de la noticia: la decisión de la autoridad monetaria británica de rebajar el umbral de capital mínimo exigido a las entidades bancarias del país, en la primera modificación de este tipo desde 2015, tras la completa superación de las pruebas de resistencia financiera por parte de las principales entidades del sector.
Según publicó el medio que realizó el reporte, el Banco de Inglaterra llevó a cabo una revisión a la baja del nivel de capital que estima necesario solicitar al sector bancario del Reino Unido. Esta modificación de referencia surge después de que siete de las mayores instituciones financieras, incluyendo a Barclays, HSBC, Lloyds Banking Group, NatWest Group, Santander UK, Standard Chartered y Nationwide, consiguieran resultados favorables en los test de estrés aplicados por la institución. Estas entidades representan cerca del 75% del volumen total de préstamos en el territorio británico y, según consignó el informe, mantuvieron en todo momento la capacidad de continuar apoyando la economía en un contexto de adversidad.
El Comité de Política Financiera del Banco de Inglaterra señaló en su documento que “a nivel individual, todos los bancos y sociedades de crédito hipotecario participantes se mantuvieron por encima de sus requisitos regulatorios mínimos de apalancamiento de nivel 1 y capital ordinario (CET1) ponderado por riesgo de capital, y ningún banco tuvo que reforzar su posición como consecuencia de la prueba realizada”. El análisis agrega que, en el conjunto del sistema, la banca británica comenzó la prueba con una relación CET1 del 14,5%, la cual podría disminuir hasta el 11% si se enfrentase el peor de los escenarios considerados, manteniendo aún altos niveles de solvencia.
De acuerdo con el informe, el organismo sostiene que el sistema bancario del Reino Unido muestra la fortaleza necesaria para seguir proveyendo respaldo a hogares y empresas incluso ante situaciones económicas, financieras y comerciales adversas y “considerablemente” más difíciles. El documento también especifica que la calificación positiva otorgada a los actuales niveles de capital bancario se traduce en una posición robusta para continuar apoyando la economía real, de acuerdo con los responsables del Comité de Política Financiera.
El mismo comité determinó que la referencia para los requerimientos de capital de Nivel 1 a escala sistémica, situada anteriormente en torno al 14% de los activos ponderados por riesgo (APR), se reduce ahora al 13%. Esta actualización refleja los cambios apreciados en la configuración del sistema financiero nacional desde la primera evaluación efectuada en 2015, así como la confirmación obtenida en 2019. Entre los factores que han motivado la revisión a la baja figuran la reducción en las ponderaciones promedio de riesgo a las que se enfrentan los bancos, la menor importancia sistémica de algunas entidades del sector y la evolución en los métodos de medición del riesgo.
El medio que detalló el reporte resalta que, para el Banco de Inglaterra, la reducción de ese valor de referencia debe proporcionar a los bancos mayor certeza y confianza para hacer uso de sus recursos de capital y destinarlos al otorgamiento de crédito tanto a las familias como a las organizaciones empresariales radicadas en el país. La institución observa que este ajuste busca acomodar la política regulatoria al contexto actual, incentivando la canalización eficaz de fondos hacia la economía real.
No obstante, el análisis del Banco de Inglaterra también formula advertencias sobre los posibles efectos negativos de rebajar sustancialmente los requisitos de capital por debajo del nuevo índice de referencia del 13%. Según el organismo, hacerlo implicaría riesgos que incluyen una posible caída significativa en las expectativas de crecimiento del Producto Interno Bruto a largo plazo, como resultado de una mayor inestabilidad financiera. Este efecto adverso se vería agravado en el caso de que las reducciones minasen la confianza en el régimen de resolución de crisis bancarias por una menor capacidad de absorber pérdidas en el conjunto del sistema.
El informe publicado subraya además que niveles de capital considerablemente más bajos también podrían traducirse en un aumento de la prima de riesgo asociada al financiamiento bancario, elevando a su vez los costes de financiación de las entidades. Este encarecimiento, de acuerdo con la autoridad monetaria, impactaría negativamente en las posibilidades de inversión de las empresas, limitando la expansión y el dinamismo económico.
En suma, el ajuste aplicado a los criterios de capital mínimo para la banca británica responde tanto a los resultados favorables alcanzados por las principales entidades financieras del país como a una evaluación técnica sobre la evolución y el perfil de riesgos del sistema. No obstante, el Banco de Inglaterra mantiene la postura de cautela al advertir que eventuales flexibilizaciones adicionales exigen considerar el peso de posibles consecuencias adversas para la estabilidad y el crecimiento económico futuros, de acuerdo con lo manifestado en el informe de estabilidad publicado por el propio organismo.
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