Julio César Rivas
Toronto (Canadá), 27 may (EFE).- La visita de Carlos III del Reino Unido a Canadá ha sido breve pero llena de simbolismo y pensada para mandar un mensaje claro a Donald Trump: los canadienses tienen un rey, Carlos III, y no quieren sustituirlo con otro monarca.
Excepto por las voces de los representantes del movimiento separatista de Quebec, el resto del país, incluidos los líderes de los pueblos aborígenes, ha expresado su satisfacción por la visita de dos días del rey Carlos III y la reina Camila que concluyó este martes.
Los 22 diputados del soberanista Bloque Quebequés (BQ) no estuvieron presentes en el Senado canadiense cuando Carlos III leyó hoy el llamado Discurso del Trono, un acto simbólico pero que sólo se ha producido en tres ocasiones en la historia del país.
Y antes de que Carlos III y Camila, que son también constitucionalmente los reyes de Canadá, abandonaran el país, el BQ anunció a través de sus redes sociales que presentará un proyecto de ley para eliminar la obligación de todos los diputados de jurar lealtad al rey como requisito para asumir el escaño.
Pero más allá de las voces disidentes de los soberanistas, el sentimiento generalizado en el país por la presencia de los monarcas es de satisfacción, incluso entre aquellos que no se consideran monárquicos.
Todo gracias a las ambiciones expansionistas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien desde hace meses ha estado lanzando amenazas a la soberanía canadiense con su interés en convertir a Canadá en el 51 estado, incluso utilizando "la fuerza económica".
Trump ha intentado 'borrar' la frontera entre los dos países al cuestionar su legitimidad y calificarla de "línea artificial" dibujada en el pasado por desconocidos "con una regla".
Ante la agresividad incontenida de Trump, que ha acompañado sus palabras con aranceles a sectores clave de la economía canadiense que suponen una grave amenaza al bienestar del país, el primer ministro canadiense, Mark Carney, solicitó a Carlos III que acudiese a Ottawa para reforzar la soberanía canadiense.
Robert Fife, columnista de The Globe and Mail, dijo este martes que la lectura del Discurso del Trono por parte del rey ha logrado a la perfección el objetivo buscado por el Gobierno canadiense.
"El Discurso del Trono abordó de forma directa la agenda económica de 'Estados Unidos primero' del presidente Trump y la amenaza de aranceles punitivos que han generado inquietud entre los canadienses", escribió.
"El rey Carlos, como jefe de Estado de Canadá, reafirmó la soberanía del país, puesta en entredicho por el presidente estadounidense, y ofreció promesas de un futuro mejor, menos dependiente de Estados Unidos", añadió.
El mensaje para Trump: Carlos III es el rey constitucional de Canadá y el país no necesita ni quiere sustituirlo por otro monarca.
Especialmente por un monarca absoluto, algo que muchos críticos de Trump creen que es el modelo ideal del político republicano.
El académico Philippe Lagassé, experto en la monarquía británica y su relación constitucional con Canadá, lo explicó en un artículo de opinión publicado en el periódico The National Post.
"No abandonaremos (instituciones canadienses heredadas del Reino Unido) para ser un estado de EE.UU., especialmente cuando la tan cacareada Constitución de Estados Unidos y su sistema de 'pesos y contrapesos' está fracasando estrepitosamente", dijo Lagassé.
"De hecho, nuestro sistema, con un jefe de Estado hereditario, un jefe de Gobierno designado y un poder ejecutivo que debe contar con la confianza de los legisladores electos, nunca ha parecido tan sólido", añadió el profesor universitario. EFE
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