Naciones Unidas, 14 abr (EFE).- El conflicto del Sáhara Occidental vuelve este lunes al Consejo de Seguridad de la ONU en una sesión en la que no se esperan decisiones que rompan el bloqueo en el que se encuentra desde hace años por la postura de ambas partes -Marruecos y el Frente Polisario-, intransigentes a la hora de ceder en lo que consideran principios innegociables.
Hablarán ante el Consejo el enviado personal del secretario general para el conflicto, Staffan de Mistura, que recién regresa de una gira por la región, y el jefe de la Minurso (misión de 'cascos azules'), Alexander Ivanko, en esta sesión a puerta cerrada que sirve para pasar revista a un conflicto enquistado, y que se repite luego en octubre para renovar casi automáticamente por un año el mandato de la Minurso.
La única novedad que se ha producido en los últimos días es un espaldarazo de la Administración Trump a la postura marroquí, expresada el pasado martes tras una visita del ministro marroquí de Exteriores, Naser Burita, a Washington, donde se reunió con su homólogo, Marco Rubio.
Rubio expresó su apoyo a Marruecos en términos inequívocos: "El secretario reiteró que Estados Unidos reconoce la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental y apoya la propuesta de autonomía seria, creíble y realista de Marruecos como única base para una solución justa y duradera a la disputa", declaró el Departamento de Estado en un comunicado.
Trump reconoció la soberanía marroquí sobre el Sáhara justo antes de finalizar su primer mandato -a cambio de que Rabat estableciera relaciones con Israel-, pero el Gobierno de Biden había dejado 'congelado' ese reconocimiento, sin dar ningún paso en ese sentido, valiéndose de que se trataba de un conflicto de baja intensidad sin graves efectos regionales.
Pero aquel reconocimiento de Trump ha propiciado en estos últimos años que dos países claves en la zona -España y Francia- hayan modulado su postura también en línea con las tesis marroquíes, que ganan así fuerza en el escenario internacional.
En un conflicto enquistado como éste, hay otro factor que podría sacarlo de su letargo, y es el empeño de la Administración Trump de recortar o eliminar las misiones de paz de la ONU en lugares donde su presencia ya no se ve como imprescindible como fuerza de interposición.
La semana pasada, un representante diplomático estadounidense abogó, por ejemplo, por terminar con la misión de la ONU en Kosovo (Unmik) aludiendo al "gasto innecesario" que representa y al hecho de que sus misiones podrían ser asumibles por otras agencias de la ONU. EFE
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