Redacción Ciencia, 16 ene (EFE).- En los últimos 40 años, las sequías graves se han hecho cada vez más largas, intensas y extremas y todo apunta a que en el futuro se producirán más episodios plurianuales (pueden durar años o décadas), que suponen una grave amenaza para los ecosistemas, la agricultura y la producción energética.
Así lo advierte un estudio del Instituto Federal Suizo de Investigación Forestal, de la Nieve y del Paisaje (WSL) y del Instituto de Ciencia y Tecnología de Austria (ISTA), publicado este jueves en Science.
El estudio es un inventario cuantitativo mundial de las sequías registradas en el mundo desde 1980 que pretende servir de base a las futuras políticas para combatir estos fenómenos impulsados por el calentamiento global, que afectan con más intensidad a las zonas de praderas templadas como las de Estados Unidos.
Las sequías agotan la humedad del suelo y reducen el caudal de los cursos de agua, causando daños potencialmente irreversibles y provocando la pérdida generalizada de cosechas, mortalidad de los árboles, merma de la productividad de los ecosistemas y reducción del suministro de agua.
Como ejemplos, el estudio cita la devastadora sequía que asola a Chile desde 2010 -la más prolongada en mil años- que prácticamente ha secado las reservas de agua del país, y que está teniendo graves consecuencias en la producción minera, la agricultura y los ecosistemas, y la sequía del oeste de Estados Unidos, que sucedió entre los años 2000 y 2018.
El estudio advierte además de que otras sequías de menor envergadura pueden haber pasado desapercibidas, lo que subraya la necesidad de conocer bien cómo suceden estos fenómenos y cuáles son sus efectos.
Para ello, el equipo analizó datos meteorológicos globales y modelizó las sequías registradas entre 1980 y 2018.
El estudio reveló un aumento preocupante de las sequías plurianuales que se han hecho más largas, frecuentes y extremas, y que cada vez cubren más tierras.
"Cada año desde 1980, las zonas afectadas por la sequía se han extendido una media de cincuenta mil kilómetros cuadrados más -lo que equivale aproximadamente a la superficie de Eslovaquia o de los estados norteamericanos de Vermont y New Hampshire juntos-, causando enormes daños a los ecosistemas, la agricultura y la producción de energía", explica Francesca Pellicciotti, investigadora del WSL y coautora del estudio.
Para hacer el estudio, el equipo mapeó la distribución global de 13.176 sequías plurianuales registradas entre 1980 y 2018 y calcularon las anomalías en las precipitaciones, la evapotranspiración -la evaporación del agua del suelo y las plantas- y su impacto en los ecosistemas de todo el mundo.
Esto les permitió determinar la ocurrencia de sequías plurianuales tanto en regiones del planeta bien estudiadas como en otras menos accesibles, como los bosques tropicales y los Andes, de donde hay pocos datos de observación.
"Nuestro método no solo cartografió sequías bien documentadas, sino que también arrojó luz sobre sequías extremas que pasaron desapercibidas, como la que afectó a la selva tropical del Congo entre 2010 y 2018", apunta Karger.
Los resultados muestran que en 40 años se han producido sequías plurianuales en casi todos los continentes y se han extendido y calentado cada vez más, con un aumento anual de entre 49.279 y 14.771 kilómetros cuadrados de la superficie mundial afectada por estos fenómenos.
Las regiones más afectadas fueron el oeste de Estados Unidos, el centro y el este de Mongolia y, sobre todo, el sureste de Australia, donde los datos coincidieron con dos sequías ecológicas plurianuales bien documentadas.
Además, el estudio constata que los efectos de las sequías plurianuales en los ecosistemas han variado significativamente: los pastizales templados han mostrado escasa resistencia a la sequía, pero a menudo se recuperaron con rapidez tras los episodios de sequía, lo que pone de relieve su singular resiliencia, mientras que los bosques boreales y tropicales tardan mucho más en recuperarse de la catástrofe climática.
Los autores esperan que estos resultados ayuden a cambiar nuestra percepción de las sequías y a prepararnos para ellas. EFE
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