Luis Lidón
Viena, 6 ene (EFE).- El ultraderechista Herbert Kickl, quien acaba de recibir tres meses después de ganar con el partido liberal FPÖ las elecciones generales de Austria el encargo de formar un nuevo gobierno, es un político populista que se presenta como luchador contra lo que llama el "sistema".
Con un 28,8 % de los votos, el FPÖ se impuso en septiembre pasado al hasta ahora gobernante ÖVP, que intentó luego formar una coalición tripartita con el partido socialdemócrata SPÖ y con los Neos (liberales), cuyas negociaciones colapsaron sin embargo el sábado pasado, lo que le dio una nueva oportunidad a Kickl.
Pese a su victoria electoral y la popularidad entre sus seguidores, el líder del FPÖ es uno de los políticos más rechazados del país, según los sondeos.
En septiembre el 60 % de los austríacos no quería que fuera canciller federal y los demás partidos rechazaban de forma categórica formar una coalición con él.
Pero tras la dimisión el sábado pasado del hasta ahora canciller federal y líder democristiano, Karl Nehammer, el ÖVP cambió un día más tarde radicalmente de postura y anunció que ahora está abierto a negociar con Kickl.
El líder ultraderechista se presenta como "canciller del pueblo" ("Volkskanzler") y define a otras formaciones como "traidores al pueblo" ("Volksverräter"), términos en alemán con claros ecos nazis.
Kickl es un corredor aficionado de triatlón y maratones, de 56 años, que representa la línea dura del FPÖ y siempre se ha sentido cómodo como una eminencia gris alejada de los focos.
"Si un partido es un barco, prefiero estar en la sala de máquinas que en la cena de gala del capitán", dijo en una ocasión.
Kickl es lo que se puede calificar como un populista radical: ha difundido numerosos bulos como que hay un plan de las "élites" para sustituir a la población europea blanca por inmigrantes, niega el cambio climático o sugirió que la covid-19 salió de un laboratorio y la calificó como "plandemia".
El jefe del FPÖ no destaca por su carisma personal, pero sí como estratega y orador parlamentario.
Durante años escribió los discursos del histórico líder del FPÖ, el ya fallecido Jörg Haider, y luego fue la mano derecha de Heinz-Christian Strache, el exvicecanciller que dimitió en 2019 por un gran escándalo de corrupción.
Su voluntad de estar alejado de los focos y su carácter reservado son las razones por las que no se sabe mucho de él. Kickl no comparte su vida privada en las redes sociales ni le gusta acudir a eventos, a diferencia de sus predecesores, Haider y Strache.
El líder del FPÖ creció en una pequeña localidad de Carintia y fue el primero de su familia en llegar a la universidad, donde estudió Filosofía en Viena.
No terminó la carrera ni tampoco una formación militar posterior en un comando de montaña.
El ambiente izquierdista de la facultad le generó una fuerte aversión, que lo llevó a admirar a Jörg Haider.
La oratoria populista de Haider y su crítica a los partidos tradicionales y la inmigración lo convirtieron en el ídolo de Kickl, quien se unió al FPÖ en 1995.
Su talento para escribir y la escasez de personas cualificadas en el FPÖ lo hicieron ascender y pronto se convirtió en el redactor de los discursos del líder ultra.
Cuando Haider fracturó el partido en 2005, se mantuvo leal al FPÖ y se unió al nuevo líder, Heinz-Christian Strache, a quien convirtió en una figura popular y condujo hasta el poder en 2017 cuando el partido formó una coalición con el ÖVP y Kickl aceptó por primera vez un cargo público, el de ministro del Interior.
Su período como ministro, que duró solo dos años, aún tiene repercusiones, ya que sus cambios en el servicio de inteligencia interior, el BVT, llevaron a que otras agencias extranjeras dejaran de compartir información con él.
Varios responsables, incluidos aquellos que investigaban los vínculos del FPÖ con Rusia o con extremistas de derechas de Europa, fueron apartados del servicio e investigados.
La coalición saliente de conservadores y ecologistas tuvo que refundar el BVT y cambiarle el nombre (DSN) para recuperar la credibilidad ante sus socios internacionales.
Tras el escándalo de corrupción de 2019 que hizo dimitir a Strache, el FPÖ se hundió en las encuestas, pero Kickl supo de nuevo leer la situación para sacar provecho político.
Con las medidas contra la pandemia, como la vacunación obligatoria y numerosos confinamientos, Kickl se convirtió en el abanderado contra las restricciones y organizó manifestaciones multitudinarias contra el Gobierno austriaco.
Kickl se negó entonces a utilizar mascarillas en el Parlamento, dijo que nunca se vacunaría y recomendó tomar un medicamento para desparasitar caballos como alternativa al tratamiento convencional.
En 2021 fue elegido como nuevo líder del FPÖ y radicalizó aún más el discurso de su partido, defendiendo teorías de la conspiración y redoblando las críticas a la Unión Europea, al tiempo que calificó las sanciones occidentales contra Rusia tras la invasión de Ucrania como "una locura". EFE
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