Noemí Jabois
Idlib (Siria), 26 dic (EFE).- Tras muchos años aislada del mundo, la provincia de Idlib, que fue el último bastión opositor en el noroeste de Siria, comienza a recibir a sus primeros visitantes tras el reciente derrocamiento del régimen de Bachar al Asad y su consecuente reconexión al resto del territorio sirio.
Hasta hace pocas semanas, casi tres millones de personas vivían asediadas en la última burbuja controlada por los rebeldes, rodeada de poblaciones en manos de las tropas leales al ahora depuesto presidente y abastecida solo a través de la frontera con Turquía, su único balón de oxígeno.
"Antes solo nos podíamos mover dentro de Idlib. No tenías permitido ir ni a Turquía ni a Siria, te matarían de cualquier modo, te matarían o los turcos o el régimen de Al Asad", explica a EFE Husain, gerente del único hotel operativo en la ciudad de Idlib, capital de la provincia homónima.
El joven todavía no se cree que ahora pueda estudiar en "cualquier universidad siria" o abrir una sucursal del Hotel Dreamland en otra parte del país, una posibilidad hasta ahora tan inverosímil como ver turistas en su castigada región, durante años bombardeada por el Ejército sirio y su aliada Rusia.
Husain recuerda perfectamente al primer turista que vio en la ciudad después de que los insurgentes avanzaran rápidamente desde esta esquina del país y tomaran la capital hace poco más de dos semanas. Era un hombre de Deraa, en el sur del país, un origen poco común entre los desplazados internos a la zona.
"Cuando vi al de Deraa hablando el dialecto de Deraa, me dije a mi mismo que hay muy poca gente de Deraa aquí en Idlib. Le pregunté '¿hermano, vives aquí?'. Me dijo que no, que había venido desde Deraa, lo que fue una alegría enorme porque es algo inusual", comenta el gerente.
Antes del derrocamiento del régimen, su hotel solo acogía huéspedes de otras partes de Idlib o de alguna de las localidades de la vecina provincia de Alepo en manos de la oposición, estudiantes o personas con trabajo en la capital del entonces bastión rebelde.
El joven asegura que ahora las habitaciones están "siempre llenas", mientras recita la lista de provincias desde las que ya han recibido visitantes: Al Raqa (norte), Deir al Zur (este), Alepo (noroeste), Deraa, Quneitra (sur), Homs (centro) o Latakia, en la costa mediterránea.
La primera urbe arrebatada al régimen fue Alepo, a menos de una hora de Idlib por carretera y, pese a ello, un trayecto que hasta comienzos de este mes era intransitable para la población a ambos lados.
"Horas después de la liberación de la ciudad de Alepo, comenzaron a venir muchos residentes de allá y, en general, de cada ciudad que iba siendo liberada de la opresión los residentes se iban y venían a Idlib a comprar coches o suministros de comida, o a visitar a sus familias", asevera Husain.
En las dos últimas semanas, compradores de otros puntos del país han viajado hasta Idlib para adquirir vehículos nuevos a precios de ganga y explorar en sus centros comerciales una amplia gama de otros productos también importados directamente a través de la frontera con Turquía.
"Hay mucha construcción, como si fuera parte de Dubái, especialmente en el área de Sarmada. Los precios son mucho más asequibles comparados con antes de la liberación", apunta a EFE el visitante Mohamed al Saleh, de 25 años.
Ha viajado durante cinco horas con sus amigos desde Deraa, atraído por las oportunidades de compra en esta región, donde todavía se utiliza la divisa turca en lugar de la siria pese a su reciente reconexión al resto del territorio nacional.
"Quiero comprar un coche, porque aquí los coches cuestan 5.000 dólares, mientras que antes de la liberación eran 25.000", reconoce, en referencia a los costes en el resto del país.
Sin embargo, a su llegada esta noche a la capital de Idlib, el grupo de amigos de Mohamed ha descubierto que el humildísimo Hotel Dreamland está lleno y ha tenido que aceptar la ayuda de Husain para tratar de encontrar un alojamiento improvisado.
Y es que, con el resto de establecimientos hoteleros destruidos o bombardeados, la ciudad aún no cuenta con la infraestructura necesaria para acoger siquiera al número simbólico de visitantes que ha comenzado a recibir, tan solo dos semanas después de haber vuelto a formar parte del mundo.
"Acabamos de salir de una guerra y de situaciones de guerra, no hemos tenido la oportunidad de crear un hotel que tenga en cuenta a los sectores de la sociedad que están comenzando a venir", concluye el gerente del Dreamland. EFE
(foto)(vídeo)
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