Jorge Fuentelsaz
Madrid, 20 dic (EFE).- El Organismo de Liberación del Levante, (Hayat Tahrir Al Sham, en árabe), el grupo islamista suní que encabezó el derrocamiento del régimen de Bachar al Asad se juega en el trato y la inclusión de las amplias minorías sirias tanto su reconocimiento internacional como el modelo político que quiere implantar para el país que los Asad mantuvieron secuestrado durante décadas.
"La cuestión de las minorías va a ser clave. Es decir, qué va a pasar con los alauitas que representan un 10% de la población, qué va a pasar con los kurdos, que también son un 10%, y después está lo que pueda pasar con otros grupos más minoritarios", como los cristianos o los chiíes, asegura a Efe el profesor Ignacio Álvarez-Ossorio.
Los musulmanes suníes representan en torno al 75 % de la población siria, donde conviven numerosas etnias y minorías religiosas como los alauitas, la secta chií a la que pertenecían los Asad y que controlaba los principales engranajes del poder civil y sobre todo militar hasta su repentina caída.
Para el también profesor universitario, Ignacio Gutierrrez de Terán, Hayat Tahrir al-Sham (HTS), "desde el primer momento, ha tenido una prioridad y es no escandalizar ni alarmar a nadie, ni dentro ni fuera de Siria. Se ha centrado mucho en la cuestión de las comunidades religiosas y étnicas".
Gutierrez de Terán recuerda que debido a años de dictadura por parte de la minoría alauita "una sensación de miedo se ha apoderado de algunos miembros de comunidades minoritarias, como los propios alauitas, pero también los drusos y también los cristianos, sobre todo los ortodoxos, que son mayoría dentro de la comunidad cristiana siria".
Un miedo a represalias contra estas minorías del régimen y prorrégimen, pero también a que los rebeldes suníes impongan la ley islámica (sharia), prohíban prácticas religiosas diferentes a la suya o expulsen o asesinen en masa a determinados grupos. En resumen, aclara, a que vaya a haber una venganza.
En este sentido, explica que, por el momento y contrariamente a estos temores, desde el primer momento, los dirigentes del HTS "han llevado a cabo negociaciones con dirigentes de diversas comunidades, empezando por alauitas y drusos, por ejemplo, y han intentado tranquilizarlos y decirles que van a intentar llevarlos a todos a órganos de poder y a que participen para que haya una dirección mancomunada".
"Que esto lo consigan o no está por ver, que sea una intención táctica o algo que verdaderamente nace de una convicción de la necesidad de crear una nueva Siria plural y polifacética, pues también es un tema que habría que verlo", advierte.
Por su parte, Álvarez-Ossorio apunta que ante el nuevo reto del HTS, acostumbrado a administrar "una provincia rural como Idlib, con cuatro millones de personas", sus líderes necesitarán ahora establecer nuevos pactos.
"Para gobernar todo ese vasto territorio, necesariamente tienes que ser mucho más pragmático, tienes que ser mucho más dialogante y cooptar a esos grupos dentro de la arquitectura de este gobierno", dice.
Sin embargo, opina que este respeto e inclusión de las minorías no tiene por qué significar, ni mucho menos, que los rebeldes tengan en su agenda avanzar hacia una democracia de corte occidental.
"El programa de Tahrir al Sham es establecer un Estado islámico regido por la sharía. A lo mejor con una lectura más tolerante, menos extrema que la que impuso el Estado islámico, pero está claro que no van a renunciar, de la noche a la mañana, a este proyecto", dice, antes de advertir que eso no tiene por qué estar reñido con un sistema más tolerante y dialogante que "integre a las minorías y que ninguna se sienta perseguida".
En este sentido, apunta que, a diferencia del Estado Islámico, la conquista relámpago del HTS se realizó sin dejar un reguero de sangre, dialogando con los jeques de los lugares con los que iban acordando su rendición, incluso con antiguos miembros del régimen.
"Yo creo que eso es un signo de los nuevos tiempos y de que no hay que establecer un paralelismo entre el Estado Islámico o los talibanes y Tahrir al Sham, porque sería equivocado", concluye. EFE
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