
Redacción Ciencia, 13 ago (EFE).- El cambio climático fue el motivo por el que los megaincendios de 2023-24 fueron tan extremos en dimensión, muertes, desplazamientos y destrucción de la naturaleza; y de no reducir drásticamente las emisiones de CO2 y desarrollar medidas de adaptación, los fuegos serán más frecuentes los próximos años.
Así lo pone de manifiesto el informe "El Estado de los Incendios 2023/24", recogido este miércoles en la revista Earth System Science Data y realizado por cuatro prestigiosos centros británicos, entre ellos su agencia nacional de meteorología.
El estudio hace balance de los fuegos extremos ocurridos de marzo de 2023 a febrero de 2024, analiza sus causas y realiza proyecciones a futuro centrándose en los grandes incendios de esa temporada, ocurridos en Canadá, la Amazonía (especialmente en la parte brasileña) y Grecia.
En el caso de Canadá, se quemaron más de 150.000 kilómetros cuadrados, hubo que evacuar a 232.000 personas y 8 bomberos perdieron la vida.
En el estado de Amazonas (Manaos, Brasil), en zonas vecinas de la Amazonía occidental, y en Chile, Bolivia, Colombia y Venezuela occidental hubo récord de incendios debido a una sequía sin precedentes.
En Grecia, el incendio de Evros quemó unos 900 kilómetros cuadrados y fue el peor registrado nunca en Europa.
Las peores cifras de muertes atribuibles al fuego en la pasada temporada de incendios se dieron en Chile (131 muertes), Hawái (100), Argelia (34) y Grecia (19).
Los científicos han documentado cómo la contaminación humana causa una perversa retroalimentación: el cambio climático provoca más incendios y las quemas aumentan los niveles de CO2 en la atmósfera causando más calentamiento.
En la temporada 2023/24, las emisiones de CO2 causadas por los incendios forestales fueron un 16% superiores a la media: con 8.600 millones de toneladas de dióxido de carbono, la cifra más alta de contaminación atmosférica atribuible al fuego desde 2003.
La cifra total quemada por el fuego la pasada temporada, 3,9 millones de kilómetros cuadrados, estuvo en la media de las dos últimas décadas, por lo que el impacto tan negativo en las emisiones se debió a que los incendios se cebaron en los bosques densos, que además son los que más tardan en recuperarse de las llamas (siglos en muchas ocasiones).
El cambio climático alimenta las condiciones cálidas y secas que constituyen el caldo de cultivo de los incendios, y los investigadores subrayan que debido al calentamiento los fuegos extremos fueron 20 veces más probables de lo normal en la Amazonía la pasada temporada, 3 veces más en Canadá y 2 veces más en Grecia.
Además, los investigadores han estudiado cuál habría sido la extensión de esos incendios sin el contexto de impactos climáticos en el que se produjeron, llegando a la conclusión de que hubiera sido un 18 % menor de la que fue.
En el caso de Canadá y Grecia, la transformación del paisaje por el hombre, con actividades como la agricultura, silvicultura o gestión forestal, ayudó a frenar las llamas; mientras que en el caso de la Amazonía fue al contrario y la deforestación o la degradación del suelo por el hombre amplificó la vulnerabilidad.
"En muchos bosques tropicales como la Amazonía, la deforestación y la expansión de malas prácticas agrícolas han exacerbado los efectos del cambio climático sobre el riesgo de incendios forestales, dejando estos ecosistemas vitales más vulnerables", señala Chantelle Burton, investigadora de centro de meteorología británico (Met Office) en rueda de prensa.
De continuar en un escenario de altas emisiones, como el actual, los megaincendios serán 6 veces más frecuentes en Canadá de aquí a finales de siglo, 3 veces más en la Amazonía occidental y 2 veces más en Grecia.
Burton lo ha ejemplificado así: "Uno de cada dos canadienses nacidos hoy tendrán posibilidades de sufrir las consecuencias directas de un gran incendio, frente a 1 de cada 10 de los nacidos en la década de los 40 del siglo pasado".
La probabilidad de megaincendios en el futuro (2090) dependerá de cómo se empeore o no el cambio climático, advierten los investigadores.
En un escenario de emisiones altas habrá entre un 65 y un 90 % de posibilidades, un 48-84 % en un contexto de emisiones medias-altas y un 19-76 % en un escenario de bajas emisiones.
La frecuencia e intensidad de los grandes incendios puede reducirse hasta dos tercios en Canadá en un escenario de bajas emisiones, y no aumentar ni en la Amazonía ni en Grecia.
Aun en el mejor de los escenarios, el cambio climático ya acumulado seguirá afectando negativamente a los incendios por lo que los expertos insisten en la importancia de desarrollar con urgencia planes de adaptación robustos y una buena gestión del suelo.
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