De Paavo Nurmi a Jakob Ingebrigtsen

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David Ramiro

París, 29 jul (EFE).- La historia de los Juegos está repleta de grandes deportistas. Hace más de cien años el finlandés Paavo Nurmi empezó a escribir el libro del atletismo olímpico, que en París podría tener un nuevo capítulo con el noruego Jakob Ingebrigtsen, un mediofondista superlativo que está marcando época y que a sus 23 años busca seguir agrandando su abultado palmarés plagado de medallas y récords.

El 13 de junio de 1897 nació en Turku Paavo Johannes Nurmi, el llamado 'finlandés volador'. Un atleta excepcional que llegó a batir veintidós plusmarcas mundiales entre los 1.500 metros y los veinte kilómetros y que llegó a acumular doce medallas olímpicas, nueve de ellas de oro, entre los Juegos de Amberes 1920, París 1924 y Amsterdam 1928.

Un siglo después de ser coronado campeón olímpico en París en 1924, Paavo Nurmi sigue siendo el mejor atleta de todos los tiempos en la historia de los Juegos. No obstante, la gran hazaña que protagonizó con dos victorias con solo 55 minutos de diferencia en las finales de 1.500 y 5.000 en la ciudad francesa fueron el colofón a los dos récords mundiales que registró en una hora en ambas distancias en Helsinki un mes antes.

Nurmi se llevó la medalla de oro individual y también por equipos en la exigente carrera de campo a través de 10 km en la que 23 de los 38 participantes no lograron terminar la prueba. Varios tuvieron que ser hospitalizados tras luchar contra temperaturas de 45 grados y humos nocivos de una chimenea industrial.

La irrupción de Nurmi supuso un antes y un después en el atletismo mundial, que hasta entonces había tenido como gran referencia al estadounidense Raymond Ewry, que acumuló nueve oros en las citas de París 1900, San Luis 1904 y Londres 1908 en salto de longitud, altura y triple salto, cuando se hacía sin impulso.

En 1924, antes de que se utilizaran los tacos de salida, los velocistas tenían que llevar consigo una paleta para cavar hoyos en la pista para la salida. Los atletas también eran registrados por un grupo de jueces que llevaban un cronómetro.

Sus sucesores olímpicos en 2024 llegarán a sus marcas en tacos de salida metálicos conectados a un sistema de cronometraje electrónico, un sistema exhaustivo y preciso de medición que deja poco margen a la duda.

En 1924, los atletas estaban separados en sus carriles por cuerdas bajas que se extendían a lo largo de toda la recta final. Usaban botas de cuero negras o marrones con clavos y vestían camisetas gruesas de algodón y pantalones cortos hasta la rodilla.

Los atletas olímpicos de París 2024, muchos de ellos con grandes medios para preparar las competiciones importantes con todo un equipo detrás y presupuestos para entrenarse en altura, cuentan con todos los avances tecnológicos y textiles a su disposición para poder volar sobre la pista o el asfalto con la fibra de carbono como principal soporte.

Ese avance en el calzado ha sido notorio en las pruebas de larga distancia. Durante muchas décadas después de los Juegos Olímpicos de 1924, sobre todo los corredores de maratón más importantes usaban el calzado más básico. Algunos, como el campeón olímpico de 1960 y 1964, Abebe Bikila, llegó a correr descalzo.

En París, gran parte de la atención de los amantes del atletismo estará puesta en el noruego Jakob Ingebrigtsen, que en Tokio 2020 ganó el oro en los 1.500 y ahora aspira a volver a subir al podio en una de las distancias míticas. En estos tres años desde los últimos Juegos, que se disputaron en 2021 por la pandemia de Covid, ha ido mejorando en cada competición importante y su objetivo es el doblete con los 5.000.

Su talento al correr, su forma de no amedrentarse ante los retos y su carácter arrogante le hacen ser foco de todas las miradas cada vez que sale a la pista. Pese a su juventud, 23 años, sus límites ahora mismo no parecen tener techo, aunque la reciente paternidad parece haberle serenado. EFE

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