Carlota Ciudad
Lisboa, 3 ago (EFE).- Pedir una excedencia en el trabajo, dimitir o solicitar vacaciones son los métodos por los que muchos peregrinos y voluntarios han optado para poder participar en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que congrega esta semana a cerca de un millón de fieles en Lisboa.
Todo para ver al papa Francisco y estar con otros católicos jóvenes en la capital lusa en un macroevento que se organiza cada tres años en un país diferente.
Con paquetes que oscilan entre los 30 y los 145 euros para cubrir alojamiento y alimentación durante la JMJ, voluntarios de todo el mundo colaboran con la organización para ayudar a los peregrinos.
Antonio Ángel Garrido tiene 31 años, es español y decidió pedir una pausa en su trabajo para llegar en mayo a Lisboa y apoyar en los preparativos como parte de una "aventura en solitario".
Pidió un permiso "temporal" en su trabajo en España, en el Movimiento católico Laudato Si, hizo las maletas y se instaló en un seminario donde se hospeda, lo que le recuerda, dice, a su época universitaria.
"Sería un proyecto que estaría casi al nivel de unas Olimpiadas pero sin ningún tipo de presupuesto, que sería la gran diferencia. Hay un equipo humano que es de valorar, porque en gran medida son voluntarios todos los que lo componen", defiende este voluntario cordobés en declaraciones a EFE.
Explica que entre los voluntarios de larga duración, que apoyan a la organización desde hace meses, hay incluso quienes han renunciado a su trabajo.
También dejó su trabajo su compatriota Paula Vinent, una voluntaria de 25 años que obtuvo una beca del Banco Santander por la que recibe 750 euros de apoyo para 3 meses de trabajo en la JMJ de Portugal.
Educadora social y con formación en audiovisuales, fue convocada a finales de mayo y renunció a su trabajo. Compró un billete de ida desde Valladolid y se mudó a la capital lusa.
Reconoce que fue la cercanía de Portugal, además de sus ganas de ayudar en este macroproyecto católico, lo que la motivó a apuntarse.
"Muchos voluntarios decían 'me he gastado mucho dinero por el billete y eso es por mi cuenta'. En mi caso, fueron unos 30 euros. Fue muy bien eso. Si hubiera sido en otro país lo habría valorado pero si fuera en otro continente tal vez no habría podido", reconoce.
¿Por qué dejarlo todo para participar en una JMJ? "Impregna todas las dimensiones de la persona y de su vida. Es un evento cultural y personal, porque toca el corazón" y "te hace plantearte preguntas importantes en la vida", responde.
Ana Lucía Pérez se arriesgó más. Con 28 años dejó su trabajo en Guatemala para sumarse como peregrina en la JMJ.
Asegura que este es "un momento culmen tras años de espera", ya que se decidió a participar en una JMJ por primera vez al finalizar la edición en Panamá, que fue en 2019.
"Hay momentos en la vida en los que uno lo necesita más. Es mucha emoción", asegura a EFE, lo que la llevó a dimitir y organizar una visita de poco más de dos semanas a Europa: "Tenía que venir y ya", resume.
Otros explican que solicitaron vacaciones entre el 1 y el 6 de agosto, coincidiendo con la JMJ, que estaba programada inicialmente para 2022 pero se retrasó por la pandemia. EFE
cch/mar/alf
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