Rescatistas voluntarios realizaron el martes puentes aéreos constantes a las áreas remotas de Papúa Nueva Guinea en busca de víctimas aisladas, dos días después de un potente terremoto de 7,6 grados de magnitud.
El sismo sacudió gran parte del norte del país y dejó siete muertos, pero la escala del desastre apenas se está conociendo.
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Al menos 389 casas colapsaron en el poblado de Madang, según equipos de la ONU en el terreno.
Se teme que el saldo de daños aumente cuando los socorristas lleguen a otras comunidades.
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Maki Igarashi, de la Federación Internacional de la Cruz Roja, dijo a AFP que es "muy difícil acceder a la mayoría de los sitios" debido a que las áreas afectadas son muy remotas.
La funcionaria señaló que el epicentro del sismo fue "en el medio de la selva".
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Ante la falta de recursos del gobierno, gran parte del rescate lo realizan pequeñas empresas privadas y voluntarios.
El piloto Jurgen Ruh, propietario de Manolos Aviation Limited, dijo a AFP que "perdí la cuenta" de las evacuaciones médicas que realizó desde el terremoto del domingo.
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La persona más joven que rescató fue una niña de dos años con el cráneo fracturado, la cual sobrevivió tras una cirugía de emergencia, dijo.
El sismo fue el más fuerte en el país del Pacífico desde 2002, pero hasta ahora cobró menos vidas que otro de 2018 que dejó 145 muertos.
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mmc/arb/cwl/mas/zm
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