Con su equipo de inspectores, Rafael Grossi, el diplomático argentino al frente del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), pone todo su empeño en alejar el espectro de un desastre en la central nuclear ucraniana de Zaporiyia.
Tras semanas de intensas negociaciones, el diplomático se dirigió el lunes hacia la planta, la mayor de Europa y blanco de bombardeos de los que Ucrania y Rusia se acusan mutuamente.
Ese mismo día, la foto que acompañó su tuit, retomada por varios medios, marcó el tono de su periplo que empezó en Viena, la sede de la agencia de la ONU.
Pese a que el viaje se vio perturbado por "actividades militares", Grossi, de 61 años, se negó a dar marcha atrás. "No nos detenemos, nos movemos, deséennos suerte", dijo, vestido con un chaleco antibalas.
Su visita a la central, que cayó en manos rusas en marzo, solo duró unas horas y fue criticada por el presidente ucraniano Volodimir Zelenski, que reprochó al OIEA haber pasado por alto la cuestión de la "desmilitarización" del recinto.
El Kremlin, por su parte, consideró que la misión había sido "muy positiva", aunque dijo es "demasiado pronto" para evaluar sus conclusiones.
- "Perseverancia" -
Atrapado en el fuego cruzado, surge la pregunta de si Grossi corrió demasiados riesgos. En cualquier caso, puede felicitarse por haber establecido una presencia permanente del organismo con dos inspectores.
"Hagan saber al mundo que el OIEA permanece en Zaporiyia", insistió el director general del organismo. La medida es "indispensable para estabilizar la situación y tener actualizaciones regulares, fiables, imparciales y neutrales", añadió.
Los diplomáticos occidentales elogiaron al unísono su acción, aunque en los círculos de la ONU se suele valorar la discreción.
"Está explorando todas las vías, es muy valiente y no estoy seguro de que otro director general del OIEA hubiera hecho lo mismo", comentó una fuente europea.
Philippe Errera, director general de asuntos políticos del Ministerio francés de Relaciones Exteriores, coincide. En Twitter, alabó la "perseverancia" del diplomático.
Para la embajadora estadounidense ante las organizaciones internacionales en Viena, Laura Holgate, la misión en Zaporiyia constituye "una etapa determinante", señaló a la AFP.
El hecho de que el OIEA permanezca en el lugar "no garantiza que se evite una catástrofe nuclear, pero debería limitar el riesgo y rebajar las tensiones", afirma por su partes Kelsey Davenport, experta de la Asociación de Control de Armas, con sede en Estados Unidos.
En un contexto de "desafíos sin precedentes" y "una afrenta directa al orden nuclear", Grossi "estuvo a la altura de las circunstancias", "al no ceder a la presión política", dijo a la AFP.
A finales de marzo, Grossi visitó otra central en el sur de Ucrania y un mes después, acudió a Chernóbil, donde se produjo el accidente nuclear civil más importante de la historia tras la explosión de un reactor en 1986.
- Firme con Irán -
Grossi fue designado director general del OIEA a finales de 2019 tras desempeñar el cargo de embajador argentino en Austria. Desde su nombramiento, ha tenido que lidiar también con las negociaciones para reactivar el acuerdo nuclear iraní.
El organismo de la ONU es responsable de supervisar el cumplimiento de los compromisos de Teherán en virtud del pacto alcanzado en Viena en 2015 con las principales potencias (Reino Unido, China, Francia, Alemania, Rusia y Estados Unidos).
Pero desde que Estados Unidos abandonó el acuerdo en 2018, bajo el mandato de Donald Trump, y restableció las sanciones, la República Islámica ha dejado de cumplir sus obligaciones y ha restringido el acceso a los inspectores de la ONU.
En varias ocasiones, Grossi lamentó estar "navegando a ciegas" aunque no dudó en subirse a un avión para encontrar soluciones.
Pero el diálogo llegó a un punto muerto después de que en junio, el OIEA urgió a Teherán "cooperar" tras el hallazgo de restos de uranio enriquecido en tres sitios no declarados del país.
Desde entonces, Irán pide que el organismo cierre su investigación sobre los sitios no declarados en el país, algo que Grossi rechaza.
Polígloto y padre de ocho niños, el diplomático multiplica sus apariciones mediáticas y tendría la vista puesta en el puesto de secretario general de Naciones Unidas para 2026.
Rumores que desmintió a principios de agosto en Nueva York: "Tengo un montón de asuntos terriblemente importantes que ocupan mi tiempo y me quitan el sueño, y eso es lo único que me importa".
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