
Madrid, 10 jun (EFE).- Aún tiene mucho que decir en la Eurocopa Joachim Low, al que se le acumulan las ofertas después de advertir que una vez culminara el periplo de Alemania por la competición europea dejará el banquillo de la selección germana.
Fue el 9 de marzo pasado cuando este técnico nacido en Schönau hace 61 años anunció que pondría fin a su recorrido como seleccionador después de tres exitosos lustros en el cargo. Una decisión personal barruntada tiempo atrás y que será efectiva en cuanto la maquinaria teutona concluya el torneo. Como muy tarde, el 11 de julio, tras la final de Wembley. Es esta competición su asignatura pendiente.
Tiene fecha de caducidad el trayecto de Low, uno de los seleccionadores más exitosos de Alemania. Un hombre metódico que fue capaz de cambiar la idiosincrasia del fútbol de su país, de dar un giro al sistema, de modernizar la forma de jugar.
Joachim Low desatendió parte de los principios del juego germano. Esos amparados en la fuerza, en el coraje, en el fútbol directo y en la autoridad. Eran otros tiempos.
Los tiempos de España. La llegada al banquillo de Low, tras el Mundial de Alemania 2006, como sustituto de Jurgen Klismann, del que fue ayudante durante dos años, coincidió con la irrupción y el dominio de la roja de Luis Aragonés y Vicente del Bosque. Un fabuloso ciclo de dos Eurocopas y un Mundial, el de Sudáfrica. El conjunto germano fue varias veces víctima del autoritarismo español.
Low insistió en la idea de Klismann. Los tiempos habían cambiado y el equipo alemán, uno de los más reputados de la historia, no podía quedarse atrás.
Joachim Low asumió el reto. Siempre sintió predilección por la pizarra a la que se aferró primero como técnico del Stuttgart al final de los noventa con el que ganó la Copa de Alemania y llegó a la final de la extinta Recopa. Unos éxitos y una repercusión que alimentó con experiencias en cualquier fútbol. Estuvo en Turquía, en el Fenerbahce y en el Adanaspor. También en Austria, en el Wacker Innsbruck y en Viena. Hasta que Klinsmann le reclutó para la Federación Alemana.
Fue su sucesor. No influyó el hecho de que no despuntara como jugador, con una carrera limitada a temporadas cortas en el Friburgo, Stuttgart, Eintracht Fráncfort o Karlsruher. No se asentó y no destacó en exceso sobre el césped. Solo conoció a la selección en las categorías inferiores y, después, como técnico.
Low aprendió de aquella final contra España en la Eurocopa de Austria Suiza 2008. Llevaba dos años como seleccionador y no regateó elogios a su adversario. Aquella era la manera de jugar y la fórmula para proceder.
Asumió una reconversión en el equipo. Aprovechó el talento de la hornada que apretaba, distinta, al margen del clasicismo alemán. Encontró a jóvenes como Manuel Neuer, Mesut Ozil, Toni Kroos, Sami Khedira o Thomas Muller. No ganó el Mundial en Sudáfrica. Volvió a ser arrinconada por España en la semifinal. Pero lejos del cese, la Federación de Alemania amplió la confianza en la idea de Low.
El seleccionador instaló su idea. La del gusto por el balón y por el toque. Por la elaboración. Por el juego. La del esplendor del pase, la de la posesión.
Fue cuatro años después cuando llegó su explosión en el banquillo alemán. El dominio español decayó después de lograr la Eurocopa de Polonia y Ucrania y el plantel de Low tomó el relevo. Fue en Brasil 2014, en el Mundial, cuando el éxito le llegó.
Hizo de Alemania un equipo intratable. Sonrojó a Brasil en Belo Horizonte en las semifinales (1-7) y se impuso a la Argentina de Leo Messi en la puja por el título. Joachim Low acabó campeón. Campeón del Mundo.
El trayecto y la idea habían funcionado. La apuesta por este preparador con aires de actor de cine y puesta en escena sosegada, situó a su fútbol en la cima. Abanderado por una talentosa generación en plena madurez.
Low procuró alargar el rendimiento de aquella camada. Se quedó en puertas de la final en la Eurocopa de Francia 2016, que advirtió la decadencia del equipo que el seleccionador no supo ver. Tocó fondo después, en el Mundial de Rusia 2018 donde por primera vez en la historia Alemania no pasó la fase inicial.
Ni el juego era igual ni tampoco los resultados. Ahora, quince años después de aquel inicio en agosto del 2006 ante Suecia, Low ha decidido echar el cierre a su etapa en la selección con un gran reto por delante. Llevar a Alemania a su cuarto título en la Eurocopa, la competición donde no logró triunfar.
Santiago Aparicio
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