TÚNEZ (AP) — La policía usó gas lacrimógeno para dispersar protestas violentas lideradas por jóvenes disgustados en varias ciudades tunecinas durante la noche, incluso en la capital de Túnez y en la ciudad a la orilla del mar de Susa.
Los tunecinos en general están molestos de que el país del norte de África está al borde de la bancarrota y tiene servicios públicos deficientes. Y muchos se sienten frustrados de que al cumplirse 10 años de la revolución que derrocó al presidente autócrata Zine El Abidini Ben Ali haya poco que mostrar en cuanto a mejoras.
La policía se involucró cuando tiendas y bancos eran saqueados y vandalizados, y arrestaron a “docenas” de jóvenes, según la agencia de noticias oficial TAP. Los manifestantes bloquearon vialidades con neumáticos en llamas, y arrojaron piedras y otros objetos a la policía y comercios, según el Ministerio del Interior, que agregó que la situación en el país ya estaba “tranquila” el domingo.
En videos en redes sociales se veían persecuciones dramáticas en callejones entre grupos de jóvenes y la policía que usaba gas lacrimógeno para dispersarlos.
El jueves, Túnez celebró el 10mo aniversario de la huida al exilio de Ben Ali, quien fue expulsado del poder en una revuelta popular que dio pie a los levantamientos regionales a favor de la democracia, al conflicto y guerra civil en el norte de África y el Medio Oriente, que llegó a conocerse como la Primavera Árabe.
Como resultado, surgió una democracia incipiente en Túnez y, a pesar de las ganancias el país ha estado bajo presión por ataques extremistas, conflictos políticos internos, una economía debilitada y promesas no cumplidas, incluido el desarrollo del interior.
Últimas Noticias
Iván Cepeda inscribe candidatura y apunta a ganar Presidencia colombiana en primera vuelta
Trump insiste en su rechazo al nuevo ayatolá y pide una transición como la de Venezuela
El primer ministro de Irak reafirma a EEUU su negativa a que su país se vea arrastrado al conflicto con Irán
Tras conversar con Washington, Mohamed Shia al Sudani remarca que Bagdad mantendrá su posición de neutralidad, descartando implicaciones en tensiones regionales y reiterando la obligación de resguardar delegaciones extranjeras ante la escalada de acciones militares en Oriente Próximo
