"No queremos ver renacer aquellos tiempos", dice testigo de juicio de exguardia nazi

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Las piras de cuerpos ardiendo en los bosques alrededor del campo de concentración nazi Stutthof todavía atormentan a Marek Dunin-Wasowicz, de 93 años, un testigo crucial en el juicio del exguardia de las SS Bruno Dey, que debe concluir este jueves en Hamburgo.

Para Dunin-Wasowicz, que pasó varios meses en este campo alemán cuando tenía 17 años, después de ser detenido como presunto miembro de la resistencia polaca, el juicio de Hamburgo es mucho más que un simple juicio sobre si Dey es culpable o inocente.

"Ya sea indirecta o directamente, participó en un asesinato. Es un criminal", declaró a la AFP este experiodista y escritor, en una entrevista en su apartamento de Varsovia.

Dunin-Wasowicz se declara "indiferente" a las declaraciones de Bruno Dey. No quiere venganza ni disculpas.

Pero, "por una cuestión de honor", decidió ser codemandante en el juicio, quizá uno de los últimos sobre los crímenes nazis, en nombre de las más de 60.000 víctimas que murieron en este campamento y los pocos supervivientes vivos.

El exprisionero espera que su testimonio se escuche en Alemania, país natal del nazismo, en un momento en el que la retórica de extrema derecha gana terreno en Europa.

"No queremos ver renacer estos tiempos", insistió.

Después de declarar en el juicio el año pasado, recuerda haberse sorprendido cuando se formó una fila de espera en su mesa en la sala del tribunal.

"Vinieron a pedir perdón en nombre de sus abuelos, de sus padres. Me quedé atónito. No me lo esperaba. ¡En el corazón de Alemania!", declaró a la AFP.

- "Sabía lo que ocurría" –

Marek Dunin-Wasowicz llegó a este campamento de la costa báltica de la Polonia ocupada en mayo de 1944. Escapó en febrero de 1945.

No se acuerda de Bruno Dey, pero los archivos demuestran que el guardia estaba allí durante ese tiempo.

Durante el juicio, Bruno Dey afirmó que no estuvo directamente implicado en los malos tratos infligidos a los prisioneros, y que se limitaba a montar guardia en una torre de vigilancia.

Según Marek Dunin-Wasowicz, los guardias de las SS como Bruno Dey también escoltaban a los prisioneros hasta las cámaras de gas y custodiaban a los que trabajaban fuera del campamento.

Según la fiscalía, Bruno Dey es culpable de haber formado parte de la máquina de matar nazi.

Una decisión histórica de 2011 contra el exguardia John Demjanjuk sentó precedente para este tipo de procesamientos.

Desde entonces, Alemania ha llevado ante la justicia a otros exmiembros de las SS por este mismo motivo y no por atrocidades cometidas directamente.

Marek Dunin-Wasowicz rechaza las explicaciones de Bruno Dey de que no tenía elección. Reconoce que no sabe lo que habría hecho en su lugar porque la alternativa más evidente al servicio en el campamento hubiera sido ser enviado al frente del Este.

"Sabía lo que estaba sucediendo allí. No debería haberlo hecho", declara el exprisionero, considerando "inexcusable" que Alemania haya tardado tanto en juzgar a personas como Bruno Dey.

- "El horno crematorio no daba abasto" –

Al principio, Stutthof debía recibir a los dirigentes de los servicios de inteligencia polacos y fue el primer campo nazi construido fuera de Alemania, a partir de septiembre de 1939.

Fue también el último campo liberado por los aliados al final de la guerra, en mayo de 1945.

Marek Dunin-Wasowicz se acuerda de haberse sentido positivamente sorprendido cuando bajó del tren de mercancías que transportaba a unos 900 hombres.

Cerca del campo había flores y cisnes en un estanque. "Un paraíso", recuerda haber pensando antes de atravesar el portón del entrada del campo, conocido como la "puerta de la muerte".

Stutthof pasaba en aquel momento de campo de concentración a campo de exterminio, una pieza del plan nazi para eliminar a los judíos europeos.

El joven se puso el uniforme y recibió un número, el 35.461, que le acompañará hasta el final de su vida.

Poco después siguió el consejo de un médico y se provocó una lesión en un dedo del pie para evitar los trabajos forzados y poder permanecer un tiempo considerable en el hospital.

Desde su cama y a través de una ventana podía ver la cámara de gas y el horno crematorio del campo.

Se acuerda haber visto "siluetas" que avanzaban hacia la cámara de gas y se desvestían y algo más tarde, presos que "sacaban los cadáveres".

"El crematorio no daba abasto así que comenzaron a quemar cuerpos en hogueras, fuera del campo", recuerda Marek Dunin-Wasowicz.

- "No volvían a levantarse" –

En enero de 1945, recuerda haber escuchado los primeros disparos de artillería. La línea de frente se acercaba al campo. Los detenidos, él entre ellos, fueron obligados a caminar por los campos, con la nieve hasta la rodilla, escoltados por las SS.

"Si alguien no podía seguir el ritmo, si no tenía fuerzas y caía, no volvía a levantarse porque las SS lo mataban de un disparo", cuenta.

Tras caminar durante dos semanas, él y su hermano huyeron.

El anciano siente hoy "una necesidad dolorosa y complicada" de expresarse para mostrar su rechazo al "fascismo, neofascismo y a todos los otros males que han sido provocados por la época de Hitler y los campos de concentración".

"Los prisioneros de los campos de concentración no queremos que las manos se levanten para hacer el gesto de saludar porque han sido hechas para saludar dando un apretón. No queremos gritos porque nos acordamos de los gritos de la Gestapo y de las SS en los campos", insiste.

"No queremos que se quemen los libros porque en aquella época empezamos quemando libros y después quemamos a las personas. Lo repetiré hasta que muera", concluye.

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