La "ruta de los Balcanes" vuelve a atizar el sueño europeo de los migrantes

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En la zona de separación de Idomeni, en la frontera greco-macedonia, Abdulá espera el momento propicio para colarse dentro de un tren y poder seguir "la ruta de los Balcanes", empleada por cientos de miles de migrantes en 2015.

Los primeros rayos de sol dejan al descubierto a las numerosas familias que duermen sobre los raíles o en los vagones de tren abandonados. En cuanto aparecen las primeras patrullas de la policía, todas desaparecen del lugar, corriendo por los campos colindantes.

"Mi hermano vive en Italia y quiero encontrarle", explica a la AFP Abdulá, un sirio de 20 años que afirma estar dispuesto a "hacer lo que sea necesario" para conseguirlo. Lleva dos días acampado en un edificio medio derruido cerca de la estación de tren de Idomeni, un pueblo del norte de Grecia.

El joven vive desde hace "varios meses en Grecia, sin trabajo" y "no ve ningún futuro".

Hace cinco años, cientos de miles de personas atravesaron a pie esta "tierra de nadie" con destino a Europa.

Pero el sueño europeo se rompió rápidamente: en marzo de 2016, los países de la Unión Europea cerraron sus fronteras y Grecia construyó un muro a lo largo de su límite norte.

Decenas de miles de personas que huían de la guerra, de persecuciones o de la pobreza se vieron de repente atrapadas en Idomeni, donde acamparon en tiendas y chabolas, hasta que fueron evacuadas por la fuerza por las autoridades griegas.

Desde entonces, los campamentos del país, en Grecia continental pero sobre todo en las islas del mar Egeo, están atestados de migrantes, que no dejan de llegar.

Y ante la incapacidad del país para atender a los 120.000 solicitantes de asilo que se encuentran en Grecia, muchos migrantes acaban viviendo en las calles, tanto en Atenas como en la frontera con Macedonia del Norte.

"Cada día, unas 200 personas llegan a Idomeni", lamenta Lazaros Oulis, que vive cerca del puesto fronterizo. "Algunos plantaron sus tiendas en los campos. Tenemos miedo de que Idomeni se convierta en un campamento", señala.

En Idomeni, la mayoría de los migrantes pasaron recientemente por la frontera con Turquía, a lo largo del río Evros, en el noreste de Grecia.

Después de las tensiones vividas con Ankara en marzo, cuando el presidente turco Recep Tayyip Erdogan anunció la apertura de sus puertas hacia Europa, Atenas reforzó las patrullas, con la ayuda de la agencia europea de control de fronteras, Frontex.

Aún así, centenares de solicitantes de asilo continúan cruzando clandestinamente cada día la frontera greco-turca.

- "A riesgo de electrocutarse" -

En plena noche, en Idomeni, grupos de migrantes intentan subirse a escondidas a un tren comercial que conecta Grecia con Macedonia del Norte, o abrir huecos en el muro que bordea la frontera.

"Saltan al tren a riesgo de electrocutarse o de perder la vida tocando los cables de alta tensión", explica un maquinista que no hace mucho descubrió a 42 migrantes irregulares en su convoy.

Aunque algunos logran pasar, la mayoría son arrestados por las patrullas normacedonias y expulsados a Grecia.

El pakistaní Musa se queja de haber sido "golpeado por policías normacedonios, y luego por los griegos" cuando regresó al país heleno. "¿Dónde están los derechos humanos?", declara indignado el joven de 19 años.

Con un grupo de compatriotas, logró llegar a Macedonia del Norte a través de un hueco abierto en el muro fronterizo.

Otros, desesperados tras varios fracasos, deciden caminar hasta Salónica, la metrópolis del norte de Grecia, a unos 70 km de Idomeni.

El somalí Omar Hasan, de 20 años, emprendió camino junto a un compatriota. "Vamos a dormir a la estación de Salónica", comenta, y señalando el brazo de su amigo, vendado, denuncia: "Miren lo que le han hecho".

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