En las calles de Belfast, muchos grafitis aún celebran a los paramilitares que se enfrentaron durante décadas al ejército británico, pero junto a ellos ahora hay un nuevo tipo de arte urbano, que rinde homenaje a los trabajadores sanitarios, en primera línea contra el nuevo coronavirus.
Desde que la epidemia de covid-19 azotó Irlanda del Norte, sus calles, conocidas por sus imponentes frescos que recuerdan las tres décadas de conflicto en la provincia británica, ahora ven florecer pinturas de médicos y enfermeras.
En uno de los muros, una pintada reza "NHS", el nombre del servicio de salud británico, en un gran corazón rojo que ahora adorna un "muro de paz", construido durante el período de conflicto para separar a los republicanos católicos, partidarios de la reunificación de Irlanda, y unionistas protestantes, vinculados al mantenimiento de la provincia británica.
En un barrio republicano en el norte de Belfast, un fresco muestra un arco iris y da las gracias a los profesionales sanitarios, retratados como héroes. A pocos pasos de distancia, se ve la imagen de un combatiente apuntando.
Dejando atrás las divisiones aún profundas, los artistas urbanos, tanto republicanos como unionistas, muestran con estas obras la unidad de la población frente a la pandemia, que ya ha matado a 418 personas en la región.
Estos grafitis "aparecieron rápidamente en las paredes de toda Irlanda del Norte", explica a la AFP Dominic Bryan, profesor de antropología de la Universidad de Belfast, quien señala que ya era palpable un sentimiento de unidad en los "momentos rituales" que constituyen los aplausos todos los jueves por la noche para los empleados del NHS.
- Marcar el territorio -
Durante las tres décadas que duró, el conflicto de Irlanda del Norte mató a 3.500 personas. Los Acuerdos de Paz del Viernes Santo, en 1998, pusieron fin a aquella época sangrienta.
"En las décadas de 1980 y 1990, los murales realmente florecieron", afirma Bryan, con numerosas representaciones de milicianos, encapuchados o armados, del Ejército Republicano Irlandés (IRA), opuesto a la presencia británica.
"Y los leales (a la corona británica) querían marcar su territorio de la misma manera", continua el investigador.
Después del conflicto, estos grafitis y consignas de inspiración militar continuaron formando parte del paisaje de Belfast. Es "una ciudad dividida", recalca Bryan.
Sin embargo, desde 1998, el arte callejero de Irlanda del Norte ha cambiado mucho, evolucionando sutilmente hacia representaciones que conmemoran la memoria de las víctimas o los frescos que muestran la paz, a través de momentos felices, niños jugando en las calles o hazañas deportivas.
Los homenajes a los trabajadores sanitarios son parte de esta tendencia, una señal de que las viejas heridas están sanando.
Pero más allá de la aparente unidad, el antropólogo ve que otra tendencia toma forma, a través de la figura a veces ambivalente del héroe.
Si bien las obras que representan a médicos y enfermeras surgen en las partes republicanas y las unionistas de la ciudad, ciertas imágenes "vinculan" metafóricamente "al NHS con la identidad británica o con una fuerza armada", explicó.
"Si vemos a los trabajadores sanitarios como soldados, quedan entonces conectados a conflictos anteriores", apunta.
Un mural que adorna las paredes de Glynn, una ciudad al norte de Belfast, muestra a estos profesionales colocando una bandera del NHS en la tierra manchada en forma de coronavirus, recordando la famosa foto de las tropas estadounidenses levantando su bandera en la isla japonesa de Iwo Jima.
"Existe una cohesión real, especialmente en los barrios de clase trabajadora", comenta Bryan, elogiando la "resiliencia" de estas comunidades. "Sin embargo, no hay duda de que el discurso en torno a esta crisis se volverá más complejo y, creo, más divisivo", concluye.
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