El número de estadounidenses que viajan en avión bajó a niveles nunca vistos en más de 60 años mientras la gente se refugia en sus casas para evitar contraer o propagar el nuevo coronavirus.
La Administración de Seguridad en el Transporte (TSA, por sus siglas en inglés) registró a menos de 100.000 personas el martes, un 95% menos que hace un año.
El conteo oficial de 97.130 personas que pasaron un control de la TSA exagera el número de viajeros, si es posible, porque incluye a algunos miembros de tripulaciones y a gente que sigue trabajando en las tiendas ubicadas dentro de los perímetros de seguridad de los aeropuertos.
Aunque los datos históricos diarios no se remontan tan atrás, el país tenía un promedio de 97.000 pasajeros diarios en 1954, según cifras de grupo sectorial Airlines for America. Era el inicio de la época dorada de los aviones: El Havilland Comet, el primero comercial, tenía apenas unos años y Boeing estaba realizando vuelos de prueba con el que se convertiría en su icónico 707.
A medida que los viajes en avión se hicieron más seguros y asequibles, el número de pasado creció casi cada año. El tránsito aéreo en el país estuvo suspendido varios días luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001, y la gente tardó meses en volver a volar.
Pero esta vez podría tomar más tiempo. La encuestadora Public Opinion Strategies dijo que menos de los estadounidenses entrevistados hace 10 días dijeron que se subirían a un avión en los meses posteriores a que se ralentice la propagación del virus.
TSA, creada tras el 11-S, ha estado reportando la caída en el tránsito aéreo, publicando la cifra de personas que pasan sus controles a diario. El 1 de marzo, fueron casi 2,3 millones _ casi el mismo dato que en 2019 _ pero la caída comenzó en la segunda semana de marzo y se detuvo hace apenas unos días, cuando ya no quedaba mucho margen de descenso.
“Es sorprendente ver la caída”, dijo Henry Harteveldt, un analista del sector de viajes. “La buena noticia es que esto muestra que la gente se está tomando las órdenes de permanecer en sus casas en serio”.
Algunos de los que todavía toman un avión son profesionales médicos que viajan a los focos de la pandemia, como Nueva York, para ayudar a atender a los pacientes con COVID-19, la enfermedad provocada por el virus. Unos pocos viajan para estar con sus familias.
Las aerolíneas han recortado drásticamente el número de vuelos para ajustarse a la demanda y ahorrar, pero pese a esto, la mayoría de los asientos quedan vacíos.
United Airlines asegura que está perdiendo 100 millones de dólares al día, mientras que Delta Air Lines sostiene que está gastando unos 60 millones por día. Todas las grandes aerolíneas del país han subvenciones federales para cubrir los costos de sus nóminas hasta septiembre, y algunas podrían solicitar préstamo o garantías de préstamo federales.
La recuperación del sector, si llega a ocurrir, podría depender de muchos factores como las normas de distanciamiento social y el estado de la economía, que se vio sacudida luego de que 10 millones de personas solicitaron beneficios de desempleo en las dos últimas semanas.
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