Un viaje navideño desde los olivares a los pesebres de Belén

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Foto de archivo. Un hombre
Foto de archivo. Un hombre palestino tala árboles de olivos cerca de Ramala, en la Cisjordania ocupada por Israel. 3 de noviembre de 2019. REUTERS/Mohamad Torokman.

Por Stephen Farrell

BELÉN, Cisjordania, 23 dic (Reuters) - Mientras los peregrinos contemplan las detalladas escenas navideñas en las vitrinas de las tiendas de la ciudad de Belén, pocos se detienen a pensar que parte de la madera usada proviene de olivos más viejos que la antigua historia que representan.

Los pesebres tallados en madera lacada son algunos de los recuerdos más populares que compran los turistas que visitan la ciudad palestina de Cisjordania, que según la tradición cristiana fue el lugar de nacimiento de Jesús.

Cuestan entre 2 y 70.000 dólares, dependiendo del tamaño y la calidad, y son tallados en unos 125 talleres de Belén y sus alrededores, cada uno de los cuales pone su sello distintivo en las figuras de Jesús, María, José, los pastores, los Reyes Magos y los ángeles.

Maher Canawati, presidente ejecutivo de The Three Arches, un negocio familiar cuyos orígenes se remontan al siglo XVI, dijo que un banco estadounidense le pagó el año pasado 120.000 dólares por un pesebre especialmente grande que instalará en su recepción.

La mayoría, según Canawati, se venden por entre 600 y 800 dólares.

Canawati, de 41 años, dijo que los olivos pueden tener más de 2.000 años, pero que su industria enfrenta fuertes multas si se tala un árbol sano. Las figuras son talladas a partir de ramas cortadas durante la temporada de poda en noviembre y diciembre, contó.

Y los grandes troncos que se usan para los pesebres suelen ser de árboles que han sido desplazados debido por nuevas construcciones u obras viales y que no han logrado adaptarse a su nueva ubicación.

"Esperamos dos temporadas para asegurarnos de que están muertos, de que no hay nada verde en ellos, antes de cortarlos", dijo. "Los olivos son árboles sagrados para nosotros e intentamos en la medida de lo posible convertir todos los árboles que cortamos (...) en objetos eternos", agregó.

(Reporte de Stephen Farrell. Traducido en la Redacción de Madrid. Editado por Lucila Sigal)