Para que dentro de poco usted pueda comprar este libro han tenido que pasar 600 años y combinarse la curiosidad de un noble polaco nacido a finales del XIX y de un editor burgalés que se ha convertido en un referente en réplicas de libros antiguos. Pese a este periplo histórico, nadie puede leer o discernir el significado del llamado "Códice Voynich", ni de su misterioso alfabeto o de una colección de imágenes fantásticas que han despertado todo tipo de teorías.
La vida de Wilfrid Voynich está repleta de descubrimientos y aventuras, pero es la adquisición en 1912 del manuscrito del siglo XV que lleva su nombre lo que le hizo pasar a la historia. Nacido de familia acomodada y con abolengo noble fue un combativo activista comunista durante los últimos años del Imperio Ruso, fue condenado a trabajos forzados a Siberia, se escapó a la remota Pekín y acabó en Londres dando rienda suelta a su afán de bibliófilo y de conspirador antizarista.
En sus cambalaches halló un libro antiguo que contiene un alfabeto desconocido, plantas jamás vistas por los botánicos o avanzados grabados astrológicos dibujados en algún momento del siglo XV, cuando Europa solo comenzaba a salir de su era más oscura.
Estas 252 páginas, que pudieron originarse en Europa Central o en la Italia del Renacimiento según los investigadores, han pasado por varios dueños y ahora descansan en los fondos de la Biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale, donde la semana pasada el conservador del centro permitió el acceso durante varios días al editor español Juanjo García, director de Editorial Siloé , una de las más afamadas por su cuidadas y fieles réplicas de códices y otros libros antiguos.
"Es un privilegio poder estar delante de este libro tan impresionante", explica García en entrevista con Infobae desde New Haven (Nueva York). Y es que este burgalés apasionado de códices, bestiarios e incunables es de los pocos expertos que puede pasarse unas horas en presencia del original de un manuscrito que contiene un alfabeto indescifrable y que ha obligado a rendirse a investigadores y criptógrafos de todo el mundo.
El libro es el único ejemplar que se conoce de un lenguaje que se ha bautizado como el "vonichés", un alfabeto lleno de arabescos que fue analizado en 2013 por el investigador Marcelo Montemurro, quien llegó a la conclusión que "el manuscrito presenta una compleja distribución de palabras que es comparable a la encontrada en lenguaje reales". Eso reduciría mucho la posibilidad de que sea, como algunos creen, un manuscrito realizado por divertimento o como una elaborada falsificación.
"Unas de las cosas más misteriosas es que representa temas y elementos muy avanzados para la época en que se inscribe con una forma primitiva", explica García, cuya editorial pronto sacará a la venta un facsímil casi idéntico de códice por primera vez desde que esta rareza comenzara a popularizarse entre aquellos amantes del misterio. "Se podría dar el caso que con el mayor acceso y publicación del códice alguien pueda dar con alguna nueva teoría para descifrarlo", aventura García, quien no obstante recuerda que muchos lo han intentado y han fracasado en el intento.
William Friedman, criptógrafo del Ejército estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, uno de los fundadores de la criptografía militar moderna y de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) fue uno de los primeros en estudiar a fondo las páginas del "Códice Voynich". Friedman y su esposa Elizabeth, también una reputada criptoanalista, pasaron tres décadas intentando descubrir el significado del Voynich hasta que un día declararon que sin duda se trata de un lenguaje perdido, pero indescifrable. Mujeres desnudas, plantas inexistentes, grabado médicos con detalles desconocidos por los matasanos de aquella época y cartas astrológicas completan un códice que ha despertado la curiosidad de eruditos de todas las épocas.
La editorial Siloé, elegida por Yale por su reconocido prestigio a la hora de replica obras literarias antiguas en delicado estado de conservación, ha visto excedidas sus capacidades de responder a la inmensa demanda que ha desatado el facsímil del "Códice Voynich", "con diferencia el lanzamiento que más interés ha despertado en la historia de la editorial", explica Juanjo.
Y todo eso pese a que un ejemplar de un facsímil antiguo, que replica hasta la textura del papel y en que participan más de 70 artesanos y especialistas, puede llegar a costar entre 500 y 15.000 euros por unidad.
Tras seis siglos, en un mundo hipertecnológico donde todo acaba desvelándose, el Voynich sigue resistiéndose a abandonar la estantería de los mayores misterios de la humanidad, tanto si fue una falsificación, como si se trata la historia de un mundo desconocido, el códice representa uno de los mejores ejemplos de la inagotable creatividad humana.
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