El nuevo libro de Mariano Narodowski, "Un mundo sin adultos. Familia, escuela y medios frente a la desaparición de la autoridad de los mayores" (Debate), presenta en su primer párrafo la hipótesis del fin de la infancia. Sin rodeos, explica que con el avance de la televisión (y subsiguientes formas de tecnología de pantallas) se borran los límites establecidos entre niños, adolescentes y adultos. Como los opuestos son complementarios, la extinción de la infancia implica, como contraparte, el fin de la adultez.
La tecnología, escribe Narodowski: "Habrá de generar una creciente equivalencia y similitud, y la consecuente supresión de las fronteras simbólicas, materiales o legales entre personas de diferentes edades".
Esta idea —aún provocadora— de disolución de las fronteras etarias fue inicialmente postulada por el sociólogo norteamericano Neil Postman hace más de treinta años y es la que en los seis capítulos de Un mundo sin adultos... Narodowski desglosa desde numerosísimas perspectivas: la industria del entretenimiento con sus videojuegos en versiones multiedad, la publicidad dirigida a niños como potenciales consumidores y las discusiones jurídicas respecto a la baja de la edad de imputabilidad penal, entre otros.
En esencia, el texto reflexiona sobre los principales cambios en las relaciones intergeneracionales: entre padres e hijos, entre docentes y alumnos. Son cambios que desde hace ya un tiempo preocupan, o por lo menos desconciertan. ¿Quién no ha pronunciado o escuchado frases como: "Los chicos ya no son los de antes", "El problema es que los docentes no saben nada", "Los padres de hoy no pueden poner límites"?
Partiendo del carácter histórico de la infancia moderna, el autor contrasta los conceptos de cultura posfigurativa y cultura prefigurativa, enunciados por la antropóloga Margaret Mead. A su vez, los linkea con letras de tango y rock, extractos de novelas, escenas de películas y de dibujos animados. De esta manera, nos permite comprender por qué el mundo actual posmoderno es un mundo sin adultos, donde las arrugas y las canas son males que conviene evitar.
En una cultura posfigurativa, explica Narodowski, los adultos se sacrificaban para proteger a sus niños. Se trataba de vínculos asimétricos: los mayores transmitían progresivamente los saberes necesarios para que los menores lograran su autonomía y alcanzaran la adultez. En este tipo de intercambio, los vulnerables e inocentes infantes obedecían y esperaban pacientes, porque la experiencia y la antigüedad lo eran todo.
Pero la infancia y la adultez ya no pueden diferenciarse en tanto lugares de no saber y saber, respectivamente. Narodowski ilustra el mundo actual como "un territorio aplanado de interacciones, amesetado, desjerarquizado, en el que los adultos perdieron su lugar como para responsabilizarse por los niños". En nuestra cultura prefigurativa, en un mundo tecnológico cambiante, la experiencia se convierte en una pesada e improductiva carga. Lo nuevo y lo inmediato son las herramientas más poderosas y conducentes al éxito. En este contexto, el sacrificio en pos de las generaciones más jóvenes se percibe carente de razón de ser y ha perdido por completo su legitimad social.
Un capítulo destacado se dedica al análisis de la desaparición de la infancia desde el plano pedagógico, ya que la escuela jugó en la modernidad posfigurativa un lugar fundamental: los sistemas educativos al servicio de que las generaciones más viejas transmitieran saberes a las más jóvenes (siguiendo la típica definición de educación de Émile Durkheim). Varios son los interrogantes que en el libro se abren respecto del futuro de la escuela; pero, a diferencia del lugar común que adoptan las "estereotipadas premoniciones de los actuales gurúes de la tecnología", Narodowski alerta sobre el histórico inconformismo respecto al formato escolar y las limitaciones para operar efectivas modificaciones.
En definitiva, y más allá del eco de familiaridad sobre estos fenómenos, gracias a las explicaciones que el libro nos ofrece, los hechos se vuelven más legibles. Después de leer Un mundo sin adultos..., el boom de los jardines maternales, los youtubers, las academias para emprendedores o el cierre de la juguetería más famosa del mundo (i.e. FAO Schwarz), por ejemplo, cobran nuevos sentidos. Un efecto de esta lectura más que loable, ya que nos posibilita como sociedad algo que es sumamente necesario: elevar la calidad del debate vigente frente a nuestros males de época.
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