En la ciudad de Zhengzhou, la firma Yotung probó seis buses autónomos con resultados positivos Shutterstock 162
En la ciudad de Zhengzhou, la firma Yotung probó seis buses autónomos con resultados positivos Shutterstock 162
Los vehículos autónomos son un tema caliente en la industria automotriz. Los nuevos horizontes que está experimentando el mundo de los autos abrió el espectro hacia la innovación, la tecnología y las computadoras al volante. Google y Tesla, con sus populares autos autónomos y eléctricos, convirtieron en realidades los proyectos de visionarios sobre nuevas tecnologías vehiculares. No iba a faltar demasiado para que los colectivos se contagiaran de esta idea.

Tres años de investigación, desarrollo e implementación han servido a Yutong, compañía radicada en China, a desarrollar el que consideraron el primer autobús autónomo del mundo. En la ciudad de Zhengzhou, seis prototipos adoptaron total autonomía para transportar a varios pasajeros, en una vía de tránsito tradicional, en un recorrido de 32 kilómetros superando su primera gran prueba. Según registros de la firma, alcanzaron una velocidad máxima de 68 kilómetros por hora, reconocieron 26 semáforos, realizaron cambios de carril, circularon junto a otros vehículos como en cualquier trayecto convencional y estacionaron en el sitio fijado, eximiendo al conductor de responsabilidades de manejo.

Su sistema de conducción inteligente consiste en tres segmentos: el sistema inteligente de control maestro, los sensores inteligentes y el sistema de control. Las tres partes reemplazan cerebro, ojos y oídos del conductor y trabajan en extrema coordinación para que el vehículo realice cualquier operación sin movimientos impropios de un conductor humano. Los sensores están equipados con un radar láser que identifica objetos a tiempo real y cuatro cámaras, una a cada lado del vehículo. Gracias a esa visión el control maestro acelera, frena, gira y se detiene ante las señales y los otros vehículos. Los láseres son los encargados de alertar rápidamente el potencial riesgo de colisión y adoptar las maniobras más prudentes al control de conducción, en pos de minimizar las contingencias. Bajo la coordinación de estos sistemas, las tasas de siniestralidad serían más bajas que las de un coche convencional: no existirían puntos ciegos ni distracciones y los tiempos de reacción y reflejos se acelerarían.


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Mientras el colectivo de Yutong se coronaba primero en todo el mundo en transportar pasajeros por ruta abierta sin ninguna intervención manual, en Europa las proyecciones para distribuir por las calles autobuses autónomos estaba planificando su lanzamiento. Suiza iniciará su aventura en la ciudad de Sion con dos autobuses autónomos y eléctricos a partir de mediados de 2016. Tendrán capacidad para transportar nueve pasajeros, estarán diseñados para cubrir el último kilómetro de viaje y podrán ser controlados a distancia, como una torre de control hace con los aviones. Estos micros pertenecen a la startup BestMile, compañía creada por ex alumnos de la École Polytechnique Fédérale de Lausanne (EPFL), Anne Koymans y Raphaël Gindrat, en enero de 2014. Los dispositivos se instalarán en unidades de la compañía francesa Navya y trabajarán en conjunto con la empresa CarPostal, la marca más importante de transporte público en Suiza. Los vehículos serán capaces de reconocer terreno, obstáculos, personas, animales y cualquier patrón externo que pueda intervenir en su camino, aseguran los creadores de esta tecnología.


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En España, la Comisión Europea a través del Séptimo Programa Marco eligió la ciudad San Sebastián como escenario para la primera prueba de autobuses automatizados, un proyecto que durará tres meses y recorrerá el Parque Científico y Tecnológico de Guipúzcoa. Los autobuses autónomos, con capacidad para doce pasajeros, forman parte del proyecto europeo CityMobil 2, cuyo objetivo es experimentar y profundizar en la integración de los vehículos autónomos en el espacio urbano y en un entorno real.


Trasladar las tecnologías de autonomía en los vehículos a las grandes urbes es el principal reto al que se enfrentan los colectivos sin conductores. Es allí, en las grandes metrópolis, donde más funcional puede resultar la instalación de estos softwares inteligentes. Todas las ciudades del mundo tienen un sistema de transporte público tradicional que podrá servir de inspiración, de experimentación o de activación.