Tapa del diario Clarín de 1988 en la que se anunciaba la  aplicación de medidas para paliar la falta de energía 162
Tapa del diario Clarín de 1988 en la que se anunciaba la  aplicación de medidas para paliar la falta de energía 162

Pasaron poco más de 27 años, pero poco parece haber cambiado: la escasez de energía vuelve a notarse con fuerza y propicia la vuelta de los cortes de luz programados. Una incómoda novedad para quienes no los vivieron. Un déjà vu para los que tienen más de 40 y lo recuerdan como si hubiese ocurrido anteayer.

En 1988 la Argentina vivió una de las peores crisis energéticas de su historia y la sociedad tuvo que acostumbrarse a vivir sin luz durante varias horas al día, porque el gobierno de Raúl Alfonsín aplicó un cronograma de interrupciones del servicio para ahorrar energía.

Aunque el contexto no reviste la misma gravedad, la historia se repite casi tres décadas después: el macrismo implementará hoy y mañana un esquema de cortes de luz para racionalizar la energía.

El alfonsinismo comenzó a limitar la prestación del servicio en abril del 88, pero en diciembre del mismo año debió profundizar las restricciones porque los problemas se agravaron debido al aumento de la demanda (a consecuencia del calor) y por una serie de inconvenientes adicionales: salió de servicio la central nuclear de Atucha, se cayeron dos bombas de la central hidroeléctrica de Embalse Río III y un incendio afectó una red que distribuía luz desde El Chocón.

En ese momento se decidió implementar una batería de medidas más amplia: además de los cortes de luz programados, se redujeron el alumbrado público, los horarios de transmisión televisiva y el tiempo de atención en los bancos; se prohibieron los espectaculos deportivos nocturnos, e incluso se fijó un orden de apagones de vidrieras y marquesinas, con la advertencia de que el incumplimiento de esta última reglamentación provocaría la aplicación de severas multas a empresarios y comerciantes.

Hace 27 años se aplicaban dos cortes diarios de tres horas, con un intervalo de seis horas entre ambos para "ordenar la actividad de los usuarios", según explicó Roberto Echarte, entonces ministro de Energía. La medida abarcaba un extenso horario (de 6 a 21) y se dejaba abierta la posibilidad sumar alguna interrupción extra, si la demanda del día era desmesurada.

El programa de emergencia energética duró prácticamente un año y el encargado de poner la cara lo recordó como un momento amargo: "Me inmolé, sabía que la medida me iba a costar el cargo", rememoró el ex funcionario en diálogo con Infobae, a finales de 2013. En 2016 la historia aún está por escribirse.