Diferentes estudios revelaron que la longevidad excepcional (más de 100 años) está relacionada con con el gen apolipoproteína E (ApoE), que se encarga de transportar las grasas, tales como colesterol y triglicéridos, alrededor del cuerpo.
El código de ApoE varía según la persona, ya que se hereda de la conjunción genética de los padres. Dos investigaciones en EEUU, el Estudio sobre Centenarios de Nueva Inglaterra y el Estudio sobre la Longevidad Familiar, ambos de la Universidad de Boston concluyeron que "los genes juegan un papel crítico y complejo en la facilitación de la longevidad excepcional"
Sin embargo, los científicos también determinaron que la manera en que se expresan los genes puede estar influenciada por el medio ambiente y el estilo de vida, dando lugar así a la epigenética que, entre otras cosas, estudia cómo la influencia de la dieta y el estilo de vida de una madre durante su embarazo puede influir en el tiempo que se vive.
Sin embargo, todavía se está lejos de descubrir la totalidad del proceso de envejecimiento. Para Thomas Perls, Director del Estudio sobre Centenarios de Nueva Inglaterra, lo hereditario "en general determina alrededor del 30% de la duración de nuestra vida. El estilo de vida y los factores ambientales determinan gran parte del 70% restante".
En ese contexto, Dan Buettner, explorador y escritor de National Geographic, recorrió el planeta para descubrir y estudiar los pueblos más longevos del mundo. De esa aventura salió "Las Zonas Azules", un bestseller donde realizó una descripción geográfica de esos lugares y en el que los pobladores relataron una serie de pautas de vida para vivir más de 100 años.
"Resulta que esos lugares confieren más longevidad que cualquier píldora que se pueda tomar. Tienen algunas características en común, tales como comer una dieta basada en vegetales y una actividad física moderada y constante", explicó Beuttner.
Entonces Buettner y un equipo conformado por médicos, antropólogos, demógrafos y epidemiólogos identificaron nueve prácticas que son comunes entre los longevos:
Moverse naturalmente
En estos lugares no existe en concepto de "ejercicio". Los pobladores no hacen rutinas fitness ni van al gimnasio. Sin embargo, sus días transcurren en tareas en los que el movimiento es crucial, desde aquellas relacionadas a sus oficios, como las que realizan en el campo, pastar animales o hasta cortar leña, con otras relacionadas a las del hogar. Eso sí, la gran mayoría no utiliza medios de transportes modernos y hacen sus viajes en bicicleta o caminando.
Entre las actividades cotidianas también se encuentra el ocio. Tienen uno o varios momentos al día para relajarse, que los ayuda a despejar la mente para luego retomar sus actividades. Entre las prácticas más comunes están la meditación, la contemplación, la oración y la siesta.
En Okinawa las personas tienen una palabra para esto: Ikigai, que se traduce como "La razón por la que te despiertas cada mañana". Los especialistas descubrieron que las personas de estos lugares tenían en claro cuál era su papel en la vida.
Mucha gente come hasta estar completamente llena, situación que puede generar sueño y quitar energía para las actividades, que es utilizada por el proceso de digestión. Según los especialistas se debe comer hasta un 70 u 80% del límite personal; hay que comer hasta estar satisfecho, no repleto.
La gran mayoría de los alimentos que consumen en las Zonas Azules son locales y frescos. Además existe un equilibrio en su dieta. No son vegetarianos, ya que comen carnes rojas, aunque solo cinco veces al mes.
En la moderación está la clave. Los habitantes de estos lugares toman una copita de vino dos veces al día, sacando provecho de los antioxidantes.
La pertenencia a un grupo religioso y espiritual está siendo cada vez más estudiada por la ciencia, la cual está probando que la fe sí tiene un efecto positivo en las personas y promueve la longevidad.
Cada vez hay más evidencias científicas sobre la influencia positiva o negativa que ejercen las emociones y los sentimientos en nuestro en sistema inmunológico, que es el encargado de defender a nuestro organismo de agentes agresores.
Entusiasmo, optimismo, alegría, amor, perdón, caridad, integridad y autorrealización fueron algunas de las características comunes que estas personas revelaron.
La mayoría de los centenarios viven con sus familias, jamás van a un geriátrico, y participan de las actividades que pueden. Si bien pueden existir conflictos, la sensación de pertenencia, como la sensación de amor, perdón y esperanza eleva su optimismo.
Los investigadores explicaron que la influencia del entorno no familiar también juega un papel crucial.
"Es importante saber elegir a los amigos. Si ellos tienen malos hábitos repercutirá en el largo plazo. Hay que rodearse de personas con hábitos saludables en todo sentido: espirituales, psicológicos y físicos. El optimismo se contagia, lo mismo con el pesimismo y lo mismo para ciertas conductas", dijo Buettner.
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