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Liliana Bodoc, escritora de vasta trayectoria, representante casi exclusiva de la épica fantástica latinoamericana –La saga de los confines– , lanza una nueva serie de libros para jóvenes –y no solo–. Fiel a su estilo detallista y minucioso, esta colección de cuentos tiene como ligazón los cuatro elementos de la naturaleza.

Los dos primeros volúmenes de la serie –agua (Ondinas) y fuego (Salamandras)–, lanzados en noviembre pasado, presentan de manera original relatos que tienen como eje dos de los componentes vitales para nuestra existencia. El próximo año llegarán el aire y la tierra.

Existe un primer juego que arranca desde el nombre propio de la colección, Elementales, en alusión a lo que vertebra estas historias y, a la vez, subyace lo antes mencionado: lo fundamentales que son para nuestra vida, lo imprescindibles, lo necesarios. Con una cadencia propia, los textos logran atrapar al lector y cuesta interrumpir la lectura.

A través de estas cinco preguntas de Infobae, la autora presenta, en sus propias palabras, la serie.

— ¿Cuál fue la motivación para la creación de estos nuevos libros?

— La escritura literaria siempre empieza por el deseo de contar nuevas historias. Después, en este caso, cada cuento surgió de una motivación específica, pero siempre emparentada con los temas que, me guste o no, se me prenden como abrojos: la historia, la magia, la injusticia que provoca el desamor, la sanación que surge del amor... No mucho más que eso. En otras palabras, la motivación es casi la misma que estuvo detrás de cada una de las obras que escribí. Deseo, pulsión de narrar y de explorar con el lenguaje, ganas de ser feliz.

— ¿Qué situaciones y hechos activan la creación de estos universos?

— En algunos casos, se trata de núcleos históricos sobre los que construí una situación ficcional. En otros, son relatos basados en realidades sociales o mundos interiores. También hay intertextos; es decir, cuentos que reescriben o reinterpretan obras de otros autores. Por ejemplo, en Salamandras, hay un cuento relacionado con "La pequeña vendedora de fósforos".

Quise trabajar sobre distintos géneros. Así, hay desde una carta a un cuento fantástico; desde una fábula a un romance; desde un relato realista a una breve obra de teatro. Hay, incluso, cuentos que toman, hasta donde es posible en la impresión, la forma y el color de los elementos. Un cuento en forma de remolino, un cuento en forma de silbido, un cuento que se va poniendo rojo, etc. Me entusiasmó mucho el desafío de transitar distintos registros, algunos cómodos para mí y otros, muy incómodos.

— ¿Por qué los cuatros elementos?

— Bueno, cuando escribo cuentos, me gusta hacerlo sobre algún eje temático. De hecho, ya lo hice con los colores. En esta oportunidad, pensé en varias opciones para "hilvanar" los relatos: las figuras geométricas, las especies aromáticas. Pero me quedé con los elementos, aire, agua, fuego y tierra, porque resultan imprescindibles para nuestra existencia. También porque aparecen en nuestras vidas en muchos formatos y categorías. El agua, por ejemplo, es río, lluvia, es sudor, lágrimas, nieve, burbujas, laguna mansa, naufragios. ¡Y también es sed!

— ¿Cómo construye, en miniatura, por ser cuentos, esos mundos, que son su marca personal?

— Honestamente, no tengo demasiado clara la respuesta... Pero, tal vez, se trate de un principio que rige mi escritura: siempre hay que saber más, mucho más de lo que se le cuenta al lector. ¿Será eso lo que da la impresión de "mundo"? No lo sé. Pero sí sé que escribo apenas una parte de lo que construyo sobre cada situación y cada personaje. La literatura, el arte todo, debe ser un iceberg: mucho más lo que esconde que lo que muestra.

— ¿Cómo cree que acogerán sus lectores estos nuevos libros?

— ¡Siempre es impredecible la reacción de los lectores! Tantas veces los libros de un mismo autor no tienen igual suerte. No me es posible asegurar que esta nueva propuesta va a ser recibida con entusiasmo. Sólo me siento capaz de asegurar que escribí estos libros con el mate de un lado y el alma del otro. El resto es la vida, el riesgo, el azar. El resto dependerá de la mayor o menor eficiencia del ángel a cargo.