Ricky Sarkany: "Siempre hay una buena excusa para que una mujer se compre zapatos"

El creador del calzado con el que todas las mujeres sueñan habló con Infobae sobre la pasión que este accesorio despierta en el género femenino, su historia familiar y qué implica ser empresario hoy en la Argentina

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—¿Qué no haríamos las mujeres por un par de zapatos?

—Creo que por un par de zapatos las mujeres hacen mucho más de lo que se imaginan. Hay un tema con la pasión de las mujeres por los zapatos ¿A dónde se remonta? Como para tener alguna razón cuento el cuento de la cenicienta, donde todo ronda alrededor de un zapato de cristal que termina siendo ni más ni menos que el símbolo del amor y la felicidad. ¿Cuántos zapatos puede tener una mujer? los que le entren en su vestidor o en su armario más que todos los que le entren afuera. ¿Cuándo compramos zapatos los hombres? Cuándo los que tenemos están gastados o no están acordes para un determinado evento. ¿Cuándo compran zapatos las mujeres? Cuando están contentas, enojadas, tristes, cuando están eufóricas, deprimidas, cuando tienen una reunión, por si tienen una reunión; cualquier excusa es buena para que una mujer se compre zapatos y eso es, justamente, porque no están comprando solo zapatos, es un tema emocional.

— Más allá de venir de familia de zapateros, tus padres tienen una historia súper interesante. Tu mamá estuvo en Auschwitz, tu papá se escapó del comunismo, ¿qué te marcó a vos de esa vida?

—Me quedó una enseñanza inmensa. Simplemente por haber nacido en un lugar maravilloso, en el centro de Europa, Hungría, cuna de arte, cuna de músicos y encima en una familia judía cuando se desató la Segunda Guerra Mundial, ellos tenían que convivir haciendo su trabajo cotidiano pero atento al sonido de sirenas que indicaba que iba a haber un bombardeo. Se tenían que esconder, esperar a que terminen las sirenas, salir del refugio y empezar a ver si sus amigos y familiares estaban bien, si ninguna bomba había caído cerca de su casa. Vivieron así, luego llegó el nazismo y entonces simplemente por haber nacido en una familia judía se los llevaron, a mi mamá a Auschwitz donde estaba en una fila con quien hoy sería mi tía, separan a unos a la izquierda, a otros a la derecha, a los 3 días mi madre pregunta: "Dónde está mi hermana? y le muestran una chimenea donde salía humo y le dicen: "Ahí está su hermana". Mi padre caminando descalzo sobre la nieve, yendo a un lugar que él desconocía se tira a un barranco, disparan, no lo hieren. Una familia lo esconde en su casa arriesgando su propia vida. Luego de eso se suma al ejército ruso haciéndose pasar por médico donde lo que tenía que hacer él era cortar la pierna a una persona para salvarle la vida porque tenía heridas de una mina, de una granada. Luego vuelven a Hungría, donde llega el comunismo y entonces su fábrica, del padre y del abuelo, pasó a estar en manos del Estado. Un día hubo un plebiscito para votar a favor o en contra, y mi padre votó en contra pero para votar en contra tenía que buscar la boleta en otra sala, con lo cual esa misma noche lo fueron a buscar. Se escaparon a Checoslovaquia con un bote a remo, mi madre embarazada de 8 meses de quien hoy es mi hermana. Después a Austria donde nace mi hermana, a Génova, piden asilo político y dos países se lo conceden: Australia y Argentina. El primer barco iba a Argentina y se subieron sin saber dónde quedaba Argentina, sin conocer el idioma, la cultura, nada, nada. Y viajaron con 60 dólares.

—Lo contás y lo tenes súper incorporado pero, ¿internalizás todo lo que pasaron?

—No tengo parámetro para pensar todo lo pasado y me imagino que es difícil sobreponerse a eso. Hoy pensás el desarraigo y uno tiene Facetime o tiene formas de comunicarse. La única forma que tenían mis padres de comunicarse con sus familiares era escribir unas cartas que tardaban tres meses en llegar si no se extraviaban y cuando llegaban esperar otros tres meses para que llegue una carta de vuelta contándole que los extrañan, que viven muy bien, que nació tal persona... Lo que me queda de esta vivencia, es que escucho mucha gente diciendo: "No, que barbaridad, la crisis, lo que se está viviendo aquí". No, no, no. Crisis es lo que vivieron mis viejos. Esto es un paseo por un parque de diversiones. Yo no podría aceptar decir crisis. Tenemos determinados temas de mercado, determinados temas donde tenemos que encontrar la mejor forma de desenvolvernos.

—¿Es verdad que la mujer de Gorbachov usó tus zapatos?

—Fue uno de los momentos tal vez más emocionantes de mi vida porque uno lo veía a Gorbachov, pelado, con su mancha tan característica y la veía a Raísa; siempre dicen que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer. Lo que habrán pasado ellos desde que al otro se le ocurrió "vamos a hacer la perestroika" y cuántos habrán quedado en el camino tratando de generar esa revolución, y cómo llegó a hacer lo que hizo. Luego de eso me pareció maravilloso ver a Gorbachov haciendo la publicidad de Louis Vuitton. Esta persona hizo la perestroika y aparte hizo la campaña de bolsitos.

— Me dijeron que sos un gran jugador de ajedrez pero un muy mal perdedor.

— Jugué desde los 4 hasta los 18 años al ajedrez. No sé si era genial jugando pero que era mal perdedor era el peor. El ajedrez es un juego dramático. Mientras es un juego, es un juego y es muy divertido. Cuando uno lo toma profesionalmente o como un desafío personal, es tremendo porque a mí no me gana nadie. Yo soy el que pierdo. Uno constantemente está tratando de superarse.

—¿Ese nivel de autoexigencia lo aplicas a todo en la vida?

—Es maravilloso cuando uno lo aplica en los negocios, porque es algo de estrategia pura. Lo malo es cuando me empieza a explicar en la vida social, en la vida personal.

— ¿Tuvo que ver con los episodios de salud que sufriste hace algunos años?

— Los episodios de salud estuvieron vinculados a lo que yo estaba orgulloso de llamar workaholic. Yo llegaba primero y me iba último de la fábrica de mi padre. Era el ejemplo, el ejemplo a la idiotez uno podría decir porque la forma de guiar no es esa. El workaholic es un adicto, una droga, que puede ser tanto o más grave que cualquier otra droga que socialmente no esté bien vista. Causa daños tremendos. Tuve temas en mi casa de las cuales hoy me estoy arrepintiendo; una vez, por ejemplo, llego a casa después de trabajar mucho y sé que tengo un trabajo pendiente para hacer en la computadora y cuando llego Violeta, mi hijita más chiquita, me dice: "Papá, mira lo que hice en el jardín", "sí, ahora me fijo" y sigo escribiendo, "pero mirá lo que hice en el jardín", "sí, ahora me fijo" y sigo. Entonces en un momento le digo: "¿Qué hiciste en el jardín, Violeta?", y se había quedado dormida en el piso. Esas cosas no pueden ser. Pero al mismo tiempo también el cuerpo te da una respuesta...

— Un aviso.

— Un día aparecí en una clínica viendo en una pantalla cómo estaba funcionando mi corazón; el cuerpo pasa una factura. Me pusieron un primer stent hace 10 años y un segundo hace 5. Inmediatamente cambió mi forma de vida.

— ¿Vivís mejor hoy?

— Hoy vivo con otros valores. Pero esos otros valores no solo tienen que ver con lo que hacía antes y lo que hago ahora, sino con distintos sabores que uno tiene a medida que va creciendo. Steve Jobs en la Universidad de Stanford decía a los graduados: "Manténganse locos y manténganse hambrientos". Yo de joven era loco y hambriento. En la medida que uno va saciando esa hambre ya está satisfecho. Y cuando está satisfecho tiene dos cosas que hacer: seguir comiendo o empezar a diversificar. Si uno sigue comiendo se empacha. Y si sigue comiendo un poco más termina internado con un problema grande por todo lo que comió que está explotando. Entonces uno encuentra otros sabores, otras cosas que hacer con el ocio y otras cosas que hacer con la comida de más que le llega. Hoy estoy muy feliz porque comparto muchas de las cosas que hago con el crecimiento de mis hijos, con la expansión de la empresa y con temas de responsabilidad social y empresaria que a mí me fascinan.

— ¿La presidenta Cristina usó tus zapatos alguna vez?

—Sé que cuando era senadora acostumbraba ir al Patio Bullrich, nunca tuve contacto visual con ella, nunca la atendí. Usa un tipo de zapato más clásico de los que acostumbro a hacer yo. Una vez la vi sí con una cartera nuestra, pero con zapatos no recuerdo haberla visto.

— ¿Quién es hoy la it girl argentina?

— Hoy va por el lado de una generación de cinco o seis chicas blogueras. Las chicas de Muy Mona son celebrities, otra chica que se llama Geraldine Mayer, la China Suarez es un caso claro, Calu Rivero es otro caso claro.

— ¿Las hijas de Tinelli?

— Las hijas de Tinelli también. Gente que se comunica por redes sociales y las siguen. Ellas marcan "vamos para acá" y van para allá. Gente que marca tendencia, que rompe distintos paradigmas. Yo tengo 4 hijas mujeres. Si hace cuatro o cinco años, me llegaba una de mis hijas con un chico y tenía tatuajes, uno decía: "Uy fijate. Tiene tatuajes". Hoy, cuantos más tatuajes tiene: "Uy, mirá qué canchero mi yerno, tiene tatuajes". Si hace cuatro años era: "Te voy a presentar a mi novio, vamos a comer afuera" y me venía un chico con una barba larga, yo decía "¿Sabes qué? Vayamos a un lugar donde no nos vea nadie" y hoy si viene con barba, todo rapado y el jopo largo y vamos a donde nos vea todo el mundo, mirá que canchero que es. Y esto va cambiando.

— En esa misma línea ¿me decías que los desfiles quedaron obsoletos?

— Sí, para mí todo es viejo. Una de las cosas que hago es tratar de vivir el presente pensando en el futuro, que hoy viene demasiado rápido. Yo no puedo concebir que haya gente que presente un desfile, que las clientas tengan que ir a un determinado lugar, lleguen, entren en la sala, se sienten, miren a 20, 30 modelos, ver pasar, el señor haga así y se levanten y se vayan ¿Las convoqué para esto? Por eso es que en la nueva propuesta del fashion week se combinan muchos más sabores, muchos más sentidos. Se convoca a un lugar donde los diseñadores trabajan entre sí mancomunadamente, donde hay una banda de rock que toca y tiene el mismo sentido de la propuesta, donde se trabaja sobre no solamente sobre el ADN de la marca que está presentando sino también sobre un tema. Que al mismo tiempo haya música, color, y que haya food tracks. Yo invito a la gente a pasar un buen momento.

— ¿Qué es lo más importante que les dejás a tus hijas?

—Tal vez sea el ejemplo. El ejemplo no es la principal manera, es la única manera de influir sobre los demás. Es el ejemplo de trabajo, de tratar de hacer las cosas bien, de tener una actitud positiva siempre. La sonrisa. El capital más barato que tenemos y el que más llega a la otra persona.

— ¿Como empresario qué esperas de la Argentina que viene?

— Yo soy un convencido de que siempre lo que viene va a ser lo mejor. Pero considero que para que lo mejor esté por venir es necesario que nos juntemos todos y que todos tiremos para el mismo lado. Que sea mejor va a depender de lo que hagamos todos y cada uno de nosotros.

— Los posibles escenarios de lo que se habla, ¿cómo impactan?

— Yo tengo 30 años trabajando. A lo largo de 30 años viví muchísimos cambios: patacones, lecops, corralito, devaluaciones. El tema es adaptarse rápidamente a los cambios. Tenemos un ejercicio que no tiene nadie en el mundo y mucha velocidad para adaptarnos. Siempre dicen que detrás de cada gran crisis hay una gran oportunidad. Mucha gente se queda sin hacer nada, se queda dura; porque toma la decisión de no hacer nada, que más de una vez es peor que haber tomado la decisión equivocada y entonces el que se mueve con velocidad nos pasa a todos parados. Entonces, yo creo que hay que estar atentos a los cambios porque siempre hay algo que hacer, siempre, en cada momento. Cuando hay un momento de caída, atrás de ese momento de caída hay un momento de crecimiento. Yo soy una persona que cree en el país e invierte en el país. Y lo que más me gustaría es poder tener reglas claras para poder exportar. Para poder hacer lo mismo que hacemos acá en el cono Sur, en el Norte, en Europa, en absolutamente todos lados. Para eso realmente necesitamos simplemente hacia el mundo tener credibilidad de que lo que estamos haciendo en un largo plazo va a ser genuino, no que un producto hoy sea rentable para una persona que haga un negocio en el exterior y después el día de mañana sea o más o menos rentable, porque está haciendo una inversión. Pero yo soy un convencido que sí, que se puede. Sí, claro.

Agradecimiento: ?Romina Sala, Peinado y Maquillaje. TW: @RSimagensocial