NA 162
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Sorpresa. Batacazo. Imprevisto. Los calificativos no alcanzaban a explicar lo inesperado de los resultados, a la luz de las encuestas y pronósticos previos. El de la provincia de Buenos Aires acaso haya sido el más llamativo. Es que aunque los márgenes se adivinaban cerrados, pocos apostaron por una victoria de Cambiemos.

La historia respaldaba los supuestos. El peronismo cultivó allí por décadas un músculo que no sólo le permitió regir los destinos de ese distrito, sino que también fue fundamental para los cargos nacionales. Ahora esa historia cambió, precisamente por el frente que pregona ese concepto.

Incluso antes de que se confirme su nominación, María Eugenia Vidal alternó sus tareas como vicejefa de Gobierno porteño con recorridas por la Provincia. Visitó cuanto intendente opositor accediera a recibirla. Caminó con la estrategia del "timbreo" que promovió el PRO y al final recibió el impulso de las "bajadas" de Mauricio Macri al territorio. Y tuvo un premio.

La contracara es Aníbal Fernández. Acompañado de Martín Sabbatella, el jefe de Gabinete se impuso en una interna K frente al binomio Julián Domínguez-Fernando Espinoza. Ya consagrado, el oficialismo supo de inmediato que debería enfrentar, además de sus rivales, la importante imagen negativa que acompaña al funcionario. El factor, al parecer, pesó: la diferencia con los votos que obtuvo Daniel Scioli en la categoría a Presidente dejó al descubierto un porcentaje de corte de boleta que podría ser récord.

Fernández perdió en siete de las ocho secciones electorales en las que está dividida la Provincia. En la única que consiguió una victoria fue en la tercera, que alberga distritos populosos como La Matanza, Florencio Varela, Almirante Brown, Avellaneda, Lomas de Zamora, Lanús y Quilmes. En el último, terruño del jefe de ministros, también perdió.

La reacción de cada uno fue elocuente. Vidal fue la oradora estrella del centro de campaña en Costa Salguero. Subió en repetidas ocasiones al escenario, fue aplaudida y celebró eufórica. El jefe de Gabinete, en cambio, se refugió en el silencio. Se retiró del Luna Park por la puerta trasera, sin hacer declaraciones a la prensa.

Como Scioli, Fernández se anticipaba ganador claro para las elecciones. El primero tendrá una oportunidad para evaluar qué falló y corregir antes del 22 de noviembre. El segundo no; en la Provincia no hay segunda vuelta. Irónico: la cláusula que el oficialismo veía como una garantía de un triunfo, aún cuando fuera ajustado, salió por el lado menos pensado.