La Matanza, el municipio más codiciado en la pelea por las intendencias

Verónica Magario es número puesto para gobernar el distrito más poblado del país. Sin embargo, Miguel Saredi y Julio Ledesma aspiran a una performance que aumente las chances nacionales de Cambiemos y UNA, respectivamente

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 NA 162
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El domingo, La Matanza protagonizará un hecho histórico: cuando se produzca una victoria que todos dan por descontada, Verónica Magario se transformará en la primera mujer en gobernar un municipio del conurbano, nada menos que el más poblado del país, cerca de 1,8 millones de habitantes. La futura "baronesa" del conurbano consiguió la candidatura tras derrotar al sindicalista Heraldo Cayuqueo, de la UOCRA, en una primaria en la que el Frente para la Victoria se alzó con el 51,72% de los votos. Luego del comicio de agosto, sucedió lo previsible en el peronismo: el que gana conduce, el que pierde acompaña. Sin embargo, los vericuetos de la política matancera no se agotan allí.


En el 2011, Cristina Kirchner obtuvo en La Matanza el 10% de los votos que cosechó en toda la Provincia. Lejos de aquel 54%, hoy el territorio matancero es una cantera codiciada tanto por Daniel Scioli, para alcanzar el 40% que impida un ballotage, como por Mauricio Macri y Sergio Massa, para lograr lo contrario: que la diferencia con el primero sea inferior a 10 puntos y forzar una segunda vuelta. Con ese norte, Macri y Massa reforzaron allí sus armados para "morder" la mayor cantidad de votos posibles.


A diferencia de otros distritos, donde los intendentes acumulan mandatos hasta superar las dos décadas, el éxodo matancero a la política nacional y provincial provocó, ya que no alternancia, renovación, siempre dentro del peronismo: en 2005, Alberto Balestrini dejó el cargo para asumir como diputado nacional primero y luego acompañar a Daniel Scioli en la fórmula para la gobernación; su sucesor, Fernando Espinoza, titular del peronismo bonaerense, integró la derrotada fórmula para la gobernación junto a Julián Domínguez y su nombre suena fuerte para un eventual gabinete sciolista en Desarrollo Social o el anunciado Ministerio de Ciudades y Territorios, luego de que el propio Scioli, en un acto ante miles de personas, dijera que habrá un lugar para él en su gobierno.


Espinoza y Magario fueron colaboradores de Balestrini, a quien aún hoy, cinco años después del accidente cerebrovascular que lo alejó de la política, siguen jurando fidelidad: la leyenda "Balestrini Conducción" puede verse en carteles y remeras en sus actos. Durante los años de kirchnerismo, combinaron una gestión intensiva -tienen un conocimiento del territorio reconocido por propios y extraños- con la ayuda de Nación y Provincia -interesados en mantener la paz social en una zona que, allá por 2001, vivía al borde del estallido-. Fueron años, además, de gran estabilidad en la política local, manteniendo la alianza con el Frente Grande -sellada en aquella elección en que Pinky durmió vencedora y despertó derrotada- que llevó en 2003 a Herminio Bayón, presidente de ese partido en el distrito, a la Secretaría de Obras y Servicios Públicos hasta comienzos de este año, cuando se retiró por problemas de salud. Hasta el piquetero Luis D'Elía, quien tiene allí un amplio despliegue territorial, se encolumnó.


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Como Espinoza, la futura intendenta, Verónica Magario, de 46 años, fue parte del equipo de Balestrini desde los inicios. Es hija de Raúl Magario -uno de los tesoreros de Montoneros que dejó la organización en febrero de 1979 junto a Rodolfo Galimberti y Juan Gelman denunciando a la condución por sectaria y militarista-, pero desde joven cultivó un perfil diferente de su padre, de quien en la intimidad habla con tono afectuoso, aunque prefiere desmarcarse políticamente. En una entrevista reciente con el diario La Nación, Verónica o "Vero" -como la llaman en La Matanza- agradeció la cuna peronista en la que nació, dijo que su padre "fue y sigue siendo" su padre, pero aclaró que no fue su maestro político y deslizó, incluso, haber tenido siempre "grandes diferencias". A Magario no sólo le incomoda hablar en los medios sobre su padre: rehúsa los medios en general, algo que debió cambiar progresivamente desde 2013, cuando subió el perfil al ir tercera en la lista de diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires.


A los 14 años, volvió con su familia del exilio y se instaló Villa Celina. Muy joven, a los 18, comenzó a trabajar en el Congreso de la Nación, donde conoció a Balestrini cuando, entre 1989 y 1995, fue diputado. Tras los años de alfonsinismo, Magario era una de las pocas empleadas de planta peronistas, por lo que el matancero la convocó y rápidamente se transformó en una pieza clave de su equipo, su mano derecha. Allí también conoció a un joven Fernando Espinoza, a quien ahora aspira a suceder.


Cuando Balestrini se convirtió en intendente de La Matanza, en 1999, Magario se instaló en el área de Desarrollo Social del municipio, desde donde implementó el Programa Jefas y Jefes de hogar durante la crisis de 2001. En 2005, con Balestrini otra vez diputado, se quedó en el municipio, trabajando junto a Espinoza.


Durante los años de kirchnerismo, acompañó a Espinoza en una gestión que se benefició de la combinación entre estabilidad política, fondos nacionales y "viento de cola", que mejoraron sustancialmente las condiciones de vida de los matanceros: fueron urbanizadas la Villa Palito y Santos Vega, y agua, clocas, asfalto, gas y viviendas se han expandido a un ritmo sostenido y apabullante. Tan apabullante como el de las acusaciones de sus detractores sobre su reparto clientelar. Un dirigente opositor grafica: "En mi cuadra, el puntero no les responde, entonces seguimos teniendo calle de tierra".


 Diario NCO 162
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Muchos opositores reconocen sus logros, pero también señalan sus deudas: la villa Puerta de Hierro, en Isidro Casanova, está abandonada a su suerte, dicen, en manos de la pobreza y el narcotráfico. La inseguridad, además, es una deuda reconocida por la propia Magario en una entrevista con Infobae en agosto pasado, cuando dijo que "es un tema que tenemos que seguir trabajando profundamente". Allí, el diagnóstico varía según a quién se consulte: desde el entorno de Saredi, dicen que la situación es por demás apremiante, pero que se oculta en base a una millonaria pauta publicitaria. Desde el municipio, en cambio, dicen que han mejorado las estadísticas de seguridad con urbanización -abriendo calles donde había pasillos, por ejemplo- y que incluso ha mejorado aún más con una mayor presencia policial desde que Alejandro Granados -ex intendente del vecino municipio de Ezeiza y un amigo Espinoza- arribó a la cartera.


Las expectativas opositoras también apuntan a las grietas que pudo haber abierto la interna peronista bonaerense, y cierto descontento propio de una gestión extendida. ¿Cuántas expectativas? Pocas, por cierto: lealtad peronista, baja tradición en el corte de boleta, dificultades para fiscalizar y un sistema electoral a la medida de los aparatos oficialistas ponen límite al entusiasmo.


Además, frente a la estabilidad de la coalición oficialista, del otro lado la oposición ha visto sus chances perjudicadas por sus vaivenes. El candidato del PRO, Miguel Saredi, fue el opositor más votado en agosto: consiguió la nada despreciable cantidad de 116.000 votos, que sumados a los 18.000 del radical Enzo Gioia y los 2600 de Manuel Atencio convierten a Cambiemos en la segunda fuerza local. De La Matanza provino, de hecho, Héctor "El Toty" Flores, compañero de Elisa Carrió en la fórmula presidencial de la Coalición Cívica. El frente oposito tuvo su fuerte en centros urbanos, más cercanos a la capital, como Ramos Mejía, San Justo y Lomas del Mirador; también en el centro de González Catán -bastión radical- y el de Ciudad Evita.


Sin embargo, desde el oficialismo aseguran que se trata de una alianza electoral endeble, que no durará más allá de este domingo. Además, sus competidores en la interna aseguran que Saredi se benefició de la decisión de Macri de no permitir llevar su boleta presidencial a los otros candidatos a intendente, y lo acusan de no tener un armado propio, de sobrevender al líder del PRO su capacidad de fiscalización e incluso lo miran con reticencia por su procedencia peronista y sus vínculos con el secretario de Comercio Guillermo Moreno, algo que él niega.


Saredi es un peronista que fue de los primeros en dejar el Frente Renovador acusando destratos. Fue funcionario provincial durante la gestión de Carlos Ruckauf y más tarde diputado duhaldista. Su historia, en el fondo, es la de muchos peronistas disidentes: origen duhaldista, romance inicial con Néstor Kirchner, ruptura y migración tras el liderazo De Narváez primero, Massa después y, ahora, Macri. Sus antiguos compañeros del Frente Renovador agregan: el PRO no será su última parada.


A Moreno lo conoció cuando fue director del Mercado Central en representación de la gestión macrista de la ciudad de Buenos Aires. Allí llegó por su militancia en el Grupo Pampa Sur, aquel en el que también participaba María del Carmen Alarcón. Sus rivales de Cambiemos juran que están haciendo campaña con él, pero por lo bajo se quejan: para armar las listas de concejales, el PRO recurrió a dirigentes porteños y a peronistas de dudosa procedencia. Insinúan que detrás de su armado hay punteros del Central y "todas las prácticas del viejo peronismo".


Otra hubiese sido la historia para Saredi si, como en 2013, el PRO y el Frente Renovador hubiesen ido juntos. El massismo lleva como candidato a Rubén Ledesma, un sindicalista y diputado provincial que en agosto consiguió casi 120.000 votos. Tras la elección de 2013, su figura fue en ascenso y algunos lo señalan como la verdadera causa del alejamiento de Saredi. En cualquier caso, la cuenta es sencilla: sumados UNA y Cambiemos, la distancia con el oficialismo se acorta a poco más de 90.000 votos. La cuenta no la hizo un massista, sino un referente del PRO, mientras lamentaba no estar en esta elección desafiando el poder de Espinoza.


Pocas certezas hay para el domingo, más allá del triunfo de Magario. ¿Habrá corte de boleta? La tan mentada resistencia a la candidatura de Aníbal Fernández, ¿se verificará en las urnas o será sólo un mito de los medios porteños? En un territorio peronista, ¿ayudará la foto de Macri con Hugo Moyano para desarticular los prejuicios de las clases populares con el PRO? ¿Traccionará, como lo quiere el PRO, el crecimiento de la figura de María Eugenia Vidal "desde el medio" de la boleta? Sin las lluvias que alejaron a miles de votantes de las PASO, ¿crecerá el voto sciolista en La Matanza, como especulan en el oficialismo? Habrá que esperar al domingo para develar las incógnitas.