La banda de Gilda. (Foto: Gentileza Alejandro Margulis) Gentileza familia Gilda / Periodista: Alex Margulis 162
La banda de Gilda. (Foto: Gentileza Alejandro Margulis) Gentileza familia Gilda / Periodista: Alex Margulis 162
Gilda en pleno show cuando aun no había alcanzado la fama. (Foto: Gentileza Alejandro Margulis) Gentileza familia Gilda / Periodista: Alex Margulis 162
Gilda en pleno show cuando aun no había alcanzado la fama. (Foto: Gentileza Alejandro Margulis) Gentileza familia Gilda / Periodista: Alex Margulis 162
Gilda junto a su hija Mariel, quien también falleció en el accidente de tránsito. (Foto: Gentileza Alejandro Margulis) Gentileza familia Gilda / Periodista: Alex Margulis 162
Gilda junto a su hija Mariel, quien también falleció en el accidente de tránsito. (Foto: Gentileza Alejandro Margulis) Gentileza familia Gilda / Periodista: Alex Margulis 162
Gilda era muy alegre, pero de carácter fuerte. (Foto: Gentileza Alejandro Margulis) Gentileza familia Gilda / Periodista: Alex Margulis 162
Gilda era muy alegre, pero de carácter fuerte. (Foto: Gentileza Alejandro Margulis) Gentileza familia Gilda / Periodista: Alex Margulis 162
Gilda en pleno auge musical. (Foto: Gentileza Alejandro Margulis) Gentileza familia Gilda / Periodista: Alex Margulis 162
Gilda en pleno auge musical. (Foto: Gentileza Alejandro Margulis) Gentileza familia Gilda / Periodista: Alex Margulis 162
Sencilla y dulce, así la recuerda su círculo más íntimo. (Foto: Gentileza Alejandro Margulis) Gentileza familia Gilda / Periodista: Alex Margulis 162
Sencilla y dulce, así la recuerda su círculo más íntimo. (Foto: Gentileza Alejandro Margulis) Gentileza familia Gilda / Periodista: Alex Margulis 162
Gilda junto a \Toty\
Gilda junto a \Toty\" Giménez y el resto de la banda. (Foto: Gentileza Alejandro Margulis)" Gentileza familia Gilda / Periodista: Alex Margulis 162
Gilda mantenía un vínculo muy cercano con sus fans. (Foto: Gentileza Alejandro Margulis) Gentileza familia Gilda / Periodista: Alex Margulis 162
Gilda mantenía un vínculo muy cercano con sus fans. (Foto: Gentileza Alejandro Margulis) Gentileza familia Gilda / Periodista: Alex Margulis 162
Tapa del libro \Gilda: la abanderada de la bailanta\
Tapa del libro \Gilda: la abanderada de la bailanta\" la primera biografía escrita por el periodista Alejandro Margulis. (Foto: Gentileza Alejandro Margulis) " Gentileza familia Gilda / Periodista: Alex Margulis

Hacia el 2000, Gilda ya era un ícono social, una santa, pero aún así él no la conocía. En realidad, la conocía sin conocerla. Quizá -como nos habrá pasado a todos alguna vez- escuchó de pasada alguno de sus hits en un taxi o colectivo, pero estaba lejos de poder identificarla. El periodista y escritor Alejandro Margulis no sabía que ella había sido maestra jardinera de Villa Devoto ni que estaba revolucionando el universo de la bailanta, un mundo muy distante al que por entonces él no accedía.


No por ignorancia o desinterés, sino porque su atención estaba focalizada en ciertos asuntos ajenos al género tropical, más precisamente, una investigación sobre el hijo del presidente Carlos Menem, que se convirtió en el libro Junior. Vida y muerte de Carlos Menem (h.), editado en 1999 por el Grupo Planeta, un esfuerzo que le demandó dos años y generó mucha repercusión. Después de una vida de trabajo en las redacciones (Clarín y La Nación, entre otras), se había propuesto salir de la zona de confort y el libro sobre el malogrado Junior fue la excusa perfecta, pero agotadora.


"Cuando llegó a mí la historia de Gilda, fue un alivio maravilloso", dice hoy, a tres años de haberse convertido en el biógrafo de la cantante con la publicación de Gilda. La abanderada de la bailanta (Planeta). "Para mí, Gilda fue un amor a primera vista", agrega Margulis en su estudio de Villa General Mitre, donde trabaja como periodista, escritor freelance y editor independiente del sello Ayesha Literatura.


Lo mismo le pasó a Raúl Cagnin aquella noche de boliche ochentosa en la que conoció a Miriam Bianchi. No imaginó que terminaría siendo su marido y el padre de sus dos hijos, Mariel y Fabricio. Mucho menos que esa chica flaca y de ojos penetrantes iba a convertirse en la cantante más emblemática de la historia de la movida tropical. Raúl Cagnin quedó perplejo y lo mismo le sucedió años después al músico Toty Giménez, compañero incondicional e impulsor musical de Gilda desde que la conoció. En el libro que Margulis escribió, Toty cuenta que perdió la cabeza por ella cuando la vio tras su puerta esperando audicionar para vocalista de una banda que quería formar.


 Gentileza familia Gilda / Periodista: Alex Margulis 162
Gentileza familia Gilda / Periodista: Alex Margulis 162
Desde el primer día supe que te amaba

"Vengo por el aviso", le dijo a Toty esta flaquita de carácter fuerte, con un tono suave pero plantado. "Me enamoré desde el momento en que la vi. Estaba embobado [...] Yo sentía que la conocía desde siempre. No había tenido una vida fácil y no era muy feliz en su matrimonio. Yo también tenía un problema con mi pareja. Me iba a dormir cada noche esperando que al día siguiente las cosas cambiaran. Pasó mucho tiempo hasta que ese amor se concretó. No fue fácil. La nuestra fue una relación a la antigua. Quizá por eso dura tanto. Yo sigo enamorado de ella. Fue el amor y la música lo que nos cambió la vida para siempre". Ese día -por 1990- ella cantó su primera canción frente a él, una versión casera de Você abusou que los uniría para siempre.


"Toparme con la historia de Gilda fue una combinación de casualidad y la necesidad personal de cambiar un poco de zona en la que estaba trabajando. Me mudé a esta casa y me topé con vecinas misioneras bailenteras: Vanessa y Luján. El primer domingo que amanezco en mi nuevo barrio, atronó la música de Gilda. Mis vecinas la escuchaban a todo volumen. La verdad es que no me gustaba esa música, pero las letras me resultaron cautivantes: poéticas, generosas e ideológicamente muy sabias. Imaginá en el 2000 a una mujer que les cantaba a otras jóvenes y les aconsejaba que no se dejaran cagar, que se hicieran respetar, que si las maltrataban, se alejaran y le dieran salida a los maltratadores. Cantaba de la alegría, del amor, pero no la tontería misógina propia de la cumbia", explicó el autor de la biografía que logró desnudar a una Shyll (o Gilda) humana, real.


Gilda fue un antes y un después en la cumbia femenina. Tras su fama, comenzaron a aparecer cantantes femeninas en el género tropical, cosa poco habitual. Las letras de "Fuiste" y "La Puerta" dejaron claro el valor que Gilda le daba a la mujer y la insistencia por el amor propio femenino en tiempos donde reinaba el machismo por doquier: "Para ti, Gino, ¡para que aprendas!". Arranca el tema a todo ritmo. Y sigue: "¿Quién te dijo que mi puerta tiene que estar siempre abierta? Vas y vienes cuando quieres y yo solita despierta. Te cerraré la puerta en la cara, te cerraré la puerta en la cara, te cerraré la puerta en la cara, te cerraré la puerta para que aprendas. No me verás llorando tras de la puerta. (Hombre, pero ya me tienes cansada, duerme afuera, arriba de un árbol, donde quieras pero aquí no vuelves nunca más, te lo he dicho)", repetía una y otra vez en momentos donde Gladys "La bomba tucumana" y Lía Crucet eran de las pocas habilitadas para despecharse dentro del mundo tropical.


Hasta el momento, habían salido algunas biografías pequeñas sobre ella, pero con información algo "errónea, incompleta y sesgada" que la propia cantante -afirma el autor- se había encargado de generar porque era algo "fantasiosa". "La información que yo tenía sobre ella en el 2000 contiene los mismos errores que se siguen publicando hoy: como que Toty Giménez fue su pareja sentimental. Si bien está claro que fue su guía y su director musical, dudosamente fue su compañero de vida. Él inventó la música de Gilda con ella. Cuando ella murió junto a su hija Mariel en el accidente del 7 se septiembre de 1996 camino a Chajarí en Entre Ríos, Toty salió a decir que era su marido. Fueron tantas las críticas que recibió que luego se desdijo. Tampoco es cierto que eran amigos de la infancia y que se reencontraron de grandes. Ni siquiera estoy seguro de si eran amantes", precisa el autor de la única biografía que incluye los manuscritos del diario íntimo de la cantante y la versión de su marido, quien compartió 11 años de su vida.


La desclasada

La libriana Shyll, como se había autoapodado a los 12 años, era una chica de clase media de Devoto que, a pesar de amar la música desde pequeña, estudió para ser maestra jardinera y de hecho trabajó años en el jardín de infantes que puso de adolescente junto a su madre en aquella casa que, por cuestiones laborales, debió abandonar la familia entera para asentarse en Villa Lugano. Luchadora y pasional, era de las alumnas prodigio que por buen desempeño pudo saltearse grados en la escuela de monjas. Extrovertida y corajuda, le hacía frente a las situaciones con fortaleza, sin tapujos ni pelos en la lengua. Su actitud era arrolladora, de mujercita líder que le había puesto el pecho al hogar tras la tambaleante situación económica que dejaron los dos ataques cerebrovasculares que sufrió su padre. De pequeña, amaba disfrazarse y acoplarse con pandereta en mano a la orquesta de Tito Alberti (creador de El Elefante Trompita) que sonaba a menudo en lo de su vecina. Disfrutaba de la danza clásica y española y, sin dudas, le apasionaba cantar libremente.


"Ella era de clase media, pero muy preparada. Se podía relacionar con cualquier persona. Se adaptaba a lo que tenía al lado [...] Con el carácter que tenía, [a la gente] le daba miedo contradecirla porque era brava", le contó al periodista su exmarido, quien consiguió su mano en 1984, pero la fue perdiendo paulatinamente, "pasito a pasito". Hasta su propio productor, el "Cholo" Olayala, ha tenido que frenarla más de una vez por su fuerte temperamento. "La verdad es que en 1990 Shyll cambió radicalmente [él nunca la llamó Miriam]. Después se dedicó al canto. Una mujer yendo a cantar de noche y un tipo celoso como yo, imaginate, fue una explosión", se lamentó Raúl Cagnin en la biografía.


Admiradora de Dyango, Celia Cruz, Gal Costa y Gardel, fue recordada en su círculo íntimo por su persistencia, su carisma y su marcada personalidad. Su lucha por realizarse y sus notas manuscritas de su diario íntimo le revelaron al escritor Alejandro Margulis las inseguridades, la nostalgia, la fortaleza y el espiritualismo que mostraban las debilidades no de una artista, sino de una auténtica mujer. El relato de quienes vivieron de cerca a la Gilda cotidiana, de jeans y zapatillas, también dio cuenta de sus rasgos no tan positivos: obsesiva por la limpieza, quejosa y algo sufrida. Los altibajos también eran moneda corriente en quien deja la enseñanza para saltar a la fama.


"En sus diarios se nota una fuerte melancolía. Era esa clase de personas que mantienen con discreción sus tristezas. No sé si era alegre, pero sí de contentar a su familia, de levantar a los músicos del grupo, a pesar de que al principio se escapa de su barrio un poco a las escondidas, porque de Devoto se iba a hacer la rueda nocturna que incluía bares y hasta siete shows por noche. Pero no era una comehombres, ni a palos. Se producía para los shows porque era artista, sino, andaba a cara lavada. No era asquerosa, sino más bien flexible y cariñosa con sus fans. Tenía mucha empatía. Hasta los fans hablaban con ella por teléfono. Estaba bastante solitaria, porque se estaba separando y se movía en un ambiente donde sus pares no eran de ese palo. Su propio productor, el Cholo Olayala ha tenido que frenarla más de una vez", relata el periodista.


"¡Hola! ¿Cómo están todos? ¡Qué feliz! ¡Qué feliz! Ustedes no saben lo que para mí es esta noche. Lo que significa que hoy me estén presentando después de casi tres años de tanta lucha. Era todo tan difícil, todo tan imposible que hoy estar acá presente con todos ustedes, cantando mis canciones y dándome tanto cariño, es algo que no lo puedo expresar con palabras. Por eso, les aconsejo a todos que, aunque las puertas se cierren, nunca dejen que sigan creciendo las alas ¡Vuelen! ¡Vuelen alto!, ¡que se llega, que se llega!", le dijo a su público en uno de sus shows de mayor convocatoria.


El escritor la describió como una apasionada por la música, con todas las ganas de ser algo más que una simple ama de casa de Devoto. Ella amaba a sus hijos con locura, pero el amor por su marido se fue desvaneciendo con el paso del tiempo. Irreparables enfrentamientos con su madre llevaron a que dejara de trabajar en el jardín de infantes y se lanzara a su verdadera vocación: el canto. Sus tíos la apoyaban, eran sus confidentes. "Me la voy a jugar", les dijo antes de presentarse en su primera audición.


"Era una mosca blanca en la bailanta. Era flaquita, entonada, sabía de música y por eso la rechazaron infinidad de veces, casi hasta el final. La ignoraron, la aislaron. Entonces armaron con Toty esta estrategia casi inocente de decir que se conocían de chicos. Y cuando él la vio, flasheó. Porque no es ningún boludo y sabe de música y le puso todas las fichas. Y supongo que también se habrá enamorado, porque cualquiera se hubiera enamorado de ella. Era extraordinaria", la describe su biógrafo.


"La vida no siempre regala. Esa es la estrella de los elegidos que pueden tener lo que desean con solo pedirlo. Los demás tenemos que lucharla con uñas y dientes y demostrar la fuerza interior que tenemos en cada acto, aunque nos sintamos despreciados, humillados y hasta denigrada nuestra integridad hasta lo más insoportable por gente que es una mierda, que no sirve para nada. Del mismo y proporcionalmente porque tiene poder. Moraleja: nunca bajar los brazos. Uno nunca sabe cuándo va a estar bien abajo y cuándo bien arriba", se descargó ella en su diario íntimo el 13 de febrero de 1994, tras los rechazos permanentes de todos los productores discográficos de la época. Es que Gilda no vendía para la época: era poco voluptuosa y excesivamente melódica.


"Ella no tenía esa atracción sexual. Es como etérea. Tenía ese ángel. Creo que su autenticidad es lo que hace que Gilda perdure en el tiempo. Es muy raro en esta época encontrar a una persona auténtica, íntegra. No se comía ninguna. Persistía. Leyendo su vida en sus diarios, reportajes y letras ella trasmite ese `Seguí adelante´. Esa es una de las cosas que la gente ama en ella. Ella, al igual que Rodrigo, atravesó con sus letras todos los estratos sociales, porque son historias que le pueden pasar a cualquiera", detalla el autor.


"No le iba bien con los números. Y esto contado por el propio Toty. Ella estalló como fenómeno de ventas después de muerta. Hasta ese momento había vendido muy bien en Bolivia y Perú. Su ambición de tener una casa grande para irse a vivir sola con sus hijos la presionaba". En septiembre de 1996, antes de su muerte, Gilda ya le había manifestado a Toty que si la situación económica no mejoraba, en marzo de 1997 dejaría la música. Según la biografía, solo alcanzó a ahorrar 70 mil dólares de los 250 mil que necesitaba para cumplir su sueño.


No es mi despedida

"Tengo miedo de que la muerte nos encuentre. Si eso pasa, no quiero que nos encuentre separados y que después alguno de los dos no pueda arreglar las cosas. Me siento mal. Las palabras lo confunden todo. Me gustaría ser, como dice la canción: Juntos por la calle, codo a codo porque somos mucho más que dos", le escribió Gila a Toty para su cumpleaños en mayo de 1996. Para entonces, ella ya palpitaba la vida desenfrenada y turbia de la bailanta. Intuía que algo malo iba a pasar.


"La muerte joven, cuando estás en un momento alto de tu carrera, te cristaliza. El tema de la santidad a mí me apasiona. Hay una necesidad muy fuerte de creer en algo sólido en estas épocas. La religión católica tambalea, en la política nadie cree, la ciencia es muy de élite, ¿en qué vas a creer si no es en el arte, no? Y Gilda tenía un componente un poco mágico, entonces cierra", dice el periodista.


Así como nunca pensó que entraría al mundo tropical, tampoco imaginó que sería santificada después de muerta. Una noche una fanática se le acercó para agradecerle. Su madre se había cortado las venas en un intento de suicidio y salió del coma -según la joven- tras escuchar todos los días la canción "Baila esta cumbia". Sobre ese contacto, ella le confesó a los músicos: "No me gusta que me pasen estas cosas. Es horrible. Pero si la música tiene el poder de lograr esto, bienvenida sea la música y todo lo que ayude a la gente a ser feliz".


Ella no quería ser recordada como una santa, sino como la describe el libro: "La abanderada de la bailanta". Hoy, a 19 años después de su fallecimiento, su imagen de milagrosa devenida de la devoción popular descansa en el santuario del kilómetro 129 de la Ruta Nacional 12, camino a Chajarí, Entre Ríos. El altar se construyó en el lugar donde ocurrió el accidente que también terminó con la vida de su hija Mariel. Sus seguidores dejan allí mensajes, fotos y objetos como agradecimiento a los milagros cumplidos.