Los 10 países del mundo en los que se hacen más huelgas

La conflictividad laboral ha crecido en los últimos años, de la mano de la crisis económica internacional. En algunos lugares, se manifestó con un aumento de las medidas de fuerza

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Alemania es el país en el que se hacen más huelgas y cierres empresariales al año, según estadísticas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que mide ambos fenómenos conjuntamente, sin distinguirlos. En 2013, el dato más actualizado disponible, se realizaron 1.384 medidas de fuerza obreras y patronales.

En segundo lugar se encuentra Argentina, con 1.206 episodios. Tercero está España, con 994. Es curioso que entre los tres países con mayor conflictividad laboral haya realidades económicas tan disímiles.

Alemania está muy cerca del pleno empleo y está entre los de mayor PIB y salario medio por habitante. En cambio, España todavía sufre los efectos de la crisis de 2008 y la desocupación no baja del 20 por ciento. Y Argentina es un país de desarrollo medio, que ocupa una posición intermedia en materia de empleo en América Latina.

"el conflicto laboral entre trabajadores y empresarios existe siempre"

Para comprender este fenómeno, Infobae entrevistó a la socióloga española Montserrat Navarrete Lorenzo, profesora de la Universidad de Zaragoza, especialista en Relaciones Laborales y Recursos Humanos.

"La conflictividad laboral es un elemento consustancial a la organización capitalista del trabajo, debido a la diferencia de intereses entre capital y trabajo. Por ello, el conflicto laboral entre trabajadores y empresarios existe siempre, a pesar de que no seamos capaces de ver sus manifestaciones", explica Navarrete Lorenzo.


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"La típica forma de expresión es la huelga -continúa-, pero existen multitud de conductas individuales y sociales que pueden ser manifestaciones del conflicto laboral, como el absentismo, el sabotaje, la restricción en la producción, el uso de bromas y palabrotas en el trabajo, la resistencia al cambio, la manipulación de las normas oficiales, la disminución del ritmo de trabajo, los encierros, las huelgas de hambre y las acampadas".

Que un país tenga más o menos problemas en este sentido puede depender de muchos factores. Uno es la legislación laboral, la existencia o no de instancias de mediación y arbitraje. En caso de que estas normas estén contempladas, es muy importante saber si hay instituciones pertinentes que les den vida.

Otro elemento a considerar es la presencia de sindicatos fuertes, que pueden hacer que las tensiones existentes se expresen en huelgas más o menos contundentes. Y también hay que ver la vocación de negociación de las autoridades gubernamentales, que pueden tener una postura de mayor transigencia y buscar la concertación social, o adoptar una postura más dura frente a las protestas.

"La típica forma de expresión es la huelga, pero existen multitud de conductas"

Que en España haya conflictos laborales resulta lógico, considerando los despidos y ajustes salariales. Las huelgas y lockouts vienen en aumento desde 2011, cuando hubo 777. En Argentina también se registra un aumento desde 2011, último año con crecimiento real de la economía y del empleo. Entonces se registraron 961 episodios.

En Alemania hubo un sorpresivo salto entre 2012 y 2013. En apenas un año, las medidas de fuerza pasaron de 368 a 1.384. El incremento se explica fundamentalmente por un conflicto puntual en el área de transporte.

Completan el ranking de los países con más protestas en el ámbito de trabajo Brasil (873), Canadá (282), Australia (215), Chile (201), Dinamarca (197), Lituania (193) y Finlandia (121).

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En la mayor parte de los casos, se trata de naciones con sindicatos muy fuertes, con un enorme poder de presión y movilización. Pero el factor determinante es el deterioro de la economía y de las condiciones de vida, algo común a casi todos en el período.

Los ejemplos extremos son España, Finlandia y Dinamarca, que entre 2012 y 2013 tuvieron una caída promedio del PIB de -respectivamente- 1,5; 1,4; y 0,6 por ciento, según estadísticas del Banco Mundial. En Alemania la economía se estancó, y promedió apenas 0,3% de crecimiento entre 2012 y 203. Otros, como Brasil y Canadá, crecieron un poco más, pero sufrieron una marcada desaceleración con respecto a los años anteriores.

el factor determinante es el deterioro de la economía

Los menos conflictivos fueron Hungría y Panamá, donde se registró una sola huelga en todo 2013. En Eslovaquia, el tercero, fueron dos. Después, Filipinas (3), Noruega (6), Hong Kong (7), Nueva Zelanda (10), Mauricio (11), Suecia (11) y Ecuador (12). Este listado es bastante más heterogéneo que el anterior, porque hay naciones de distintos continentes, y con realidades sociales y económicas que tienen poco en común.

Pero otra vez la hipótesis más factible está en la economía. En este caso, en una situación de bonanza o de mejora, que favoreció un clima de armonía social. Por ejemplo, Hungría y Suecia, que venían de un 2012 con recesión, recuperaron el crecimiento económico en 2013.

Esto es aún más claro en Panamá, Filipinas y Ecuador, que entre 2011 y 2013 atravesaron ciclos económicos virtuosos, con incrementos promedio del PIB del 9,8; 6 y 5,9 por ciento anual, respectivamente.


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Días de trabajo perdidos

No todas las huelgas ni los paros patronales tienen el mismo impacto. La duración y la cantidad de personas involucradas directa o indirectamente son dos variables fundamentales.

La OIT intenta calcular esto de diferentes maneras. Una de las más interesantes es contar la cantidad de jornadas laborales perdidas al año. Cada día que un empleado no trabaja por una huelga se cuenta como una jornada perdida. Como es un dato muy condicionado por el tamaño de la población activa de un país, la OIT estima la proporción de días de paro cada 1.000 trabajadores.

Turquía encabeza el ranking, con 18.512 días de trabajo perdidos

Turquía encabeza este ranking, con 18.512 días, seguido por Dinamarca, con 16.230, y Nueva Zelanda, con 15.174. Lo completan México (14.385), Chipre (13.680), Tailandia (13.409), Suiza (13.371), Sri Lanka (7.232) y Argentina (626) y Austria (592).

De estos diez países, sólo Dinamarca y Argentina están entre los que tuvieron mayor cantidad de huelgas. ¿Por qué el resto, a pesar de estar entre los que más días laborables perdieron, no están también entre los de más paros? Una hipótesis posible es que esta estadística puede estar expresando conflictos muy prolongados en sectores puntuales de la economía con muchos trabajadores, más que un estado general del mercado laboral.

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En otras palabras, si hay muchos paros de sectores que no tienen tanta mano de obra, el dato impacta en el primer ranking, pero no tanto en el segundo. A la inversa, una medida de fuerza obrera o empresarial de un rubro importante se ve reflejada mucho más en el segundo que en el primero.

Así se explica que Alemania y Brasil puedan estar entre los primeros cuatro en cantidad de huelgas y, al mismo tiempo, entre los últimos diez en días de trabajo perdidos cada 1.000 empleados.

El país con menos jornadas laborales suspendidas es Filipinas, con 0,2. Luego aparecen Letonia (0,7), Estados Unidos (1), Mauricio (1,4), El Salvador (1,7), Suecia (1,7), Alemania (2,2), Lituania (3), Hong Kong (4,2) y Brasil (6,1).

"El bajo nivel de conflicto manifiesto no implica que el conflicto haya desaparecido"

El bajo impacto de las protestas puede tener muchas explicaciones. "En primer lugar, que el conflicto se ha institucionalizado, se han creado vías de mediación y arbitraje y, por supuesto, la existencia de la negociación colectiva. En segundo lugar, la mayor presencia del sector servicios, con empresas más pequeñas y de menor visibilidad", dice Navarrete Lorenzo.

Por eso, es importante tener en cuenta que

no siempre una disminución en las medidas de fuerza supone que hay mayor armonía social

en las relaciones de trabajo. "El bajo nivel de conflicto manifiesto no implica que el conflicto haya desaparecido. Las transformaciones de la organización de la empresa industrial, debido al empequeñecimiento, la descentralización de la producción, la subcontratación de tareas y la externalización

dificultan la cohesión y la acción conjunta

de los trabajadores", agrega la catedrática.