Mustique 162
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Del 18 al 21 de julio, en La Habana, intelectuales y expertos se reunirán en la última ciudad que habitó el escritor norteamericano. Narcisista, mujeriego y genio literario: ganó los premios Nobel y Pulitzer. Es considerado el maestro del relato corto. Escribió historias que sugerían otras. Corrió tras diferentes presas y negó sus vulnerabilidades: "Si nada, ni nadie ha podido terminar conmigo, he de hacerlo yo." Cínico y egocéntrico al extremo.


La vida moldea los aspectos psicológicos de un escritor, quién los plasma en el desarrollo de su obra. Allí, ocultos en el subtexto, se ubica el secreto de la personalidad que dio origen a la creación literaria.


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El libro Hombres sin mujeres, alberga uno de los cuentos más reconocidos: Los asesinos. Allí, aunados y compactados los elementos narrativos y estilísticos del escritor. La técnica del iceberg. Lo que se lee es la punta del colosal hielo, oculto bajo el mar. Sucede lo que no sucede. La prosa limpia, la economía de palabras y la justa adjetivación, son las herramientas que brinda al lector y que deberá utilizarlas para "sumergir la cabeza en el agua y descubrir el verdadero contenido."


Al igual que en el cine de terror de calidad; se insinúa la bestia pero no aparece. Las ausencias y los silencios son los estandartes resplandecientes, guías hacia la comprensión. Idéntica estructura hallamos en Un lugar limpio y bien iluminado; La breve vida feliz de Francis Macomber; Las nieves del Kilimanjaro; Colinas como elefantes blancos, Un gato bajo la lluvia y muchos más.


Literatura de alto vuelo

Para dilucidar la psiquis y el accionar de los personajes de sus cuentos y novelas, resulta indispensable la minuciosa observación de las vivencias de Hemingway. Al hurgar en el lodo de su niñez y juventud, individualizamos heridas emocionales, impotencia, deseo acerado de manifestar masculinidad, persecución compulsiva de la presa. Amor y amistad, debilitados. El segundo más que el primero. La naturaleza por sobre todo.


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Hombres vengativos y presionados. Matones, toreros, boxeadores, soldados y cazadores. Movilizados, casi de forma poética, dentro de la dura cotidianeidad. Acabados por sus matrimonios y cobijados en cafés, bosques, montañas. Y en las guerras. Huyen de sus propios fantasmas; escapan de sí mismos. Celosos de sus sueños, jamás conquistados. No aman a la muerte, sin embargo representa una seductora salida de la tragedia que significa la vida: "El hombre puede ser destruido, nunca derrotado".


Quizás mejor representado por Nick Adams, los personajes de Ernest evidencian gran reticencia al cambio. Adultos negados a dejar la adolescencia. Cegados por el capricho de no aceptar que la vida es diferente a como la habían imaginado. Avestruces con la cabeza bajo la tierra. Van a pescar, de cacería a África, y de "cacería a la guerra."


Para Hemingway, la mujer es sinónimo de inferioridad y peligro. Los personajes femeninos se muestran capaces de entregar sus vidas para seguir al hombre. Ese sendero al infierno. Chicas idealizadas durante la juventud: bellas, sin opinión propia, sumisas. Inexistentes.


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No obstante, se puede destacar un diminuto grupo de personajes femeninos ubicados en las antípodas de los anteriores. Rígidas, impetuosas, fuertes y destructivas. Someten a los cobardes héroes masculinos. Nos recuerdan a la malvada Bette Davis; y a muchas otras.


En general, los cuentos de Ernest Hemingway denotaban mayor calidad estilística que las novelas. Y las novelas, mayor popularidad. Las obras más exitosas del escritor estadounidense fueron: Por quién doblan las campanas, basada en la Guerra Civil española; y El viejo y el mar, que relata la tenacidad de un modesto pescador. Mensaje tácito de determinación y superación personal ante lo que se presenta como imposible.


La muerte de Hemingway: ¿Suicidio?

Euforia y depresión. Diversos tratamientos, incluso terapia electroconvulsiva. Recuperación aparente. Más euforia y depresión. En medio de este ciclo hiriente, Hemingway logró acabar París era una fiesta. Único suceso luminoso en la renegrida ruta psicótica con destino a lo peor. Aunque le costaba conciliar el sueño, las mañanas constituían el rango temporal más tortuoso; donde peor se sentía. El 2 de julio de 1961, al clarear, se pegó un balazo con su escopeta.


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Según Herrera, su médico personal en Cuba, Ernest no se encontraba tan mal como los medios pregonaban; no coqueteaba con el suicidio. La razón era clara: cuestión política. El escritor había estrechado lazos de amistad con Fidel Castro; se acoplaba casi a la perfección al régimen comunista, blanco de la administración de Eisenhower. Hemingway articulado en la Cuba revolucionaria era una mediatización peligrosa para el gobierno norteamericano. Herrera se hallaba convencido de que grupos conservadores de la sociedad aristocrática y la mafia lo acribillaron por la espalda.


A pesar de los delirios persecutorios, propios del trastorno bipolar, la CIA y el FBI intervinieron en la organización del atentado. El cazador no se cazó. El cazador fue cazado.



(Informe: F.G. Labandal)