Gratitud eterna para estos jugadores, pero las exigencias recién comienzan en San Lorenzo

Siempre duele una eliminación en la Copa Libertadores, básicamente por lo inigualable que significa saborear la gloria. Al margen de lo que ocurrió en el otro partido, San Lorenzo tampoco pudo hacer su parte y cerró una pobre campaña a los tumbos. Merecido reconocimiento en la despedida a los campeones, pero ahora precisamos más compromiso que nunca para volver a festejar

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Después de haber tocado el cielo con las manos en la mágica jornada del 13 de agosto de 2014, inolvidable para cualquier simpatizante "azulgrana", ahora a San Lorenzo le tocó despedirse en la fase de grupos de una Copa Libertadores que lo tuvo siempre a los tumbos. Arrancando por un sorteo inusual, continuando por una victoria casi de casualidad en el debut, pasando por un partido de local a puertas cerradas con una derrota insólita, siguiendo por una caída en el descuento en el 'Morumbí' hasta llegar a resultados ajenos desafortunados y una noche decisiva en la que no salió nada de lo que estaba planeado.

Y aunque sabíamos que este desenlace era probable por la jerarquía de los rivales y porque en el fútbol de alto nivel no se admiten los mínimos errores, entregar la corona de campeón al sexto partido duele y hace mella en el corazón de la multitud sanlorencista. Una multitud que, igualmente, le reconoció a buena parte de este plantel su sacrificio y dedicación para regalarnos la alegría tan perseguida en 54 años, aun en una instancia donde la rabia cuesta disimular.

Torrico, Buffarini, Mas, Mercier, Ortigoza, "Tito", Romagnoli, Matos y el "Patón" Bauza son los principales responsables (junto a otros que ya no están en el equipo) de convertirnos en testigos presenciales de una consagración que varias generaciones anhelaron y no disfrutaron, y por esa razón son dueños de una gratitud eterna para el peso de sus apellidos. Pero bien saben ellos, y nosotros más que nadie, que estamos en San Lorenzo y las exigencias recién comienzan: prohibido el conformismo por saldar aquella deuda internacional y pensar que hasta ahí llegamos.

A partir de los protagonistas mencionados, San Lorenzo necesitará encarar una reconstrucción futbolística. Redoblar los esfuerzos, apelar a un compromiso supremo y defender la camiseta más que en ocasiones exitosas del pasado para aparecer otra vez en lo más alto. Porque luego de la Libertadores, pasamos el Mundial de Clubes, la Recopa y esta miserable participación. Dejamos escapar el tren de la seguidilla de títulos, pero carece de utilidad reparar en lamentos o en el qué hubiera pasado si tal o cual cosa. Ya está. Seriedad y responsabilidad. A barajar y dar de nuevo.

Será fundamental el respaldo de la dirigencia y la experiencia del entrenador para resurgir con rapidez y enfocarnos en objetivos cortos, pero ambiciosos. Decisiones y convencimiento. El campeonato local es extenso, pero habrá que sacar tajada de las distracciones coperas de Boca y River para apuntalar el nombre de San Lorenzo como un candidato a temer en la pelea. Tenemos plantel para lograrlo y un apoyo popular garantizado, como quedó de manifiesto en plena eliminación. Todos tirando para adelante, con el hambre renovado y para volver a la Libertadores.

Buscando la revancha para fusionarnos, ustedes y nosotros, en otro intenso abrazo de emoción.