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América Latina está conmovida por el sorpresivo arresto del alcalde de Caracas, capital y ciudad más importante del país. Antonio Ledezma fue literalmente secuestrado por agentes de inteligencia del chavismo el jueves 19 de febrero por la noche. La imputación formal presentada ante la justicia, y la orden de captura correspondiente, llegaron recién al día siguiente.

El gobierno de Nicolás Maduro lo acusó de "estar presuntamente incurso en hechos conspirativos para organizar y ejecutar actos violentos". La sola presunción bastó para apresarlo, un día después de que se cumpliera un año del encarcelamiento de Leopoldo López en circunstancias muy similares.

Esta nueva escalada en la persecución de los opositores más duros hizo que muchos políticos y analistas -venezolanos y de otros países- se animaran a afirmar que en el país ya no impera la democracia. La respuesta de los chavistas no se hizo esperar: ¿cómo puede ser no democrático un gobierno que ganó en elecciones limpias?

Venezuela es el ejemplo más exacerbado de una disputa por el significado de la democracia, que se extiende a lo largo de la región. ¿Cómo calificar a presidentes que llegan al poder gracias a contundentes triunfos electorales, pero que luego lo ejercen con principios que muchos consideran contrarios a los democráticos?


 Flickr Antonio Ledezma 163
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La (in)definición de la democracia

"La política se mueve en un continuo que va desde un extremo, que es la dictadura absoluta, hasta un sistema totalmente democrático. Pero no hay una acotación precisa, no sabemos cuál es la perversión más perfecta ni la mayor maravilla posible", explica Manuel Alcántara Sáez, doctor en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense de Madrid, consultado por Infobae.

"Dicho esto -continúa-, la teoría política sitúa el fiel de lo democrático en la realización de procesos electorales periódicos, libres, competitivos e iguales. Que haya garantía de que va a haber elecciones, que las distintas fórmulas tengan capacidad de expresar sus programas, que no haya alguien que parta con una ventaja o desventaja tremenda, y que los comicios estén basados en el voto igualitario de todos los individuos. Todo lo que no cumpla esto es no democrático".

No hay dudas sobre el grado cero de la democracia. Nadie califica de democrático un sistema sin elecciones libres. El acuerdo es casi unánime entre políticos, ciudadanos y analistas.

La pregunta que divide las aguas es si el sufragio es suficiente. Algunos sostienen que sí, y que cuanto más abultado sea el resultado de los comicios en favor de quien gobierna, mayor es su legitimidad democrática.

Pero otros cuestionan esta idea. ¿Cómo puede ser que sea suficiente una práctica que se realiza, a lo sumo, una vez cada dos años? ¿No importa lo que ocurre en el medio, cuando los vencedores de esas elecciones limpias gobiernan? ¿Hagan lo que hagan será democrático porque fueron elegidos por el pueblo?

"La democracia liberal se diferencia de la democracia electoral en el sentido de que no basta con alcanzar el poder a través de las elecciones, y que estas sean transparentes y legítimas. También deben asegurarse las libertades básicas en los períodos interelectorales, el Poder Ejecutivo debe estar restringido por otras instituciones, como los poderes Legislativo y Judicial, no tiene que haber prohibiciones para minorías y deben existir fuentes de información alternativas a las oficiales", dice Antonio Cardarello, investigador del Instituto de Ciencia Política de la Universidad de la República, Uruguay, en diálogo con Infobae.

 minci.gob.ve 163
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"Las libertades individuales deben ser protegidas eficazmente por una justicia independiente, cuyas decisiones sean ejecutadas y aceptadas por los otros poderes. Y el imperio de la ley debe proteger a los ciudadanos de una detención injustificada, del exilio, el terror, la tortura, o una intromisión indebida en la vida privada", agrega.

Juan Pablo Beca, profesor de Derecho de la Universidad Católica de Temuco, Chile, sostiene que es necesario diferenciar dos instancias para evaluar un gobierno: el origen y el ejercicio. Ambas tienen que ser legítimas para que la democracia sea completa.

"Tener un respaldo amplio para asumir el cargo da legitimidad de origen, pero el ejercicio también debe ser democrático. La democracia debe tener sus límites, que están dados por el respeto a los derechos humanos", dice a Infobae.

"Que sea el pueblo el que decida es el punto de partida, pero no por tener un apoyo soberano amplio se puede hacer cualquier cosa. La democracia no se puede confundir con la dictadura de las mayorías", agrega.

Para no caer en el callejón sin salida de las definiciones absolutas -esto es o no es democracia-, Sáez propone hablar de calidad democrática para marcar las profundas diferencias que existen entre regímenes que comparten el criterio elemental de ser elegidos por el voto popular.

"Hay dos componentes que hacen a la calidad. Uno es el funcionamiento del estado de derecho, que supone la división de poderes, una justicia independiente, garantías ciudadanas y la existencia de organismos de control, que la sociedad tenga capacidad de controlar y de criticar al poder político. El segundo componente es la ejecución de políticas públicas que respondan a las necesidades de la gente", explica el catedrático español.

"En América Latina -continúa- Uruguay, Costa Rica y Chile están en la cabeza. Y en la cola, lógicamente, está Cuba, aunque algunos dicen que ni siquiera pasa el umbral. Con baja calidad aparecen Venezuela, Ecuador, Nicaragua y Honduras".


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¿La democracia en Venezuela?

En Venezuela hay elecciones periódicamente, en las que cualquier ciudadano puede votar. Es cierto que la oposición denuncia severas irregularidades, como que el Gobierno cuenta con muchas ventajas para hacer campaña, y que además controla al ente encargado de regular los comicios.

Pero asumiendo que a pesar de eso las elecciones cumplen con los requisitos mínimos de legalidad, las mayores polémicas en torno a la legitimidad democrática del chavismo se centran en cómo ejerce el poder, no en cómo lo obtuvo.

No es fácil calificar a un país en el que el Ejecutivo controla directa o indirectamente la gran mayoría de los medios de comunicación, donde recibe autorizaciones especiales del Poder Legislativo para gobernar por decreto, y donde tiene un control tan profundo sobre la justicia como para encarcelar opositores sin demasiadas evidencias y nunca recibir un fallo en contra.

"Si me preguntan si Venezuela es una democracia, yo digo que sí, porque el presidente, el Congreso y los gobernadores han sido elegidos por procesos electorales medianamente aceptables. Venezuela no es Cuba y pasa ese umbral. Pero cuando vemos su rendimiento político y lo comparamos, por ejemplo, con el de Costa Rica, es evidente que las diferencias son brutales", dice Sáez.

"

Podríamos decir que Venezuela tiene una calidad democrática bajísima

. Si el estado de derecho no funciona en un sentido amplio, si no hay una clara división de poderes y el Ejecutivo controla los tribunales y las fiscalías, y si además tiene cierto control sobre los medios de comunicación, hay un problema muy serio. También lo hay en términos de eficiencia. Es verdad que desde principios de siglo ha realizado políticas sociales favorables a los sectores populares, pero

es tremenda la ineficacia en términos de inflación e inseguridad

", concluye.