Tomy Dunster: "No nos acostumbremos a que es normal vivir así porque no lo es"

Volvió de Estados Unidos donde hizo una exitosa carrera como actor y ahora se postula a intendente de Quilmes por el PRO. "Soy un ciudadano más, que me cansé de estar mirando televisión y decir "¡Mirá qué barbaridad esto!", contó a Infobae

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Tiene 45 años, está casado y es padre de dos hijas. Nació en Quilmes, ciudad que lo vio crecer y brillar desde muy joven como modelo y actor en Argentina, hasta que junto a su familia se instaló en Estados Unidos donde también hizo una gran carrera.

En pleno éxito laboral, el desarraigo y la distancia de sus afectos empezaron a pesarle demasiado. Entonces decidió volver y reinstalarse en su amada Quilmes. Pero ya nada fue igual: ni la ciudad con la que se encontró, ni sus ganas de estar de brazos cruzados esperando un cambio.

En una entrevista con Infobae, contó por qué decidió aceptar la propuesta de Mauricio Macri y cómo a diario recorre su ciudad, interiorizándose de las necesidades y los problemas de los quilmeños.

Volví hace tres años. Acá estuve haciendo televisión en programas como "Aliados", hice también teatro el año pasado, cosas relacionadas con lo artístico. Viví en Miami, Nueva York y los últimos ocho años en Los Ángeles. Tenía muchas ganas de volver y puntualmente a Quilmes, porque el desarraigo que uno tiene cuando está en el exterior tiene que ver con extrañar a tu familia, a tus amigos, al lugar donde naciste. Mi necesidad era volver a Argentina pero, en especial, a Quilmes.

Cuando fuimos a Estados Unidos mi hija más grande, que hoy tiene 18, tenía 5. Hace 6 años, allá nació mi segunda hija. Uno de los motivos por el cual también decidimos volver fue por esa cultura familiar que tenemos en Argentina, que si bien existe en todos lados acá es distinta. Nosotros tenemos una unión con nuestros seres queridos de compartir momentos íntimos tan lindos, como las fiestas, los cumpleaños, el crecimiento de tus sobrinos... gente que viene a la familia, gente que se va y sufrir esas cosas también es duro cuando estás lejos. Estoy feliz de haber vuelto y nunca perdí el contacto con lo que sucedía en Argentina.

Muy distinta. Lo que más te hace falta cuando estás tan lejos de tu casa son los afectos, que son lo más importante. Pero de todas maneras tengo que ser honesto y decirte que el día a día es complicado en una ciudad como Quilmes. Igual, esto es un fenómeno a nivel nacional.

Me dio mucha tristeza ver cómo está mi ciudad. No digo que no se ha hecho nada. Se hicieron cosas pero creo que se pueden hacer muchas más. A mí personalmente no me gusta cómo la veo y creo que somos la gran mayoría de los quilmeños que pensamos y sentimos de la misma manera.

Las cosas que me preocupan coinciden con las cosas que le preocupan a la gran mayoría de los vecinos. Yo no vengo de la política y mi preocupación pasa por saber cuáles son las necesidades y preocupaciones de la gente como yo, de un ciudadano común, viva en el sector que viva de Quilmes.

En líneas generales, la gran preocupación de todos y número uno hoy es la inseguridad y, después, hay otros tantos temas que preocupan a los quilmeños como la salud, la educación, las inundaciones... Son muchos temas y considero que hay que tomar un orden de prioridad. Por eso, es tan valioso escuchar a la gente, porque ellos mismos te transmiten lo que necesitan y la gran mayoría coincide en estos temas que estoy diciendo: número uno la inseguridad.

Ese es un gran tema. Más allá de la Ribera, que siempre se inunda, hay otros sectores donde a la gente el agua le entra a la casa. Acá no hay que inventar nada, hay que ponerse a trabajar. Tratar de absorber todo este trabajo que se ha hecho en la ciudad de Buenos Aires en estos siete años, copiar esos modelos y adaptarlos a la ciudad donde uno vive. Traer a los ingenieros hidráulicos que han hecho una obras maravillosas en zonas de Capital que ya no se inundan y ver qué trabajo se puede hacer en Quilmes.

Hoy a la mañana me junté con Guillermo Montenegro, el ministro de Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires. Me preocupa muchísimo ese tema. Fuimos con todo mi equipo y tomamos nota. Tenemos planeado seguir teniendo reuniones. También estamos trabajando con la "Fundación Pensar", para tomar los temas más importantes y juntos hacer un trabajo muy serio.

Me encanta ver que la gente que no vive en Quilmes se preocupa realmente por querer ayudarte y por querer ayudar a la gente, porque en definitiva el objetivo número uno es vivir mejor.

A Mauricio me lo crucé en 2002 o 2003, no recuerdo con exactitud. Me contó que estaba en campaña, iniciando su carrera política. Lo recuerdo porque es algo que me quedó grabado. En ese momento yo no pensaba para nada involucrarme porque estaba trabajando como actor en Estados Unidos, pero sí me quedó esa imagen de alegría, de esperanza, de esos ojitos que le brillaban y que me lo decía con ganas de involucrarse y ayudar a la gente.

Cuando empecé a tener reuniones con Mauricio el año pasado, me transmitía que la satisfacción más grande era volverse a encontrar a ese vecino con el cual alguna vez había hablado o le había transmitido sus necesidades y que el problema se había solucionado. Y, esa gratitud que le transmitía el vecino, era su mayor satisfacción. Eso está buenísimo.

Por suerte, encontré un espacio donde los valores son esos, porque en definitiva todos queremos vivir mejor. Me parece que la política es una herramienta para ayudar a que la gente viva mejor.

Yo no vengo de la política pero soy un ciudadano más que me cansé de estar en mi casa mirando la televisión y diciendo "¡Mirá qué barbaridad esto!": si yo vi en otros lugares del mundo donde se hacen las cosas bien, ¿por qué no las podemos hacer acá, con el talento y la creatividad que tenemos los argentinos?. Se pueden hacer, se puede tener un cambio, se puede vivir mejor. No es normal vivir así, no nos acostumbremos a que es normal vivir así porque no lo es.

Esta propuesta surgió por un acercamiento de Mauricio. Estuvimos hablando y yo le transmití mis felicitaciones por toda la gestión que hizo en estos últimos siete años. Me agradeció, me sugirió que hiciera el tour "Ver para creer" -que es abierto y que puede ir cualquiera- para que pudiera ver por dentro las obras que se hicieron. Así, se puede asistir a los distintos lugares en una visita guiada, donde te explican qué es lo que se hizo: desde una urbanización en Villa Soldati hasta el teatro Colón. Desde el Centro de Monitoreo hasta la Escuela de Policía de la Metropolitana, y así sucesivamente.

Empecé a hacer ese tour y a ver el trabajo tan profesional que se había hecho y dije: "Así me gusta trabajar, así me gusta ver cómo se hacen las cosas". Que las cosas se hagan y que la gente no se la pase hablando y prometiendo cosas que después no se hacen. Me encanta que hablen poco y hagan mucho y que trabajen en equipo, porque es la única manera.

Si el día de mañana a mí me toca gestionar en Quilmes, yo solito no voy ni a la esquina: necesito un equipo de profesionales al lado mío que me estén ayudando, guiando, que pensemos y que trabajemos todos juntos. Esa es la única manera de sacar esto adelante, trabajando en equipo y con honestidad.

Y así fue. Me entusiasmé, me tomé mi tiempo para pensarlo, para hablarlo con mi familia y, sumado a que no quiero estar más en mi casa con los brazos cruzados viendo las cosas que suceden, decidí dar ese paso como un ciudadano más. Y me parece que todos deberíamos tener esa actitud, si realmente queremos cambiar las cosas.

Comparándolo con mi trabajo anterior, esto me exige muchas más horas (risas) Tengo menos horas y menos tiempo para compartir con mi familia y con mis hijas. Soy muy familiero pero estoy sacrificando un poco esa parte, para que el día de mañana mi hija de 6 años no me diga como me dijo la de 18: "Me quiero volver a Los Angeles, porque me gusta más y me siento más segura". Quiero que el día de mañana mi hija de 6 años elija quedarse. Y, si tiene que viajar, que lo haga porque es un mundo muy globalizado pero que no tenga que elegir irse.

Mi campaña ahora es hablar con los vecinos. Hace tres semanas visité a unos chicos que tienen una heladería en Quilmes, en Humberto Primo y Mitre. Muy jóvenes y trabajadores, una pareja con un hijo muy chiquito, hartos de que les roben, ya no saben qué hacer. Los ladrones pasan con la moto robando los negocios y la policía parada ahí diciendo "no podemos hacer nada" o que el patrullero no tiene nafta. ¡Cualquier cosa! Y me decían que ellos estaban pensando seriamente en irse.

Me tocó, porque me pasó en mi núcleo familiar con mi hija más grande, y me afectó mucho. Me tuve que quedar en silencio un par de minutos porque me emocioné demasiado y me dio mucha tristeza. Tenemos que poder elegir nuestro lugar, si lo amamos.

Preferiría no hablar de la gestión de nadie, cada uno tiene su opinión. Lo que sí me gustaría decirle al presidente que nos toque, que quiero una persona con una cabeza actual, abierta, con sentimientos que sean bien legítimos, que no genere esta cosa de pelearse y de si estás allá o acá.

Para mi forma de ver la vida -que me ha tocado vivir en distintos lugares en el mundo y conocer distintas culturas- la confrontación no te lleva a ningún lado... nunca. Es como cuando tomas una decisión en caliente: siempre vas a meter la gamba hasta acá. Las cosas hay que pensarlas.

A mi me gustaría que haya diálogo, que la gente se anime a participar, que estemos todos en el mismo barco, gane quien gane. Gane Mauricio o quien gane. Tenemos que tirar todos para el mismo lado, no podemos estar tan divididos. Eso es algo que vi en los últimos años acá en Argentina y me parece feo. Ese fanatismo por un lado y por el otro: ¡si estamos todos viviendo en el mismo lugar! Es el mismo barco, es el de todos. Al que gana, hay que apoyarlo. Trabajemos en equipo, en conjunto. Hay gente muy capaz acá.

Me gusta un líder que sea abierto, que sepa formar equipos, que junte profesionales para sacar esto adelante: eso es lo que necesitamos. No sé si es un consejo o qué, es lo que me sale de adentro y lo que quiero transmitir.

Hay que reconocer que hay cosas que se hicieron bien, que están buenas y hay que continuarlas y mejorarlas, porque siempre se puede mejorar. Esa es la manera de construir un país para mi gusto y mi forma de ver. No hay que deshacer todo el trabajo que se hizo durante muchos años, te guste o no: hay que corregir las cosas que están mal, hay que hacer las que no se hicieron pero, las que estuvieron bien, hay que continuarlas y mejorarlas.