"Para describir la historia, hay que abandonar el término 'moderno'", afirma categórico el filósofo francés y profesor del prestigioso Instituto de Estudios Políticos de París, Bruno Latour. Invitado por la Fundación OSDE para exponer sobre su clásico ensayo Nunca fuimos modernos, escrito hace 30 años, recibió a Infobae.
-¿A qué se refiere cuando dice que nunca fuimos modernos?
Me refiero a una propuesta antropológica que fuera concebida hace unos 30 años a partir de trabajos sobre las ciencias que dice que "moderno" es un adjetivo que define una proyección en el tiempo, es decir, una separación entre el pasado y el futuro, una alienación de todas las transformaciones en un solo eje o frontera que va a avanzando y que representa el desempeño de la historia pero no corresponde a la historia en sí. "Moderno" es un término revolucionario, como emancipación, que define una visión sobre la historia, pero no la describe. Para describirla hay que abandonar el término "moderno", porque la historia es mucho más compleja. Si uno quiere describir una situación cualquiera, el término de modernización no ayuda.
-¿En qué se basa esa distinción que usted hace entre premodernos, modernos y posmodernos?
Es idea habitual, pero no es útil ni histórica, ni filosófica ni antropológicamente. Por esa razón, mi propuesta es que nos olvidemos de la palabra "moderno" y cambiemos el tema de conversación.
"Hay que hablar de ecologizar en lugar de modernizar"
-¿Qué términos propone entonces para describir la historia?
Propongo varios. Uno, que no estoy seguro de que sea lo suficientemente bueno, es "no moderno", que tipifica la situación contemporánea. Cada uno, cada país, hace una suerte de amalgama distinta sobre la política o la economía. Pero hay dos términos que son útiles. Uno es "ecologizar" en lugar de "modernizar" porque define la relación con la crisis ecológica, dado que al "modernizar" no se contemplaba lo que sucedía con los suelos, el medio ambiente, mientras que "ecologizar" obliga a redefinir el papel de la tierra. Y el otro es "composicionismo", que es más bien un término antropológico que permite comparar los colectivos o sociedades.
-Usted contrapone los términos de "ecologizar" y "modernizar", ¿identifica esta propuesta con los nuevos partidos ecologistas que se han institucionalizado en algunos países?
La preocupación medioambiental pasó a ser importante a partir de la crisis ecológica. El problema de estos movimientos es que no tienen las herramientas de renovación de las políticas. En los últimos años, se ha profundizado la preocupación por las cuestiones ecológicas, pero no la difusión de los partidos verdes, que son minoritarios porque no lograron hacer una redefinición de lo colectivo. Se basan en temas y son localistas. El término "ecologizar" es similar a lo que fue la "cuestión social" en el siglo XIX.
-¿Puede servir para explicar la actualidad de América Latina, donde distintos movimientos de izquierda, como es el caso de Alianza País en Ecuador o del Movimiento al Socialismo en Bolivia, han llegado al poder con un discurso que criticaba las condiciones de modernización impuestas a la región y con una propuesta de cuidado de la naturaleza, pero en los hechos sus economías continuaron basadas en la extracción?
El hecho de que los movimientos vengan a traicionar sus programas es muy habitual en la historia. La ecología sirve para todo, incluso para hacer lo contrario a lo que uno propone. Pero no tengo mayores conocimientos sobre los movimientos en América Latina.
-En su ensayo, es muy crítico de los movimientos de izquierdas europeos, en especial, tras la caída del Muro de Berlín...
Tiene que ver con las ideas de izquierda que estaban relacionadas con un frente de modernización, en las que se pueden detectar a los progresistas de los reaccionarios de manera bastante sencilla. En ese sentido, hay efectivamente un vínculo muy estrecho entre el pensamiento de izquierda, su fracaso y la idea de modernización. Pero también hay que hablar del fracaso del pensamiento de las derechas.
-¿Entonces fracasaron izquierda y derecha?
El mundo está cambiando y la gente se sigue quedando en las categorías básicas. La extrema derecha piensa que hay que volver a una antigua identidad, a pesar de que hay elementos que han desaparecido por completo. Y la izquierda sigue blandiendo la idea de emancipación. El efecto de desorientación es generalizado. No hubo un fracaso de la izquierda y una victoria de la derecha; la palabra global no toma en cuenta esta distinción. Actualmente, las ideologías de los partidos se mueven a toda velocidad de un punto a otro.
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