"Alá es grande, Alá es grande, vamos a la yihad", cantan los fanáticos del Raja Athletic Club. No se trata de un equipo sirio o iraquí, ni siquiera turco. Son marroquíes, juegan como locales en Casablanca y en la previa del encuentro que disputaron el 29 de septiembre dedicaron parte de su aliento a los sanguinarios yihadistas que asolan Medio Oriente cortando cabezas, ejecutando a opositores y crucificando a quienes no acepten unirse a su islamismo extremo.
Quienes manejan la comunicación del Estado Islámico (ISIS por sus siglas en inglés) deben haber sonreído y estarán ahora mismo evaluando si podrán utilizar este material en sus futuros videos de propaganda. Sin embargo, se encontrarán con una duda que los hinchas que alardean apoyándolos no parecen tener en cuenta: al extremismo islámico no le gusta el fútbol.
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Pero los "occidentales" de ISIS seguramente estarán tentados de incluir esta demostración de apoyo. También podrían hacer referencia a la enorme bandera que desplegaron en la tribuna del Etoile du Sahel, que juega en el estadio de Sousa, al sur de Túnez. Fue el último 6 de abril, el mismo día en que uno de sus hinchas, Maher Magmagui, fue homenajeado. Acababa de morir en Siria, luchando en las filas de ISIS.
Según refleja el blog Orilla Sur, del diario español El Mundo, Magmagui era compositor de las canciones del equipo y formaba parte de las Brigadas Rojas, algo así como un "barrabrava", el más "ultra" del Etoile.
La devoción por él no solamente incluyó a los fanáticos que oficiaban de laderos. Tras marcar un gol, el jugador Baghdad Njayah volvió a rendirle pleitesía, tal como habían hecho en la previa del encuentro. En ese momento, mostraron pancartas con la imagen de Magmagui.
No es casualidad que Túnez sea el país que más yihadistas ha aportado a ISIS. Según un informe de la CNN, han sido más de tres mil. Marruecos es el tercero con 1.500.
Tras aquel incidente del estadio Sousa, la aparición de banderas negras en los estadios tunecinos se ha convertido en un hecho habitual -algo así como las banderas con la cara del "Che" Guevara en Italia-, un fenómeno que para algunos se trata de una simple reacción a la fama mundial que ha ganado ISIS, mientras que para otros es "inaceptable" y debe ser desterrada.
Lo curioso es que esos mismos hinchas, si vivieran en un país donde gobernara la Sharia, se quedarían sin fútbol. En el credo extremista que propaga Abu Bakr al Baghdadi, similar a lo que sucedía con los talibanes en Afganistán, practicarlo es "haram". Es decir, es pecado. Y no querrán perder la cabeza en el intento.
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