Por qué parece imposible aspirar a un mundo sin guerras

A pesar de que el discurso pacifista y el rechazo a la violencia están más extendidos que nunca en la historia, los conflictos bélicos no paran de repetirse

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"Antes de la Primera Guerra Mundial (1914 - 1918), las naciones saldaban sus diferencias a través de la guerra, que estaba totalmente aceptada. El soberano tenía entre sus principales funciones la potestad de declararla o de buscar la paz. Pero en 1918 se prohibió y, desde entonces, dejó de considerarse un recurso legítimo. Sin embargo, eso no la ha limitado", dice a Infobae la filósofa mexicana Teresa Santiago Oropeza, investigadora del Departamento de Filosofía de la Universidad Autónoma Metropolitana-Unidad Iztapalapa.

Si bien se modificó profundamente la manera de entenderla y de llevarla a cabo, la guerra continúa teniendo un lugar preponderante en la resolución de conflictos en el sistema mundial. Ni siquiera los inéditos horrores ocurridos durante la Segunda Guerra Mundial, ni el avance sin precedentes de los movimientos pacifistas, pueden evitar que muchos países sigan apelando a las armas para resolver sus conflictos.


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Tropas estadounidenses desembarca en la costa de Francia después de que las fuerzas aliadas tomaran por asalto las playas de Normandía AFP 163

El conflicto, inherente a la sociedad

"La guerra es una forma de conflicto y el conflicto jamás va a poder ser erradicado de la historia, porque forma parte de la naturaleza humana y de la formación de las sociedades. Es ingenuo pensar que las cosas conseguidas hasta ahora, como la construcción de nuestras instituciones políticas, son un producto de la armonía. En realidad son el resultado de conflictos", explica Santiago

"El problema es contenerlo, buscarle una salida racional. Pero muchas veces no lo conseguimos y en parte es porque la guerra tiene muchas ventajas para ciertos países, como las potencias militares, económicas y geopolíticas", agrega.

No se puede comprender la persistencia de la guerra a lo largo de la historia, a pesar de las profundas transformaciones sociales ocurridas, si no se acepta que el conflicto forma de la sociedad de manera inexorable. La introducción del ser humano en la cultura supone limitar y corregir sus comportamientos naturales, lo que de por sí es violento y genera un malestar que nunca se puede erradicar del todo, y que muchas veces termina estallando.

Se trata de un elemento compartido por todas las sociedades, desde las más simples y pequeñas, a las más complejas.

"Al parecer, el estudio de las sociedades y de las guerras muestra que en realidad no hemos cambiado tanto como aparentemente se cree. El hombre fuerte sigue imponiendo su voluntad al débil, aunque la justificación haya mutado. Ya no reposa en la divinidad, o en la naturaleza, sino que se basa en el desarrollo tecnológico o económico, entre otras cosas", explica Yesid Echeverry Enciso, sociólogo y abogado colombiano, profesor de la Universidad Icesi, en diálogo con Infobae.

Por eso no es extraño que el discurso pacifista genere ciertas contradicciones con algunas inclinaciones inconscientes. "En cualquier momento -dice Santiago- se le puede preguntar a la gente en la calle si está a favor de la paz, y probablemente la mayoría responda que sí, que es muy importante. Pero basta que se detonen algunas cuestiones que tienen que ver con la seguridad, o con la nacionalidad o con ciertos derechos, para que, de repente, justifiquen una guerra por considerar que la causa es justa".


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¿Hay guerras justas e injustas?

"Si uno se fija en muchas declaraciones de los jefes de gobierno aparece esta idea de que, aunque sean pacifistas, no queda más remedio que declarar la guerra cuando la causa es justa", dice Santiago

El problema de esta doctrina de la "guerra justa" es que cada bando cree que la suya es una causa noble y que la de su oponente no lo es, y por tanto, no merece ningún tipo de consideración. El conflicto entre israelíes y palestinos muestra muy claramente esa lógica de espejo en la que ninguno le reconoce derechos a su contraparte.

"Como el derecho internacional prohíbe la guerra, es necesario apelar a la moral para justificarla, o a la libertad, la democracia y otras nociones que tienen un valor que está por encima de cualquier otra cosa", agrega. Ese tipo de argumentación puede terminar avalando posturas mucho más extremas que motivos más pragmáticos.

Por otro lado, en las últimas décadas creció otro tipo de apelación, cuya justificación tiene parecidos con la idea de la "guerra justa", pero es diferente: la "guerra humanitaria".

"Se trata de hacer la guerra para detener violaciones sistemáticas a los derechos humanos. Es lo que hace unos meses estaba en discusión en Siria porque había un convencimiento de que se estaban usando armas químicas para diezmar a la población civil, lo cual era cierto. Entonces se planteaba la necesidad de intervenir para detener esa situación tan terrible", explica la filósofa.

Pero para Echeverry Enciso, la apelación a los derechos humanos en realidad es una excusa para satisfacer otro tipo de objetivos. "Son usados de manera ilegítima para disfrazar intereses económicos, políticos o religiosos, sirven para que algunos países se escuden en sus pretensiones imperialistas e intervenir militar y políticamente en sociedades menos poderosas".

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En busca de la utopía de la "paz perpetua"

Cuando se plantean alternativas a las armas para la resolución de diferencias entre los países, en lo primero que se piensa es en la diplomacia. Es un canal institucionalizado de negociación que, entre otras cosas, está para resolver los conflictos sin llegar al enfrentamiento.

"¿Por qué a la diplomacia le cuesta tanto trabajo evitar la guerra? Porque en el propio trabajo diplomático se cruzan muchísimos intereses -dice Santiago. No es un ámbito puro y limpio. La diplomacia trabaja con muy pocas posibilidades de vencer esos fuertes intereses económicos y políticos".

"¿Que se podría hacer? La respuesta puede ser medio desconsoladora, pero creo que la ONU es hasta ahora, con muchísimas limitaciones, lo mejor que tenemos. Y más importante que crear nuevas instituciones es apostar a una sociedad civil global, con el ayuda de las nuevas tecnologías, haciendo posible que las personas se organicen y que a través de distintos mecanismos pongan un freno a que los gobiernos", agrega.

Parece imposible pensar la resolución de conflictos por vía pacífica sin acudir a la negociación. Sólo ella reconoce que ambas partes tienen intereses encontrados y que es necesario llegar a un punto intermedio para solucionar las diferencias.

"La fuerza de los derechos humanos y su expansión, la creación de tribunales internacionales, nos acerca más a la resolución de conflictos a través de mecanismos no violentos, o mejor dicho, resueltos por vías menos agresivas y legitimadas en el consenso o acuerdo internacional. Yo soy un convencido de la teoría comunicativa como forma adecuada de conocer e interpretar al otro, de acercamiento y comprensión de las pretensiones y diferencias", dice Echeverry Enciso.

"Por esa razón, apuesto al diálogo como forma de solventar diferendos nacionales o internacionales. Pero no soy tan ingenuo para desconocer que el lenguaje también es un medio de dominación, solo que por esta vía nos alejamos de las grandes matanzas, mas no de la miseria a que son sometidos pueblos enteros", agrega.

"

plantea como un fin poder llegar a la paz perpetua

, como un punto al que nos podemos acercar, quizás no completamente, pero cada vez más.

Ese debería ser nuestro deber

. Aunque sepamos que el conflicto no puede ser erradicado,

podemos trabajar para evitar la guerra en lo posible

", concluye Santiago.