Las despiadadas confesiones sexuales de Marlon Brando

Una nueva biografía cuenta lo que el actor pensaba de sus amantes más famosas y por qué rechazó a Sophia Loren y Liz Taylor

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Además de ser un artista descomunal, Marlon Brando fue durante muchos años el mayor símbolo sexual masculino de los Estados Unidos. Nacido en 1924 en Omaha, Nebraska, desde que protagonizó Un tranvía llamado deseo en 1951, se convirtió en el más grande actor del país por los siguientes 20 años.

Murió a los 80 años el 1 de julio de 2004. Cuando se cumpla una década del fallecimiento, saldrá a la venta Brando's Smile (La sonrisa de Brando), una nueva biografía, escrita por Susan L. Mizruchi.

En un adelanto que ofreció a la prensa, la profesora de la Universidad de Boston contó algunos detalles desconocidos de la agitada vida sexual del artista.

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Brando mantuvo relaciones con algunas de las mujeres más codiciadas del mundo. Desde actrices como Marilyn Monroe, Marlene Dietrich y Grace Kelly, hasta la ex primera dama Jackie Kennedy, viuda de John F. Kennedy.

Pero lo que más llama la atención no es con quiénes se acostó, sino a las que rechazó. Según cuenta Mizruchi, cuando tuvo la posibilidad de pasar una noche con la deseada actriz italiana Sophia Loren, la descartó porque "su aliento era peor que el de un dinosaurio".

También pudo haber estado con Elizabeth Taylor, uno de los mayores símbolos sexuales de Hollywood. Pero no quiso, porque "su trasero era demasiado chico".

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Lo que no se perdió Brando fue la posibilidad de acostarse con otros hombres. Según confesó en 1976, tuvo "varias experiencias homosexuales". Y en ese rubro también mostró su predilección por los colegas. Cary Grant, Rock Hudson, James Dean y Laurence Olivier son algunos de los que pasaron por su cama.

No es que fuera gay, sino que tenía un apetito sexual descontrolado, que lo llevaba a probar todo tipo de experiencias. Estar con cuatro o cinco mujeres al mismo tiempo se había vuelto algo común en determinado momento de su vida.

Según él mismo contó en su autobiografía, ese desenfreno surgió como consecuencia de su primera gran decepción amorosa. Cuando tenía cuatro años, estaba profundamente enamorado de su niñera. Dormían juntos, ambos desnudos, y él la deseaba secretamente.

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Pero un día ella se casó y se fue de la casa. "Desde ese momento, me volví extraño al resto del mundo. Pasé la mayor parte de mi vida tratando de encontrarla", confesó.

Mizruchi describe su relación con el sexo como una adicción. "Le quitaba gran parte de su tiempo. Él quería desesperadamente dar placer a las mujeres, despertar su pasión".

Sólo se casó con tres, y ninguna de ellas era famosa. Anna Kashfi, Movita Castaneda y Tarita Teriipaia fueron sus esposas. Pero con ninguna duró demasiado.

"Quería ser amado y deseado por las mujeres. Pero terminaba rompiendo sus corazones, porque no podía ser fiel", agrega.

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Fue otra adicción la que le dificultó seguir satisfaciendo su inagotable apetito sexual: la comida. A medida que crecía, iba engordando con una sorprendente facilidad.

Al principio, su cuerpo le permitía comer salvajemente en los períodos en los que no trabajaba, y adelgazar hasta 20 kilos con dietas extremas antes de comenzar el rodaje de una nueva película. Pero cuando pasó los 40 años, esto fue insostenible y ya no pudo bajar el peso que subía.

"No hubo dieta que no probara", contó en su autobiografía. Llegó a intentar con la hipnosis. Pero no hubo caso.

En su peor momento llegó a pesar 117 kilos

. Si bien cuando notaba que su obesidad dificultaba su vida sexual lograba reunir la fuerza para adelgazar un poco,

terminó muriendo solo, deprimido y con una figura muy deteriorada

.