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La mexicana María Ibarra esconde en su bolsillo una pequeña pistola calibre 25 mm. Apenas sabe usarla, pero esta ama de casa no se desprende de ella desde que, hace un año, se unió a las autodefensas para combatir al cártel que mató a su hijo.


"No la he usado aún, pero estoy preparada para disparar", asegura a la AFP esta robusta mujer morena de 37 años mientras vigila la entrada a la comunidad de Buenavista Tomatlán, que en febrero de 2013 fue una de las primeras de la región de Michoacán en crear su grupo de autodefensa y alzarse en armas contra los abusos del cártel Los Caballeros Templarios.


"No la he usado aún, pero estoy preparada para disparar"

Orgullosa de ser una de las primeras en incorporarse a este movimiento, María recuerda con rabia cómo los narcotraficantes extorsionaban, secuestraban y violaban a mujeres y niñas del pueblo, pero aún no halla fuerzas para explicar el asesinato de su hijo de 18 años. "Esas personas hicieron mucho daño a nuestros chavos (jóvenes)", alcanza a decir con la voz entrecortada.


Mientras vigila los coches que pasan por la carretera, María explica que otra de sus labores en la autodefensa es asegurarse de que nunca falte comida al grupo y, cuando hay enfrentamientos, le ha tocado también salir corriendo al hospital para llevar a compañeros heridos.


Su historia es como la de decenas de mujeres que, bajo la sombra de los mediáticos y aguerridos líderes de un movimiento eminentemente masculino, apoyan a las autodefensas encargándose de alimentar y proveer de ropa a los milicianos y también fungiendo de enfermeras.


Un puñado de ellas también han tomado las armas, como la llamada "Comandante Bonita", una gerente de una tienda de moda que ha acompañado a los hombres en alguna de las numerosas tomas de pueblos que han realizado las milicias para expulsar de Michoacán a Los Caballeros Templarios.


Una nueva generación de "adelitas"

Entre las mujeres autodefensas hay quienes se sienten herederas de las llamadas "adelitas" de la Revolución Mexicana, que estalló en 1910.


Fotografías en blanco y negro inmortalizaron la leyenda de estas consortes de batallas subiéndose a los trenes para acompañar a los líderes revolucionarios Emiliano Zapata y Francisco "Pancho" Villa.


Aunque no visten falda ni llevan sombrero, las integrantes de las autodefensas apoyan a los hombres como lo hicieron un siglo atrás mujeres como Adela Pérez Velarde, quien sirvió como enfermera de las tropas e inspiró la popular tonada "La Adelita".


"Somos una nueva generación de 'adelitas', es lo mismo, es la herencia que traemos", expresa con orgullo Juana Francisca Reyes, una miliciana de 47 años del municipio de Tepalcatepec que ha firmado el pacto ofrecido por el Gobierno para que las autodefensas se incorporen a un cuerpo legal de seguridad.


Para esta ex funcionaria municipal, el hombre suele actuar por instinto, mientras que a las mujeres les "mueve la situación sentimental, de protección, un sexto sentido que hace tener más resultados".


Convivencia entre hombres

A pesar de estar rodeadas sólo de hombres en muchas ocasiones, las chicas aseguran que no se apabullan y se sienten parte del grupo, aunque en algunos casos la línea del "compadreo" es muy delgada.


"A veces me siento un poco acosada, pero está bien, no faltan al respeto. Tanto hombre... imagínate, ven a una mujer y empiezan nada más a dar carrilla (molestar con bromas)", cuenta Belinda Naranjo, una bonita joven de 27 años a quien apodan "Reina" y que ha estado en varias tomas de municipios.


Harta de los malos tratos de su ex marido, a quien identifica como miembro de Los Caballeros Templarios, y de las extorsiones y amenazas del cártel a su familia, "Reina" entró al movimiento hace cinco meses junto a su hermano, un mecánico que era obligado a reparar los lujosos carros de los narcotraficantes.


"Hace falta la ayuda de mujeres porque, a veces, no damos abasto con la comida, a atenderlos. Pero muchas piensan que estando aquí una tiene que estar con ellos, por ejemplo, íntimamente. Pero no, solamente la que quiera", sentencia esta miliciana de larga cabellera rubia y grandes gafas de sol.


Aun así, no todas las muchachas que conviven con los milicianos en las barricadas o en sus refugios están con su causa.


La novia de un integrante de las autodefensas conocido como "El Pelos", de 18 años, pasa tardes enteras en el mercado limonero donde se concentran los comunitarios a las puertas del municipio de Apatzingán, y sin dejar de hacerle cariños a su chico dice: "Esto no sirve para nada. Si estoy aquí es nada más por él, porque aquí duerme, y como no va para la casa, pues vengo yo".