Hace cuatro años, el entonces candidato independiente Marco Enríquez-Ominami dio la sorpresa en la elección presidencial de Chile al alcanzar el 20 por ciento del electorado, pero hoy le cuesta llegar al 10 por ciento de apoyo.
Enríquez-Ominami es el líder de la única fuerza política nacida en la historia reciente de la democracia chilena, el Partido Progresista, que en las municipales del año pasado logró siete alcaldías, entre ellas la de la ciudad fronteriza de Arica.
Enríquez-Ominami irrumpió en 2009 en el hermético panorama político chileno con un discurso renovador que lo convirtió en la revelación de la campaña electoral. En aquel momento, logró reunir las 36.000 firmas necesarias para inscribir su candidatura, ya que debió renunciar al Partido Socialista porque éste apoyaba a Eduardo Frei.
Con apenas 36 años, consiguió entonces romper la lógica de la política en Chile, cimentada sobre el binomio izquierda-derecha, y se situó tercero en la primera vuelta, por detrás de Sebastián Piñera y del ex presidente Frei.
Enríquez-Ominami nació el 12 de junio de 1973 en Concepción. Es hijo de Miguel Enríquez, fundador y secretario general del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), y de Manuela Gumucio, hija del senador y fundador de la Democracia Cristiana, Rafael Gumucio.
Tras el asesinato de su padre, a manos de los represores de la dictadura militar, su madre se exilió en Francia, donde se unió al hoy ex senador y ex ministro de Economía Carlos Ominami, un histórico dirigente socialista de quien Marco tomó su apellido para agregarlo al de su padre biológico: "Junté el nombre de quien me dio la vida con el de quien me la salvó".
Casado con la periodista y presentadora de televisión Karen Doggenweiler, que siempre ha jugado un papel muy activo en su campaña política, hasta hace cinco años Marco Enríquez-Ominami era más conocido como cineasta que como diputado.
Con una imagen juvenil y aire desenfadado, Enríquez-Ominami se apropió del discurso del cambio y poco a poco fue ganándose el apoyo de los sectores desencantados con los partidos tradicionales y de los jóvenes que se mostraban reacios a votar.
Hace cuatro años, Enríquez-Ominami irrumpió como un outsider de la política chilena; ahora los ciudadanos lo conocen, pero su base electoral está concentrada en el norte del país, los jóvenes y los sectores más cultos y acomodados. Por eso, romper los límites sigue siendo su principal objetivo.
Bautizado como el
por su actitud crítica con la Concertación y autor de más de 180 iniciativas legislativas en tres años, esta semana embistió contra la favorita Michelle Bachelet:
, disparó. Y agregó en diálogo con la agencia de noticias
: "Mi combate no es Bachelet, sino pasar a segunda vuelta derrotando a Evelyn Mathhei, que está dividida con otro candidato, que es Franco Parisi".
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