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Cuando los discípulos de Sócrates le preguntaron por qué ayunaba, dijo: "Porque así descubro todas las cosas que no necesito". La abstinencia de alimentos es una práctica universal, anterior incluso al cristianismo. Y la socrática es una de las motivaciones o sentidos que la Iglesia misma le da a esta práctica.

El hombre es una unidad de materia y espíritu, por lo tanto, no puede haber conversión del corazón sin conversión del cuerpo. El que ayuna, se coloca en situación de fragilidad, de dependencia, de carencia; el ayuno le recuerda al creyente que todo lo que es lo recibe de Dios, que sólo Dios basta y que puede desprenderse de todos los lazos de dependencia con los que la actual sociedad consumista va cercando al hombre.

El cardenal Gianfranco Ravasi presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, lo explicó así al Corriere della Sera: "El ayuno es uno de los grandes arquetipos universales. No se trata sólo de abstenerse de alimento, no es una dieta. Ayunar expresa un elemento simbólico a través del componente fundamental con el cual comunicamos: el cuerpo". Con el cuerpo, el ayunante transmite, privándose, que es capaz de trascendencia.  

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Tradicionalmente, el ayuno cristiano es a pan y agua. Pero también puede consistir en saltearse una comida o tener una de gran frugalidad.

El ayuno cristiano se inspira en el del propio Jesús que, luego de ser bautizado y antes de iniciar su misión y prédica, ayunó varios días en el desierto. El desierto, dicen los expertos, es a su vez una metáfora del ayuno, un sitio donde se carece hasta de lo más elemental y se queda en estado de supervivencia. Ayunar como lo hizo Jesús es un modo de estar en comunión con Él.

Más allá de la privación de alimentos, el ayuno tiene también una dimensión mental: hay que alejarse, abstenerse, de toda forma de superficialidad, de toda distracción mundana. Por eso suele ir acompañado de silencio, para que ninguna charla inútil aleje al ayunante de la concentración en lo trascendente, en los motivos de su abstinencia, y de oración.

Hay que hacer lugar en el alma y en la mente para Dios o, si se tratara de no creyentes, para lo trascendental, lo elevado, los fines que se persigue.

Para el creyente, el ayuno es una forma de abrir el corazón a Dios pero también al prójimo. Si el ayuno lleva al encierro en sí mismo, no tiene sentido. El ayuno debe por el contrario ir acompañado de una actitud de apertura hacia el prójimo, de caridad. El sitio tousenpriere.com (todos en oración) subraya el aspecto comunitario con una cita del profeta Joel: "¡Suenen trompas en Sion! ¡Prescriban un ayuno, publiquen una solemnidad, reúnan al pueblo, convoquen a la comunidad!"

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También el ayuno musulmán, el del Ramadán, tiene una dimensión colectiva. Los fieles se reúnen durante ese período y muchos emigrados vuelven por ejemplo a sus países de origen para ayunar con los suyos.

En otro orden, la función de autocastigo o de penitencia, que muchos atribuyen al ayuno, no es la que la Iglesia católica quiere hoy subrayar. El ayuno puede consistir incluso en abstenerse de actividades recreativas habituales para tener más tiempo para la vida espiritual o para actividades caritativas.

 

Armas espirituales y ecuménicas

En la vigilia convocada por Francisco una de las actividades centrales será el rezo del Rosario. "La Iglesia le reconoció siempre a esta oración una eficacia particular en las causas más difíciles. En momentos en que la cristiandad misma estaba amenazada, fue a la fuerza de esta oración que se atribuyó el alejamiento del peligro, y la Virgen del Rosario fue saludada como propiciatoria de la salvación", escribió Juan Pablo II en su carta apostólica "El Rosario y la Virgen María".

Y, el 7 de octubre de 2012, Benedicto XVI decía: "Quiero proponer una valorización del Rosario durante el año de la Fe; invito a los fieles a rezar el Rosario individualmente, en familia o en comunidad y a ponerse así en la escuela de María que nos conduce a Cristo, corazón de nuestra fe".

En su reunión con los embajadores acreditados ante la Santa Sede, el canciller vaticano Monseñor Dominique Mamberti puso especial énfasis en subrayar "la importancia que el Papa atribuye al momento específico de oración, al momento espiritual".

 EFE 162
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Más allá de la convicción de muchos creyentes acerca del poder de la oración, esto se vincula también con la cuestión de la fuerza que pueda tener el ayuno como forma de expresión y protesta.

Sobre esto, el cardenal Ravasi dijo: "El ayuno colectivo de millones de personas tiene también un significado político, en el sentido elevado de la palabra. Quizá los políticos decidan de otra forma, pero no podrán ignorar el deseo coral de paz que se expresa en el mundo".

Para un cristiano –agregó- se trata además de ponerse "a tono" con la historia que, con frecuencia, "exige esta sobriedad, esta vigilancia, el estar atentos a los signos de los tiempos, especialmente en momentos como éstos, en los que parece que Dios está ausente y que los hombres han enloquecido".

"Es grande la fuerza de un ejército que en su mano tiene, no una espada, sino un Rosario", dijo Pío IX.

Ayuno y oración son dos elementos que unen a prácticamente todas las religiones. Pero también hay que decir que la privación de alimentos es un "arma" que, a lo largo de la historia han usado creyentes y no creyentes como medio de expresión y lucha, bajo la forma de la huelga de hambre.

"Tengo mis oraciones laicas a las que estoy muy apegada", dijo por ejemplo la ministra de Relaciones Exteriores de Italia, Emma Bonino, para fundamentar su adhesión a la convocatoria de Francisco. Como ella, muchos otros agnósticos se unirán al ruego por la paz y posiblemente también al ayuno que, como herramienta de lucha, une a ateos y creyentes.

 

Instrucciones a los fieles

"La invitación del Papa Francisco a una jornada de oración y de ayuno por la paz en Siria y en todas las naciones afectadas por el drama de la guerra debe ser atendida con gran seriedad y compromiso por todos nosotros", dice un mensaje enviado por monseñor Vincenzo Paglia, presidente del Consejo Pontificio para la Familia.

El texto contiene instrucciones para quienes deseen participar de esta vigilia desde sus casas. "Queridos padres –escribe Paglia-, no tengan miedo de proponer a sus hijos una comida austera y mínima; será motivo para explicarles lo que está sucediendo en el mundo y cómo estos hechos terribles no nos pueden dejar indiferentes. Junto a la dureza de la crónica, no olviden comunicarles la esperanza de la paz ofrecida por Cristo Resucitado (...). No olviden invitar a los abuelos y ancianos a esta comida, hecha con poco alimento y muchas palabras; si alguno de ellos ha experimentado momentos de guerra, puede contar lo que significa vivir bajo las bombas y en la incertidumbre del mañana y cómo rezaban en esos días".

 AP 162
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Un comentario que recuerda las sentidas palabras de un octogenario Juan Pablo II en vísperas de la guerra de Irak de 2003 que con tanto empeño quiso evitar. "Pertenezco a esa generación que vivió la Segunda Guerra Mundial y sobrevivió –señalaba en ese entonces el Papa polaco. Tengo el deber de decir a todos los jóvenes, a los que son más jóvenes que yo, que no tuvieron esta experiencia, '¡nunca más la guerra!', como dijo Paulo VI en su primera visita a las Naciones Unidas. ¡Debemos hacer todo lo posible! Sabemos bien que no es posible la paz a cualquier precio. Pero todos sabemos cuán grande es esta responsabilidad. ¡Entonces oración y penitencia!"

Monseñor Paglia tuvo también palabras para las nuevas generaciones: "Ustedes, muchachos y jóvenes, no se quejen si el sábado no hay mucha comida en la mesa, sino den gracias a sus padres por lo que les ofrecen, pídanles explicaciones y motivos por los que vale la pena seguir viviendo en esta tierra marcada con demasiada frecuencia por luchas y violencia".

En cuanto a las formas, la mayor flexibilidad: "Un salmo, una página evangélica, un misterio del Rosario, oraciones espontáneas en voz alta, un simple canto; cada familia elija el modo que mejor le parezca para interceder" por la paz.

"¡Juntos, en la mesa, para rezar! Por las familias de Siria, por los niños que mueren cada día por odio y por hambre, por los gobernantes llamados a encontrar soluciones de paz y no violentas", fue su exhortación final.