La Princesa que cautivó a la Reina Beatriz y a los Países Bajos

Desde que la vio, su Alteza sabía que Máxima no sólo era la mujer perfecta para su hijo sino también para Holanda. Visitá el especial

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 Reuters 162
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La futura Reina de Holanda no tardó en ganarse el corazón de su suegra Beatriz y luego el del pueblo holandés. Cuando William Alexander la llamó para avisarle que su madre quería conocerla, la criolla se sintió tan nerviosa como bendecida. Por fin, el gran día había llegado. Tenía clarísimo que de la reina dependía su futuro. Sí bien, William le había jurado que ella sería su esposa fuera o dentro de la Familia Real, si Beatriz no la aprobaba como novia de su hijo, la relación corría peligro.

El encuentro fue en Italia. Según Soledad Ferrari, la coautora de Reina Máxima, Una historia real, los miedos de la plebeya comenzaron a desaparecer en Villa Tavernelle, la mansión que tiene la Reina Beatriz en la Toscana.

La rubia argentina no tardó en advertir que su suegra estaba fascinada con ella. Máxima tenía el don de la empatía y actuó tal como esperaba la reina.

Mientras sus padres dormían una siesta, William le confesó que todo estaba saliendo perfecto y que desde hacía mucho tiempo que no veía reír a su madre. La enfermedad de su padre, el Príncipe Claus, tenía sumida a los Orange en un gran dolor. Fue allí, en esa primera reunión donde Máxima y Beatriz se convirtieron en grandes compinches.

Beatriz le enseñó a jugar al bridge y la introdujo en su círculo de amigas. También la contenía cada vez que sentía que Máxima extrañaba su vida de plebeya, su anonimato y sobre todo a su familia. Sabía del esfuerzo que implicaba para Máxima su nueva vida. "Es como una hija", asegura Beatriz sin pudor.

Desde el comienzo, Máxima le demostró lealtad y un gran compañerismo. Máxima es quien más se preocupa por Beatriz desde que su hijo, el Príncipe Friso, quedó en coma como consecuencia de un accidente que tuvo en febrero de 2012 en Lech, Austria.

La más popular

Desde su llegada a la vida del Príncipe, Máxima se convirtió en la persona más querida de Holanda. Gracias a ella, los medios holandeses comenzaron a creer que los años de rebeldía habían llegado a su fin para el "Príncipe Bee", como lo llamaban a William por su gusto a la cerveza.

La argentina parecía tener el suficiente carácter para enderezarlo y revertir una imagen poco favorable para un futuro rey. William comenzó a consultarle todo. Desde con quién le convenía a Holanda relacionarse comercialmente hasta cómo elaborar sus discursos.

Su simpatía y su habilidad para moverse siempre al borde del protocolo, lograron que los holandeses la aceptaran como su futura reina. La primer prueba fue tras el anuncio en cadena nacional de que se convertiría en la esposa de William Alexander.

Al finalizar la emisión televisiva, como si se tratara de una estrella, una multitud esperaba puertas afuera a Máxima para darle su apoyo.

La aspirante a princesa había superado las expectativas de la reina y de sus asesores. Máxima ya era un fenómeno indiscutido.

Tras la boda, su imagen positiva aumentó pero, indudablemente, terminó por conquistar a sus súbditos cuando quedó embarazada de su primera hija, Catharina Amalia, la próxima heredera al trono.