El debate visto desde la sala de control de CNN

Guardar
 Reuters 163
Reuters 163

Quien haya visto por CNN el debate vicepresidencial del jueves tuvo mucho que absorber.

Primero, las pantallas divididas: una para el vicepresidente Joseph R. Biden Jr. y la otra para el representante Paul D. Ryan. Por debajo había dos barras con dos líneas serpenteantes que medían lo que pensaban los hombres (representados en verde) y las mujeres (en amarillo) de lo que estuvieran diciendo los candidatos en cualquier momento dado.

A la derecha había dos relojes que llevaban la cuenta del tiempo que había hablado cada candidato. Hacia el final de la noche, probablemente sin que fuera sorpresa para nadie, Biden tuvo una ligera ventaja, con 41 minutos y 32 segundos sobre los 40 minutos y 12 segundos de Ryan.

También había un lugar para la pregunta del moderador y un recuadro pequeño para el hashtag de la televisora en Twitter.

¿Cuánto puede manejar el espectador antes de ser estimulado en exceso?

"Mucho", respondió Sam Feist, jefe de la oficina de la CNN en Washington, que manejó la producción del debate desde la sala de control A de la televisora. "El espectador puede elegir dónde fijar la vista. Recuerde, todo el día tenemos un reloj ahí, el índice Dow y la marquesina noticiosa".

Luego, echando un vistazo a uno de los muchos monitores, señaló a Biden y a Ryan. "¿Ve? No hay nada que estemos ocultando. Hasta se les ve la corbata".

CNN siempre ha tratado de ofrecer una cobertura política que pueda asombrar la vista del espectador más harto de cable. Recuerden los hologramas que presentó en 2008, que permitían a Wolf Blitzer entrevistar desde su estudio en Washington, mientras se proyectaba una imagen tridimensional de su invitado.

No hubo hologramas el jueves en la noche, pero sí acción suficiente para tener ocupada a media docena de equipos.

Además del personal que normalmente está disponible para cualquier evento informativo de gran envergadura -un director, varios productores, un equipo gráfico- había tanta gente trabajando en la producción que la sala de control más grande de la oficina no pudo contenerla.

Repartidos en otros pisos, había cronometradores -uno para medir cuánto tiempo tomaba la respuesta y otro para verificarlo- y redactores que transcribían las preguntas de la moderadora y las condensaban en frases breves que cupieran en la pantalla.

Más allá del pasillo, en el estudio de CNN, remodelado recientemente a un costo de varios millones de dólares, estaban pendientes expertos como David Gergen, Mary Matalin, Paul Begala y Alex Castellanos, observando y anotando sus ideas para el análisis después del debate.

En la otra esquina del estudio estaba Blitzer, con su concentración inquebrantable mientras escuchaba por el audífono a Biden y a Ryan.

Si el debate de la semana pasada entre el presidente Barack Obama y Mitt Romney no produjo precisamente ningún momento espectacular, idóneo para la televisión, Feist parecía satisfecho de que el enfrentamiento vicepresidencial le estuviera dando mejor material. Las respuestas, dijo, sonaban menos a discursos de campaña. Y la moderadora, Martha Raddatz, de ABC, los tuvo bien controlados.

"Fue algo más parecido a una conversación", consideró. "Preguntas cortas, respuestas cortas, hacen que la cosa sea mucho mejor".