Tratan de "burro" a Gabriel García Márquez

Un libro del fallecido escritor cubano Reinaldo Arenas critica duramente a los intelectuales que encubren los crímenes del castrismo. Señala al Premio Nobel colombiano y también al argentino Julio Cortázar 

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Reinaldo Arenas se quitó la vida en Nueva York en 1990. Su vida fue llevada al cine (Antes que anochezca) con Javier Bardem en el rol principal.

Ahora se acaba de reeditar en España su obra, Necesidad de libertad, en la cual, además de describir la represión que padecían colegas suyos como José Lezama Lima, Arenas criticaba duramente a los autores que ponían su celebridad al servicio de la dictadura de los Castro.

"Por primera vez soy un hombre libre, por lo tanto, por primera vez, existo", escribió. "Mi vida hasta ahora ha transcurrido entre dos dictaduras; primero la de Batista; luego la dictadura comunista. Precisamente por estar por primera vez en un país libre puedo hablar..."

Arenas nació en Holguín en 1943. Se exilió en los Estados Unidos tras dejar su Cuba natal donde el régimen lo consideraba un "peligro social", etiqueta que le había costado dos años de prisión. Su salida se produjo durante el éxodo de El Mariel, en 1980, cuando miles de cubanos se refugiaron en embajadas occidentales y fueron finalmente autorizados a dejar la isla. (Ver más sobre su vida en El último grito de Reinaldo Arenas).

Necesidad de libertad combina varios géneros -ensayo, poesía, epístola- pero el resultado final es una requisitoria no sólo contra los esbirros del gobierno y contra Fidel Castro, sino también contra la complicidad de algunos intelectuales -Gabriel García Márquez, el primero- y la indiferencia de otros tantos.

Arenas denunció allí que a Lezama Lima se lo dejó morir en un hospital sin la merecida antención; que Jorge Valls y Armando Valladares murieron en prisión y otros se suicidaron como Marta Vignier. "Los demás -decía- pasamos al campo del cinismo, del silencio o de la cobardía", y se ponía a sí mismo como ejemplo, al confesar que en las celdas de la Seguridad Nacional había firmado "cuánto papel se me puso ante los ojos".

El principal cargo que les hace Arenas a sus colegas procastristas es que viven "libres y fuera de la isla". Es decir, defienden un régimen que no conocen realmente.

O, peor aún, conocen y por eso no se someten a él, lo que no les impide ser hipócritas propagandistas de sus supuestas virtudes. García Márquez es, sin lugar a dudas, el paradigma de esta posición, con su pluma siempre lista para explicar, justificar y exonerar a su amigo personal Fidel Castro. Es por ello que Arenas, jugando con las palabras, se pregunta si el best seller colombiano  "esbirro o es burro".

Un ejemplo claro de la actitud de García Márauez hacia Cuba se produjo cuando en el año 2000 un niño de 7 años -Elián González- sobrevivió al hundimiento de la balsa en la cual su madre y otros cubanos desesperados intentaban huir del régimen lanzándose al mar. El pequeño fue rescatado por la guardia costera estadounidense y de inmediato se desató una batalla legal por su tenencia, ya que el padre permanecía en Cuba. Más allá de que sin dudas correspondía devolver al niño a su progenitor, el escritor colombiano se dedicó en esos días a escribir una nueva "novela": la de que la madre de Elián González era una pobre mujer que fue engañada con malas artes para subir a aquella balsa; es decir, buscó despolitizar el gesto de quien ya no estaba allí para poder defenderse.

El libro de Arenas es un ajuste de cuentas con el pasado del escritor en Cuba y con quienes fueron y son responsables de represión y tortura a los disidentes, pero también con sus voceros a través del mundo. "Veíamos a escritores verdaderamente libres haciendo también el juego a aquella infamia", recuerda el autor de la Orden de rompimiento de amistad dirigida al poeta y propagandista castrista Nicolás Guillén, en la cual podía leerse: "De acuerdo, con el balance de liquidación de amistad que cada fin de año realizó -balance que se rige por rigurosas constataciones- le comunico que usted ha engrosado la lista del mismo. Por lo tanto, desde el momento en que expido este documento queda usted desvinculado, en forma definitiva, de todos mis afectos".

Bajo sus críticas caen también el argentino Julio Cortázar -ya fallecido- y el nicaragüense Ernesto Cardenal, último ganador del premio Reina Sofía de poesía. Al primero lo describe como "ejemplo del cinismo mayor, (...) convertido al castrismo desde los lujosos hoteles cubanos que el capitalismo había construido y con residencia y estatus en París". Al segundo lo trata de "tan mediocre e hipócrita como su supuesta doctrina religiosa, que ni siquiera practica". A ambos, agrega, "el cinismo se les convertía en cuantiosas recompensas (...) De esa manera llegó Cortázar, a best-seller, Cardenal, a ministro..."

En cuanto al Nobel colombiano, a quien dedicó todo un capítulo, titulado justamente "Gabriel García Márquez, ¿esbirro o es burro?", lo incrimina por su "apología del totalitarismo comunista que convierte a los intelectuales en gendarmes y a los gendarmes en criminales". Y le señala algunas contradicciones: "Me pregunto si no es extremadamente cínico que García Márquez, quien hace incesantes apologías a la revolución cubana y a su desarrollo cultural y humano, viva, sin embargo, en París y México, tenga un hijo estudiando en la Universidad de Harvard, y otro aprende a tocar el violín en Francia. ¿No invalida esta actitud real la retórica poscastrista del acaudalado señor que la emite?..."

El libro está dedicado a los miles de cubanos que se asilaron en la embajada de Perú en La Habana en 1980, "que a riesgo de sus vidas (hicieron) posible el éxodo de Mariel... la existencia de este libro" y la del propio autor. Contiene sentencias judiciales, cartas irónicas y la crónica de su viaje de huida de Cuba en bote desde Mariel (en la provincia cubana de Artemisa) hacia Nueva York.

También incluye una carta que Reinaldo Arenas envió a Alexandra Reccio, una diputada del Partido Comunista Italiano, que lo había criticado por hablar mal de Cuba. Allí la acusa de no haber querido ver ni las prisiones, ni la represión, ni las largas colas que deben hacer los cubanos para conseguir lo mínimo, "ni por qué a Virgilio Piñeiro no se le publicaba ni una cuartilla, ni por qué a Lezama Lima se le censuró su obra en los últimos años...estando en Cuba no vio usted a Cuba ni preguntó por ella...", le dice.

El libro de Arenas fue publicado inicialmente en Miami. Ahora la editorial Point de Lunettes lanza la obra en España. En Latinoamérica sólo podrá conseguirse en Internet.

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